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Jorge Gutiérrez, autor de 'La trampa del sexo digital', en su vista a Tenerife: "Muchos jóvenes se acercan a las adicciones porque se sienten solos"

Este periodista, que a través de la ONG Dale Una Vuelta ayuda a chicos con comportamientos adictivos, visitó este jueves La Laguna para participar en un debate sobre el impacto de la tecnología en los menores

El experto en adicciones juveniles Jorge Gutiérrez.

El experto en adicciones juveniles Jorge Gutiérrez. / E.D.

Santa Cruz de Tenerife

El periodista experto en adicciones juveniles y autor del libro La trampa del sexo digital, Jorge Gutiérrez, participó este jueves en un debate sobre la salud mental de los jóvenes y el impacto de las tecnologías celebrado en La Laguna. Junto al neurólogo Javier Cabanyes, protagonizó la mesa redonda titulada Retos del adolescente: Redes sociales, adicción y salud mental.

¿El perfil del joven que presenta una adicción, sea del tipo que sea, está cambiando?

Los últimos datos del Ministerio, que salieron hace apenas unas semanas, muestran que las adicciones conductuales que más han crecido han sido las relacionadas con los juegos de azar, es decir, con las apuestas en las que hay dinero de por medio. En torno a uno de cada cuatro jóvenes de entre 14 y 18 años tiene problemas con ello. El consumo de pornografía, en cambio, ha descendido ligeramente y todo el tema de videojuegos y redes sociales se mantiene. Estamos hablando de un panorama en el que los adolescentes están en manos de todo tipo de adicciones, la búsqueda de placer es más fácil que nunca. Es bueno saberlo para estar preparados y para educar en base a esto.

Habla de una mayor accesibilidad a todo tipo de contenidos, pero, ¿hay otros factores sociales que estén influyendo en el aumento de estas conductas adictivas?

La accesibilidad quizás sea la número uno porque nunca ha sido tan fácil conseguir o comprar cualquier cosa. También influye el que puedan estar conectados las 24 horas, los siete días. Hay una frase muy famosa que dice que, cuando se dan las tres A –anonimato, asequibilidad y accesibilidad–, es mucho más fácil que cualquier hábito se convierta en una adicción. Además, creo que existen otros factores invisibles como la soledad –real o emocional– que son cada vez más frecuentes. Para los jóvenes que se sienten solos o aburridos es más sencillo acercarse a adicciones de todo tipo. A muchos les engancha esa sensación de estar todo el rato entretenido que da la tecnología y que parece que te cura la ansiedad o la depresión, pero que al final termina aumentándola. Todo esto contribuye a que haya más patrones de adicción.

Se relaciona mucho la soledad con las personas mayores, pero los jóvenes también la sufren con bastante frecuencia.

Sí, son los datos que manejamos y que están saliendo en las últimas encuestas. Muchos de ellos se sienten solos aunque no lo estén, creo que también es una enfermedad de nuestro tiempo. ¿Cómo es posible que haya chicos conviviendo con otras personas y al mismo tiempo sintiéndose así? Necesitamos alejarnos un poco del mundo digital para recuperar la presencialidad y las amistades reales.

¿Hay regiones que arrastran una mayor prevalencia de estas conductas o el país avanza a un ritmo similar?

En lo que respecta a las adicciones comportamentales, la realidad es que apenas hay datos porque no existen muchos centros especializados en su tratamiento. En adicciones de toda la vida, como el alcohol u otras drogas, muchas veces depende del nivel económico. No obstante, yo diría que el ritmo es similar en todo el territorio.

«El porno es imbatible a corto plazo, pero la realidad es que a la larga tiene efectos devastadores»

Jorge Gutiérrez

Entre las adicciones a sustancias, ¿hay alguna que preocupe especialmente?

