¿Qué hay detrás del servicio de Logopedia del Hospital Universitario de Canarias?
Con un amplio despliegue en distintas áreas, este equipo es el ejemplo perfecto del potencial que tiene esta profesión tan desconocida

Una logopeda del Hospital Universitario de Canarias trabaja con bebé del área de Neonatología. / El Día
La logopedia no se resume en enseñar a pronunciar la letra r. Tampoco se centra exclusivamente en la etapa infantil. Y, ni por asomo, se reduce a un grupo minoritario de personas con dificultades en el habla. Es cierto que abarca todos estos puntos, pero su ámbito de actuación va más allá. Hoy, con motivo del Día Mundial de la Logopedia, el servicio del Hospital Universitario de Canarias (HUC) se presenta como un ejemplo perfecto del potencial de esta profesión.
Este equipo, compuesto por nueve profesionales, rompe con todos los mitos que rodean a esta profesión tan desconocida –hasta ahora–. Con un amplio despliegue, estos sanitarios de «hablar y tragar», como describe de broma y cariñosamente una de ellas, intervienen en distintas áreas. Desde Neonatología y Atención Temprana –con los más pequeños– hasta Neurología, entre otras, donde también tratan a personas durante la etapa adulta. Quizás, la cara más conocida de esta profesión es la que se muestra con los menores. Pero en realidad, su papel trasciende más allá del lenguaje infantil.
La logopedia va desde la hospitalización hasta las consultas externas. «Intervenimos en funciones esenciales como tragar, respirar y comunicarse, acompañando a los pacientes desde la UCI neonatal hasta la edad adulta», cuenta María Eulalia Díaz– o Lali, como todos la conocen–, logopeda de la unidad de Voz del HUC. Y es que estos profesionales actúan antes incluso de que los pequeños desarrollen el habla.
Neonatología
Por ejemplo, en la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatología, el trabajo del logopeda se centra en atender a aquellos bebés, prematuros o no, que tienen dificultades para coordinar succión, deglución y respiración. «Son bebés que tienen problemas con el frenillo, por ejemplo, y no pueden agarrarse bien al pecho o al biberón para comer», indica Carolina González, la supervisora del Servicio de Rehabilitación del HUC –compuesto por Logopedia, Fisioterapia y Terapia Ocupacional–. En este tipo de casos, una intervención temprana resulta clave para garantizar una alimentación segura. Además, contribuye al correcto desarrollo del bebé.
Cuando los niños son más mayores, estos profesionales también desempeñan una labor esencial. En la unidad de Atención Temprana del HUC, se encargan de atender a menores de seis años con trastornos del desarrollo o en riesgo de padecerlos. «Trabajamos habilidades comunicativas, interacción social y el lenguaje», indica Díaz . Aunque lo más curioso de esta área es, quizás, la participación de las familias durante el tratamiento, ya que son agentes activos en el entorno de los menores y deben intervenir en el proceso.
Unidad de Neurorehabilitación
Otro de sus espacios más llamativos es la unidad de Neurorehabilitación, donde profesionales de la fisioterapia, la terapia ocupacional y, por su puesto, la logopedia, conviven laboralmente en un mismo espacio con el objetivo de agilizar las respuestas para los pacientes. «Es la única en España de este tipo», subraya González. Aquí se encargan de intervenir en complejidades como las afasias, por ejemplo. «Muchas personas desarrollan esta dificultad , como consecuencia de un ictus, y pierden la capacidad de comunicarse, aunque comprendan lo que se les dice», señala Díaz. En este contexto, la intervención precoz permite estimular las áreas preservadas del cerebro y favorecer la reorganización funcional, recuperando así la autonomía. «En muchos casos, trabajamos también la deglución para asegurar que puedan comer y beber con seguridad», cuenta Díaz. Y agrega que para ella, esos momentos resumen el sentido de su profesión.
Al margen de la hospitalización, el trabajo de la logopedia continúa. En consultas externas se encargan de abordar disfonías y enfermedades como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), además de realizar valoraciones. «En estos pacientes, nuestro trabajo se centra en preservar funciones básicas como la respiración, la deglución y la comunicación durante el mayor tiempo posible», señala. De hecho, una de las integrantes del área de logopedia del HUC trabaja exclusivamente en el Centro de Atención Especializada (CAE) de La Orotava.
Unidad de Voz
Pero la joya de la corona es para la unidad de Voz del hospital. Este servicio, certificado por la Organización Internacional de Normalización (ISO) –que garantiza protocolos estandarizados, mejora continua y atención centrada en el paciente–, se encarga del tratamiento de disfonías orgánicas y funcionales, que no es otra cosa que alteraciones en la voz como ronquera o la pérdida de tono. Suelen acudir personas con la voz afectada, como consecuencia de nódulos, pólipos o parálisis de las cuerdas vocales.
Aunque la unidad no está compuesta exclusivamente por logopedas. De hecho, se trata de una unidad multidisciplinar que trabaja en coordinación con el servicio de Otorrinolaringología. «Con pruebas como la estroboscopia, por ejemplo, podemos ofrecer diagnósticos precisos y tratamientos personalizados que en muchos casos logran evitar las cirugías», detalla Díaz.
Feminización y masculinización de la voz
Otro aspecto llamativo de esta unidad es el tratamiento de la puberfonía, un trastorno vocal donde adolescentes y adultos jóvenes mantienen una voz aguda o infantil tras la pubertad. «En esos casos, nos encargamos de analizar la voz y trabajar técnicas físicas para remediar la situación», comenta la logopeda. Este mismo tratamiento sirve, también, para la feminización o masculinización de la voz de personas transgénero. «Al final, la voz es identidad y cuando nosotros intervenimos logramos que el tono, la resonancia y el patrón comunicativo se vuelvan coherentes con la identidad de cada persona», explica.
En cualquier caso, la labor de los logopedas va más allá de la etapa infantil, de su habitual confusión con los maestros de dicción y lenguaje y de ser una solución rápida para problemas del habla. Se trata de una profesión esencial que devuelve seguridad y autonomía a sus pacientes y que además, no recibe el reconocimiento que se merece.
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