Una alternativa al sablazo de la factura de la luz: las comunidades energéticas se disparan en Tenerife
El mapa de estas asociaciones de la Oficina de Transición Energética de Tenerife recoge diez creadas y cuatro en trámite

Noelia Pérez, de La Esperanza Impresores, con las placas instaladas de fondo. / Arturo Jiménez
Las comunidades energéticas viven un momento de auge en Tenerife. La posibilidad de reducir de forma notable la factura de la luz y, adicionalmente, una creciente conciencia medioambiental empujan estas iniciativas. El mapa de estas asociaciones publicado por la Oficina de Transición Energética (OTE) de Tenerife recoge diez creadas y cuatro en trámite. Además, desde el Cabildo indican que la OTE trabaja en el progreso de 20 que se encuentran en distintas fases de desarrollo.
Pero… ¿qué son las comunidades energéticas? De la misma manera en que no existe una fórmula única de comunidad energética, tampoco cabe una definición rotunda. Se podría decir que se trata de agrupaciones de personas, pequeñas y medianas empresas y, en ocasiones, administraciones públicas locales que producen y consumen energía renovable. Todo ello con el objetivo de conseguir beneficios económicos, pero también sociales y medioambientales, para lo que suelen constituirse jurídicamente como asociaciones o cooperativas sin ánimo de lucro.
La fórmula más extendida en Tenerife es el autoconsumo colectivo con instalaciones fotovoltaicas ubicadas en cubiertas, ya sean de carácter industrial, municipal o residencial. La energía generada se inyecta en la red eléctrica y, a través del sistema de contadores digitales, se reparte automáticamente entre los socios. El descuento correspondiente aparecerá después en la factura de cada uno de ellos.
Beneficios
«Yo creo que aquí gana todo el mundo: el medio ambiente, porque se reducen las emisiones, y la gente, porque disminuye la factura de la luz y contribuye a la mejora del planeta al apostar por energías renovables», contextualiza el director insular de Medio Natural del Cabildo de Tenerife, Pedro Millán. «Nosotros lo único que tenemos que hacer es facilitar todo el proceso y poner las herramientas», añade sobre el papel de las administraciones públicas.
Algunas experiencias de comunidades energéticas en Tenerife se localizan en los municipios de Tacoronte, el Puerto de la Cruz, La Orotava, Buenavista del Norte o Santa Cruz, por mencionar algunas de ellas. «Tenerife se ha consolidado como un referente en innovación social y energética, dando un paso más hacia la búsqueda de sistemas sostenibles, limpios y renovables en el marco de la Isla», apunta la consejera de Medio Natural, Sostenibilidad, Seguridad y Emergencias, Blanca Pérez, que destaca que las 20 iniciativas que están en ciernes pueden dar «consistencia» a un proyecto más amplio de desarrollo sostenible.
Mención aparte merece la Comunidad Energética El Rosario Solar. Esta es una asociación sin ánimo de lucro impulsada en 2020 y registrada oficialmente en 2022 y que actualmente cuenta con más de 200 socios, entre vecinos, pymes y el Ayuntamiento rosariero. Su plan contempla hasta cinco megavatios de potencia fotovoltaica y tres megavatios hora de almacenamiento en baterías, distribuidos en tres actuaciones dentro del municipio. La fase más avanzada es la ubicada en el Polígono Industrial de La Campana, que ya está produciendo energía y abasteciendo a empresas y residentes dentro del radio establecido de dos kilómetros.
3.000 euros por hogar
El concejal de Transición Ecológica del Ayuntamiento de El Rosario, Fidel Vázquez, precisa que entre el 75% y el 80% de los socios son particulares y que, dependiendo de la potencia contratada, la inversión media de un hogar puede rondar los 3.000 euros. El edil añade que el periodo de amortización estimado se sitúa en torno a un año y medio o dos, «gracias al ahorro energético y a las ayudas públicas». A partir de ahí, la energía generada durante la vida útil de la instalación –unos 25 años– supone un beneficio directo para el socio.
El crecimiento del término ‘comunidad energética’ ha abierto también un debate sobre su uso. Hay quienes, como Vázquez, diferencian entre las asociaciones sin ánimo de lucro y otras fórmulas comerciales de autoconsumo compartido. «Una comunidad o sistema energético local tiene que ser sin ánimo de lucro y primar el ahorro energético», enfatiza el edil. Otra de sus características es que el control permanece en manos de los socios. Al menos lo habitual es que cada miembro tenga un voto en la asamblea, con independencia de la aportación económica que hayan realizado.
Otro ejemplo de estas iniciativas se localiza en el Sur de la Isla. El modelo impulsado bajo la marca Adeje Verde surgió como proyecto de innovación entre el Ayuntamiento de Adeje y la Universidad de La Laguna (ULL). En este caso, la comunidad energética adoptó forma de asociación, mientras que la gestión técnica y administrativa se canaliza a través de una empresa ‘spin-off’, esto es, una entidad independiente creada a partir de la institución académica.
Tipos de cubiertas
El catedrático de Física Aplicada de la ULL y director del Máster Universitario en Energías Renovables, Ricardo Guerrero, se encarga de la dirección estratégica de Adeje Verde. Guerrero explica que actualmente existen instalaciones en funcionamiento en edificios municipales, comunidades de propietarios y establecimientos hoteleros. Un ejemplo es la planta fotovoltaica instalada en la Escuela Municipal de Música, que reparte energía entre más de un centenar de vecinos y dependencias municipales. El modelo combina cubiertas públicas y privadas, aunque desde el proyecto se defiende priorizar las segundas para evitar conflictos administrativos.