El uso del cannabis porque el consumo de alcohol y tabaco se ha reducido en los últimos años. Eso sí, el gran repunte se está viendo en la adicción a juegos de azar y a la pornografía. Tres de cada diez adolescentes reconocen verla con frecuencia y uno de cada diez, de manera semanal e, incluso, diaria.

El consumo de pornografía desciende con respecto a años anteriores, aun así, ¿las cifras siguen siendo elevadas?

Yo diría elevadas y preocupantes. Aunque desciendan, estamos hablando de cientos de miles de chicos de entre 14 y 16 años que ven pornografía de manera habitual. Son números muy altos que tienen consecuencias en sus creencias sobre sexualidad, en su futuro y en cómo enfoquen sus relaciones sexuales. Incluso, en la propia perspectiva de violencia de género. El consumo se ha normalizado porque a corto plazo es imbatible, nadie te da más por menos, pero a largo plazo te hace perder mucho. A veces pasan muchos años hasta que se dan cuenta de que tenían un problema grave. Es una industria muy voraz que tiene muchos medios y mucho dinero, por lo que cuanta menos demanda, menos oferta.

Como padres, ¿cómo se puede explicar esto a un adolescente?

Es una cuestión muy compleja porque con esas edades muchos lo tienen normalizado. Hay que empezar por explicarles las grandes diferencias entre sexo y porno; la pornografía son fuegos artificiales, es algo momentáneo, un espejismo de la sexualidad. El placer es algo maravilloso, pero no siempre hay que actuar por esa búsqueda de placer a toda costa. Desde el punto de vista emocional, los padres pueden mostrarle las consecuencias devastadoras de su consumo: imposibilidad de conseguir una relación estable, una satisfacción sexual o de empatizar con otras personas. También hay que buscar referentes, personas que hayan pasado por ahí y que puedan servir de ejemplo, porque eso les conmueve, les quita esa sensación de que estás hablando en otro idioma.

¿Qué mitos siguen rodeando a la pornografía a estas edades?

Hay muchísimos. Piensan, por ejemplo, que con el porno pueden mejorar sus relaciones sexuales o que es un mero entretenimiento y que no hay riesgo de adicción.

« Lo mejor es que los padres vayan al grano, que sean cercanos y que pregunten con mucha confianza»

Jorge Gutiérrez

En el entorno digital, ¿dónde está la línea entre un uso intensivo y una conducta adictiva?

Cuando hay una conducta adictiva esa persona pierde todo el control y se vuelve incapaz de dejar de consumir porno durante dos o tres días, por ejemplo. Ser consciente de que es dañino y, aun así, no poder dejarlo es otra señal. Sin duda, la gran red flag o línea roja es que empiece a tener consecuencias en distintas áreas de tu vida.

¿Cómo pueden los padres, primero, detectar estas conductas y, segundo, frenarlas?

La adicción es la única enfermedad que uno nunca reconoce que tiene, por eso es tan complicado. Lo importante es saber leer la cara de los chicos. Hay padres que me han dicho que han descubierto un problema porque su hijo lleva días más aislado o desconectado. También hay que vigilar su rendimiento académico. Si el problema es con la pornografía puede que pase más tiempo de lo habitual encerrado o que utilice un lenguaje más sexualizado. Lo mejor es ir directamente al grano, yo suelo recomendar que le pregunten si son de los que ven porno todos los días o solo los fines de semana porque esta es una forma de quitarle hierro, de no juzgar y de ganarse su confianza. Siempre hay que manifestar cercanía, ayuda y acompañamiento y, si se detecta un problema grave, deben acudir a un especialista.

¿Qué consejo le daría a un adolescente que esté pasando por eso?

Yo le diría que le dé una vuelta, que reflexione antes de consumir y antes de dar por sentado que nada te afecta. Tienen que tener autonomía para no quedarse en el corto plazo, en el placer inmediato. Es más, le invitaría a preguntarse si lo que está haciendo ahora le va a hacer feliz dentro de diez años.

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