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Playa Jardín, en Puerto de la Cruz, intenta recuperar su esplendor pese a la desconfianza de los vecinos

El comercio de Punta Brava percibe recuperación, pero muchos vecinos mantienen dudas sobre la calidad del agua, tras el cierre por contaminación fecal de esta zona del litoral.

Dos turistas paseando por la playa de Punta Brava

Dos turistas paseando por la playa de Punta Brava / Arturo Jiménez

Puerto de la Cruz

El sonido de las olas rompiendo y el bullicio de turistas y residentes ha vuelto a imponerse al silencio que reinó en Playa Jardín, en Puerto de la Cruz, durante 349 días. El pasado 17 de junio de 2025 las tres playas –El Castillo, El Charcón y Punta Brava– volvieron a llenarse de bañistas después de su abrupto cierre tras detectar contaminación fecal en sus aguas. Hasta este día, las analíticas oficiales que aporta Salud Pública del Gobierno de Canarias, reflejan que la calidad del agua es apta para el baño, pero la pregunta que sobrevuela la característica arena negra de estas playas portuenses es si la recuperación es real, si se percibe y si satisface al comercio y a los bañistas. 

La playa cerró el 3 de julio de 2024 por el alto nivel de contagio. Un estudio encargado por el Ejecutivo autonómico apuntó a cuatro factores principales: el mal funcionamiento de la depuradora de Punta Brava, la rotura del emisario, graves deficiencias en la red de saneamiento y problemas en tres aliviaderos (El Caletón, Playa Chica y Playa Jardín). Tras una inversión superior a dos millones de euros en la depuradora de La Orotava y más de 20 analíticas favorables desde diciembre de 2024, se autorizó la reapertura el 10 de junio de 2025. 

Turistas paseando por delante de uno de los bares de Playa Jardín

Turistas paseando por delante de uno de los bares de Playa Jardín / Arturo Jiménez

José Santiago Sanchi, trabajador del bar terraza Playa Jardín, situado en la playa de El Castillo, asegura que con las lluvias recientes se ha frenado la afluencia de clientes, pero que al inicio de la semana con días marcados por el sol y la calima, "estuvieron las tres playas repletas". Considera que el cierre de Playa Jardín durante más de un año no ha perjudicado de forma determinante al sector hotelero, ya que los bañistas han seguido acudiendo. Incluso, recuerda que la problemática de la presencia de residuos fecales "no es nueva", sino de "toda la vida, aunque ahora se ha vuelto más perjudicial para la salud".

La actividad comercial empieza a acompañar el resurgir del enclave turístico. El Burger de Playa Jardín reabrió en julio de 2025 tras cuatro años cerrado y, a día de hoy, continúa funcionando. Sus trabajadores aseguran que la clientela ha seguido llegando y que perciben que "ese resurgir es real". Y al igual que Sanchi, cuentan que los días de sol "no cabe ni un alma en la arena, ya sea en verano o en invierno". El local de El Charcón, recientemente concesionado por 20 años, está en proceso de reforma. Las terrazas vuelven a montarse frente al mar. El entorno, al menos visualmente, ha recuperado dinamismo.

Los vecinos desconfían de la apertura

Sin embargo, aunque la recuperación de los bares va viento en popa, muchos portuenses no se atreven a poner un pie en el agua de Playa Jardín. Carmen García vive cerca del litoral. Desde su balcón ve las tres playas a diario. "Cuando el mar está bueno se ve el agua preciosa y dan ganas de bañarte, pero desde que se remueve un poco ves lo que se supone que es espuma del mar y no dan ganas", explica. No se siente segura.

Para ella, el daño de este cierre trasciende a su nula actividad durante este último año y medio porque considera que también ha sido reputacional. "El cierre le ha dado muy mala fama al municipio. No se ve que pasa lo mismo en todos los municipios de la Isla, pero como en el Puerto fue a lo grande, se nos señala más". Aun así, celebra la reapertura y la vuelta de la actividad económica, aunque insiste en que "la solución no es de hoy ni para mañana; hay que solucionar el problema desde la raíz".

Turistas paseando por la playa de El Castillo en Playa Jardín

Turistas paseando por la playa de El Castillo en Playa Jardín / Arturo Jiménez / t

"Me da pavor bañarme en Playa Jardín"

Paula González, otra de las vecinas de Puerto de la Cruz, comparte esa desconfianza. "Me da pavor bañarme después de todo lo que ha ocurrido", confiesa. Recuerda que de pequeña lo hacía sin preocupación, pero ahora es consciente de la existencia de emisarios como el de Punta Brava. "Sobre todo en la esquina cercana a la playa Chica me da bastante asco". 

Más allá del estado de salubridad del agua de la playa, reclama mejoras estructurales: limpieza en profundidad tras las lluvias que arrastran residuos por el barranco de San Felipe, mantenimiento del parque infantil y mayor vigilancia. En su entorno universitario, asegura que la imagen del municipio ha cambiado: "Muchos solo conocen Puerto de la Cruz por las noticias del cierre". Aunque matiza que el turismo de masas siguió acudiendo incluso cuando la playa estaba clausurada, saltándose cintas y banderas.

Una nueva oportunidad

Alicia Domínguez vive en el Toscal Longuera, pero es portuense, y al igual que otros, tampoco ha recuperado la seguridad. Suele pasear por Playa Jardín algún día de la semana. "Miro hacia el mar y lo veo sucio todavía", afirma. Considera que el cierre afectó de lleno a la imagen turística: "Vienes a una zona turística y no puedes bañarte; al final, eso afecta". Pide mejoras generales en instalaciones, baños, paseos y más vigilancia.

Lucía Palmero, que vive a cinco minutos de Playa Jardín, reconoce que no ha vuelto a pisar su arena desde que se cerró. "No me transmite confianza por toda la información que ha ido saliendo". Le da rabia tener que desplazarse a otras zonas por miedo. "He escuchado a personas decir que mejor no bañarse porque te pueden salir sarpullidos", añade. Pese a la desconfianza de los portuenses, Playa Jardín tiene ahora la oportunidad de demostrar que vuelve a ser el paraje paradisiaco idílico que las aguas fecales le hurtaron.

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