Sin embargo, uno de los mayores escollos llega cuando no hay información o la tramitación resulta compleja. Ahí el ciudadano no se suma ni a la variante más ‘pura’ de comunidad energética ni a cualquier otra. Precisamente eso último es lo que ha estado tratando de resolver el Cabildo con la Oficina de Transición Energética. Esta tiene como fin último «promover e impulsar la transición energética en la isla, apoyando a los vecinos, empresas y administraciones públicas». Los principales servicios que desarrollan son de asesoramiento personalizado en energías renovables, movilidad sostenible y eficiencia energética, entre otras.
Cuatro ejes
Según los datos aportados por el Cabildo, la OTE centra su trabajo en cuatro ejes fundamentales, como son el acompañamiento técnico y administrativo, la ayuda sobre la propia financiación de los proyectos, la definición de los pasos ordenados para incrementar el número de comunidades energéticas y una formación abierta y gratuita a la ciudadanía. Son aspectos fundamentales para continuar con la búsqueda de los objetivos de desarrollo sostenible.
Geógrafo y montañero, Pedro Millán defiende convencido estas iniciativas. «Aquí estamos hablando de aprovechar las cubiertas y los terrenos antropizados, no así de hacer grandes instalaciones fotovoltaicas que desarrollan grandes empresas o fondos de inversión», sostiene. «Al Cabildo lo que nos interesa son este tipo de instalaciones», agrega el director insular.
Millán se detiene en que se generan beneficios medioambientales y sociales, así como que no se produce el impacto en el territorio que sí aparece con otro tipo de instalaciones fotovoltaicas o de energía eólica. «Nuestra apuesta fundamental es por aprovechar lo que ya existe construido para rentabilizarlo desde el punto de vista energético y de la mejora de la reducción de emisiones a la atmósfera, lo que resulta fundamental si queremos cumplir con nuestros compromisos de lucha contra el cambio climático», remacha.
«Pasamos de 2.200 a 800 euros»
Cuando a los responsables de La Esperanza Impresores les hablaron por primera vez de la Comunidad Energética El Rosario Solar, la propuesta los pilló a contrapié. Tenían algunas nociones sobre la energía fotovoltaica y sus posibilidades, pero lo de las comunidades les sonó a chino mandarín. Se informaron, se lo pensaron y acabaron dando el paso. Hoy su experiencia es un ejemplo nítido de en qué medida se puede ahorrar con esta fórmula: han reducido la factura eléctrica en un 64%, de 2.200 euros mensuales a 800.
La Esperanza Impresores es historia viva del mundo de las artes gráficas en Tenerife. Se trata de una empresa familiar cuyos orígenes se sitúan en 1982, cuando Manuel Pérez la puso en marcha en el pueblo de La Esperanza todavía como una iniciativa personal. En 1992 tomó forma de sociedad limitada y desde 1996 tiene su sede en el Polígono de La Campana. Ahora, más de cuatro décadas después de aquellos comienzos, se han subido al tren de las renovables y el autoconsumo.
La gerente, Noelia Pérez, explica que la propuesta les llegó a través del Ayuntamiento de El Rosario. Antes de tomar la decisión recibieron un estudio energético. Los técnicos analizaron sus facturas y les calcularon el plazo de amortización. «Me hablaron de tres años para empezar a ver beneficio real y hasta fueron prudentes con el porcentaje de ahorro», señala. Y es que la realidad ha superado las previsiones.
La inversión la realizaron hace aproximadamente dos años, aunque la conexión efectiva se retrasó por trámites ajenos a la comunidad energética. «La obra fue rápida; el problema fue de Endesa, que tardó en conectarnos», puntualiza. Una vez activado el sistema, el impacto fue inmediato. «La siguiente factura que nos llegó no alcanzaba los 800 euros, y veníamos de pagar unos 2.200 mensuales», detalla. Lo más relevante es que no ha sido flor de un día, sino que el volumen de ahorro se ha mantenido mes tras mes.
«Al principio impresiona el desembolso, pero en menos de dos años, si seguimos a este ritmo, estará más que amortizado», expresa. Las placas tienen una vida útil estimada de entre 20 y 25 años y, dentro del modelo comunitario, la limpieza y revisión periódica están incluidas. «Como estamos cediendo el tejado para que otros se beneficien, el mantenimiento entra dentro de la comunidad, por lo que vienen y comprueban que todo esté correcto», precisa.
Tan buenas sensaciones les ha dejado el proyecto a Noelia Pérez y su familia, residentes en Costanera, que también se han adherido a la comunidad como particulares y están pendientes de conexión. En el caso de su vivienda ni siquiera instalarán placas, sino que se beneficiarán del excedente generado en el polígono. «Ese es otro aspecto positivo: no tienes que hacer la inversión en tu tejado y aun así reduces la factura», indica.
El funcionamiento es relativamente sencillo. En la Comunidad Energética El Rosario Solar hay miembros que no tienen instaladas placas y otros que sí. La Esperanza Impresores se encuentra en el segundo grupo. Esos dispositivos se localizan en el techo de su nave y generan una energía que utilizan para su actividad industrial, y después está el excedente que va a la comunidad. Para gestionarlo todo se celebran asambleas periódicas en las que participan vecinos y empresarios vinculados a la comunidad.
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