Santiago del Teide
Una ‘erupción’ de color rosa con los almendros en flor de Tenerife
La floración del almendro sobre el paisaje volcánico del último proceso eruptivo de Tenerife, el de Chinyero en 1909, crea un contraste cromático extremo. Miles de senderistas se dan cita en Santiago del Teide a principios de año para disfrutar de uno de los fenómenos naturales más estéticos de la Isla

Almendros en flor en Tenerife / Andrés Gutiérrez

La erupción de color rosa que se da en Santiago del Teide por la floración del almendro crea un contraste cromático extremo. Esta es la principal particularidad de este fenómeno en el municipio del sur de Tenerife. Porque en la gran parte de las medianías de la Isla hay almendros. Y florecen. Pero solo aquí lo hacen sobre las coladas del último proceso eruptivo que vivió el territorio insular: la de Chinyero en 1909.
Este hecho, junto a la lograda promoción turística realizada desde el Ayuntamiento de Santiago del Teide desde hace casi 30 años, convocan a miles de senderistas y curiosos que pisan los vestigios eruptivos con el objetivo de disfrutar de la estética más natural.
La programación del Consistorio sureño terminó ayer. Desde el 24 de enero se desarrollaron diferentes rutas temáticas en torno al almendro, talleres, conciertos y actividades que colocan a Santiago del Teide en el epicentro del senderista.

La floración del almendro marca el inicio del año en el municipio del sur de Tenerife. | A.G.
Uno de los guías oficiales de la programación, José Luis Rivas, tiene claro que durante todo el proceso de floración son «muchas miles de personas las que pasan por aquí. Nosotros estamos los fines de semana, pero entre semana también viene muchísima gente», asegura. La pregunta más repetida a este profesional del turismo de naturaleza es esta: «¿Cuál es la ruta para ver los almendros en flor? Es lo que más me preguntan, aunque muchos vienen preparados, con sus recorridos hechos o ya lo han realizado alguna vez», añade.
Rivas, que trabaja para El Cardón NaturExperience, confiesa que, a estas alturas del año, «para ver los almendros florecidos hay que subir hasta El Calvario. Allí hay otro compañero», afirma y cumple así su función como guía. No obstante, apuesta que «el sendero vale la pena hacerlo igualmente. Con todas las lluvias, el recorrido está precioso con escobones, tomillo y poleo. Después encontrarán los almendros en flor».
A lo largo del sendero y a medida que avanza la mañana del domingo, los senderistas comienzan a multiplicarse: familias, grupos de amigos, parejas o algunos que deciden pasear a su perro por allí. También se cruzan algunos que entrenan sendero arriba, sin el objetivo de ver al almendro en flor por la velocidad a la que van. Además, los turistas no faltan en este desfile, siendo de los más preparados para la ruta.
Por segunda vez
Ana, quien prefiere guardarse el apellido, es el segundo año que viene. «Ya vine el año pasado. Me encantó y volví, pero ahora con mi familia», la acompaña su hermano, hijas y su perro John. Recuerda todos los senderos que hizo años atrás y al descubrir el de los almendros en flor de Santiago del Teide quedó maravillada.

Una senderista se deleita con los almendros en flor de Santiago del Teide. | A.G.
«La verdad es que es precioso», dice entre el sonido del chasquido de los pies con la lava. Procede de Tejina de Isora (Guía de Isora) y por eso explica que «yo no tengo mucha idea de esto». Lo cierto es que no hay que ser un senderista experimentado para deleitarse con el espectáculo de la caprichosa naturaleza. Ayudada de su bastón técnico, tira de su familia camino arriba con desparpajo y alegría en busca de una masa más frondosa de almendros en flor.
El sol comienza a asomar por el perfil de las montañas en el sendero que tiene su fin en Chinyero: PR-TF 43.3. Uno de los picos es Bilma. Cuentan que cuando el volcán entró en erupción, los vecinos de la zona de Las Manchas subieron a Santa Ana en un acto desesperado por detener la lava. Se paró. Dos lenguas ardientes de magma rodearon a Bilma. La otra versión de la historia habla de un mismo suceso con el Santísimo Cristo del Valle como protagonista.
Fuera la divinidad que fuera y 117 años después, Santiago del Teide vive ahora entre los recuerdos de un trágico y gris evento natural y un rosáceo fenómeno biológico que tiñe de manera más amable sus senderos y sus valles. n
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