Entrevista | Florencia Fernandes Premio Agrojoven del Cabildo de Tenerife a la mejor iniciativa empresarial
Florencia Fernandes: "Intento inculcar a mis hijos la pasión por el trabajo en el campo"
Florencia Fernandes (Argentina 1987) es junto a su marido, Irian, el alma de 'Setas La Bruja', el proyecto de hongos cultivados en una antigua extracción de jable que obtuvo el primer premio del concurso insular.

Florencia Fernández, de Setas La Bruja, galardonada con el Premio Agrojoven del Cabildo de Tenerife a la mejor iniciativa empresarial en el ámbito agrícola de la isla / María Pisaca
La joven agricultora Florencia Fernandes Nicoletti es el rostro visible de 'Setas La Bruja', el proyecto ganador del Premio Agrojoven del Cabildo de la Isla en la categoría de Iniciativa Empresarial
Es usted una joven agricultora. ¿Dónde nace ese interés por el campo?
Nací en Argentina y mis padres emigraron a España cuando yo tenía nueve años. Me crié aquí y en mi juventud me dediqué a estudiar Educación Infantil. Nada relacionado con la agricultura, pero conocí a mi marido, hace veinte años nos casamos y siempre tuvimos la ilusión de darle una segunda vida a esta cueva de jable que era de mi suegro. Buscando qué se podía plantar aquí dentro, surgió el tema de las setas. Hicimos las primeras pruebas hace diez u once años en el adosado donde vivíamos en Llano del Camello (San Miguel de Abona).
¿Cómo ha recibido el premio Agrojoven?
Estamos muy contentos, porque hemos trabajado mucho por este proyecto y le tenemos puesto mucha pasión. Aparte de lo económico, supone un reconocimiento a nuestra labor y al amor que le dedicamos y toda la confianza que tenemos en él. Supone el reconocimiento de una institución tan grande como el Cabildo, que con nosotros ha tenido siempre un trato exquisito y nos ha ayudado mucho. Lloramos de alegría cuando nos llamaron para comunicarnos que habíamos ganado el premio. Hablo en plural porque el premio está a mi nombre, pero el proyecto es cosa de dos. Me refiero a mi marido, Irian Salazar Armas. Esto es de ambos y para nuestros hijos, Mateo, de 11 años, y Lía, de 8.
¿En qué consiste el proyecto premiado?
Se basa en el cultivo de hongos comestibles (setas) cultivadas en una antigua extracción de jable en Charco del Pino (Granadilla de Abona). El producto ofertado y cultivado es la seta ostra (Pleurotus Ostreatus), la más comercializada y cuyo crecimiento de demanda en los últimos años ha sido significativo. El objetivo se centra en la oferta de un producto kilómetro cero, recién cosechado y puesto en los mercados de la zona para el consumo de un producto de primera calidad. El proceso de producción se realiza en una antigua extracción de jable con más de cien años de antigüedad y de unos 500 metros cuadrados. Se divide en cuatro fases: producción de sacos productores, incubación de esos sacos, fructificación, y recolección y venta directa. La localización y las condiciones climatológicas del interior de la cueva son muy estables y aptas para el cultivo. En la parte exterior de la cueva dispone de unas instalaciones de 75 metros cuadrados divididas en tres áreas destinadas a la elaboración de los sacos productores, a la conservación y corte de las setas recolectadas y a la investigación y pruebas de laboratorio. Este todavía podemos decir que está en construcción.
¿De dónde surge el nombre de ‘La Bruja’?
Es cosa mía, porque me encanta el mundo de las brujas, de las hadas y de los duendes. Antiguamente se llamaban brujas porque curaban con hongos y con plantas, de lo que ofrece la naturaleza. Las setas están muy relacionadas con eso y creo que es un producto de futuro que va a curar a muchísima gente, aunque todo esté en estudio. Además, son las principales recicladoras del planeta y muy buenas en medicina, porque nos curan de muchísimas cosas aunque, lamentablemente, no esté tan extendido el conocimiento de los hongos en la medicina. No es La Bruja por mala, sino por todo lo contrario, por curandera. En todo caso, una bruja verde, como digo siempre.
¿Por qué las setas?
Por la climatología de la cueva, o sea, el ecosistema de humedad, frescura, penumbra y oxígeno ideales. Todo el mundo nos decía que hiciéramos una bodega, una quesería o un guachinche, pero optamos por las setas. De manera natural y sin tecnología ni prácticamente maquinaria podíamos tener un cultivo en el lugar perfecto. No es que nos gustaran las setas, sino que fue la búsqueda de un proyecto diferente a lo que había en Canarias relacionado con estas instalaciones. La empresa está a mi nombre hace ya casi dos años, pero mi marido empezó uno antes.
Su finca en Charco del Pino es parte de la tradicional cultura del jable del sur de Tenerife.
La cueva estaba hecha, pero el bisabuelo de mi marido tapó la entrada e hizo huertas de papas, que era lo que tradicionalmente daba de comer. Era una antigua mina de extracción de jable. Sabíamos que existía una cueva y se abrió, hará unos diez años, o para quedarse o congelada en el tiempo. Mi suegro cuenta que todo el jable se sacó con camellos y con burros. Quedan las huellas de los picotazos. En efecto, es un ejemplo de la cultura del jable en el sur de Tenerife. Refleja el trabajo que hacían los abuelos para poder comer y la importancia que tenía la agricultura en otros tiempos.
¿La falta de relevo generacional es el principal problema del campo tinerfeño?
Totalmente. Hay que partir de la base de los colegios, de que el niño aprenda que la tierra es importante y que tenemos un gran patrimonio en las islas porque venimos de muchas culturas y de abuelos agricultores, apicultores o ganaderos. Por ejemplo, no se entiende que en una excursión escolar se prime más ir a un cine que a una finca o que quien trabaja la tierra vaya a explicar a un colegio cómo es el proceso. Que un niño no sepa de dónde sale una lechuga o cómo se cultiva un tomate me parece fatal. Cuando lo descubren es algo extraterrestre. En mi caso ningún chiquillo había visto cómo crece una seta. Otro aspecto interesante sería la creación de redes entre nosotros, los agricultores jóvenes para promocionarnos o darnos más visibilidad y que otros apoyen a los que ya estamos en el proceso. Dar ejemplo emprendiendo porque eso da ánimo. Oye, si ellos pudieron, yo puedo.
¿Cuál es el futuro del sector primario y, en concreto, del agrícola en la Isla?
Como madre, agricultora y mujer que soy, este mundo no es fácil, pero si ponemos una semilla en las próximas generaciones, esa semilla va a ir creciendo. Por contra, si la semilla no existe, esto va a desaparecer. Se está dando prioridad a otras cosas que son importantes, pero ¿y la agricultura? Si queremos seguir teniendo nuestros campos llenos y productos kilómetro cero en la isla debemos tener muy claro hacia dónde queremos ir. Creo que estas cosas faltan en los colegios. A mis hijos les como mucho el tarro porque intento inculcarles la pasión que le pongo al trabajo en el campo.
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