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LaNave: comprar nostalgia es posible en Santa Úrsula

Tres socios gestionan un espacio que vende utensilios de todo tipo que evocan al pasado: cámaras de foto analógicas, muebles variopintos, equipos de sonido, fotos antiguas, joyas o videojuegos

LaNave, rastro en Santa Úrsula de artículos vintage

Arturo Jiménez

La nostalgia se compra. Es un hecho posible gracias a LaNave, un espacio lleno de artículos vintage y antigüedades de todo tipo que abrió sus puertas en Santa Úrsula hace ocho años. Muebles variopintos, cámaras de foto analógicas, equipos de sonido, postales, fotos antiguas, artículos relacionados con los videojuegos, máquinas de escribir, elementos de decoración, ropa, zapatos, utensilios de laboratorio, joyas... Todo lo que se pueda imaginar está en LaNave gracias a la cuidada selección y el filtrado que realizan los tres socios propietarios: Abel Estévez de León, Jorge Sosa Campos y Eric L’Hostis.

Trío de coleccionistas

El trío de coleccionistas viene de la venta ambulante. Se establecieron de manera fija para dar la posibilidad de ofrecer más calidad y de que la gente encuentre la nostalgia: un vinilo inalcanzable en el momento de su lanzamiento, aquel juguete que nunca se pudo tener en la infancia, alquilar atrezo para cualquier montaje artístico, el sonido con el que se inicia la consola preferida de la adolescencia, proyectar diapositivas en formatos desaparecidos como el súper ocho o tener una Polaroid que funcione y una máquina de escribir Remington, entre muchas cosas.

Todos los puestos ocupados

La idea de LaNave surgió en la vieja carpintería donde restauraban la mercancía que llevaban de un sitio para otro. Los vendedores depositan sus productos en el puesto de venta con que cuentan en el centro y que gestionan los tres socios. "Ahora estamos llenos", dice Sosa Campos. En caso de quedar algún sitio vacío, cualquier persona puede ofrecer sus objetos a los empresarios y ellos se encargan de venderlos. Además, compran elementos sueltos, pero "tenemos parcelas especializadas y también funcionamos como consigna", explicando que cabe la posibilidad de dejar algo allí por un tiempo determinado. De algún modo, recorrer LaNave se parece a caminar por los pasillos de alguna gran superficie comercial.

Sosa Campos lo define como una especie de coworking: "Así funcionamos mucho mejor. Nos mantenemos y tenemos una oferta más amplia y variada. No echamos de menos para nada la venta ambulante", afirma.

La clientela de LaNave la forman desde turistas hasta quienes que acuden varias veces al mes. "También tenemos gente joven" interesada en lo vintage. Abren de miércoles a sábado, pero los segundos domingos de cada mes hacen ‘El desembalaje’. Es una ocasión perfecta para encontrar nuevos artículos que exponen y venden en el exterior del local a modo de mercadillo. "Ahí atraemos a otro tipo de clientes. Vienen hasta de otras islas. Este domingo 8 tenemos ‘El desembalaje’ de marzo, de 11:00 a 14:00 horas", anuncia y aclara que "aprovechamos para sacar novedades y oportunidades y aplicamos descuentos", enfatiza.

Un proyector para diapositivas súper ocho

Jorge Sosa trabajó en una casa de subastas en Ámsterdam (Holanda). Su experiencia y la de sus socios les brinda el filtro necesario para escoger y generar alegrías a los clientes. Es el caso de un señor de Gran Canaria que tenía muchas diapositivas en formato súper ocho. "El proyector que tenía para visionar esas imágenes se le estropeó. Nos localizó y nos preguntó si teníamos alguno que funcionara aún", cuenta. Afortunadamente, LaNave tenía varios proyectores para ese formato. "Le devolvimos la posibilidad de volver a ver unas imágenes que para él eran muy importantes. Vino desde Gran Canaria a recogerlo y se fue muy contento", celebra. Recuerda que los ocho años de trayectoria del establecimiento de Santa Úrsula están plagados de anécdotas.

Refugio para la nostalgia

Esta iniciativa empresarial es un refugio para los nostálgicos, pero también para los que quieren estar a la última. Lo antiguo está de moda. Incluso, algunos hacen el esfuerzo de reparar máquinas que ya no funcionan. "Nosotros no hacemos apaños aquí, pero sí que tenemos varios contactos que pueden arreglar cualquier reproductor de música antiguo, un televisor o un vídeo VHS, por ejemplo", confiesa. En cada una de las etiquetas de este tipo de productos a la venta en LaNave se especifica el precio y si funciona o no.

El vendedor presencial

Ahora mismo, el único puesto que cuenta con vendedor de forma presencial es ‘Nostalgia eterna’. En un pequeño rincón de LaNave, Eduardo Palancares vende videojuegos, consolas y otros artículos relacionados con la tecnología que ya está demodé. Se trasladó al local de Santa Úrsula hace poco desde su ubicación anterior, en Santa Cruz de Tenerife, y ahora tiene la labor de hacer saber a su clientela habitual su mudanza. Para los socios de LaNave, que ‘Nostalgia eterna’ esté en sus instalaciones "nos da otro valor. Son otro tipo de artículos que la gente busca", argumentan los socios.

Coleccionismo de videojuegos en alza

El propietario de este rincón gestiona artículos de los años 90 del siglo pasado y principios de los 2000. "En general el coleccionismo de videojuegos está en auge y hay mucha gente que está a la búsqueda de algunos concretos", confirma. Siente que su nueva ubicación le brinda una gran oportunidad, "porque estoy rodeado de cosas muy interesantes y comparto el público que viene en busca de cámaras o artículos de ese tipo", razona.

Ebay en físico

Palancares compara a LaNave con una plataforma de compra y venta de artículos por internet. "Esto es como eBay, pero en físico", define. El joven tiene claro que "por mucho que compres un juego de la Play Station 2, lo que viviste entonces no va a volver, pero compras ciertos recuerdos", estima. Es el momento en el que la nostalgia le invade y retorna a esos años: "El sonido y la música de inicio de la Play dos a mí me pone los pelos de punta. Me recuerda cuando jugaba con mi padre y mi hermano. Me da mucho sentimiento", dice.

LaNave vende nostalgia y la gente la compra para evocar un pasado que, seguramente, fue mucho mejor.

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