Isabel y Diego, una pareja joven de Tenerife que 'pasa' de San Valentín: "Para celebrar nuestro amor no tiene que ser 14 de febrero"
Estos jóvenes apenas llevan tres años juntos, pero ya tienen claro que el Día de los Enamorados solo es una buena excusa para tener un detalle bonito con el otro

Diego González e Isabel Delgado / María Pisaca
La joven tinerfeña Isabel Delgado es de esas personas que se cuestiona por qué debe existir una festividad para celebrar el amor. «Es superbásico, ¿por qué ese día y no todo el año?», razona. Quizás le resta importancia al 14 de febrero porque su pareja, Diego González, no espera a que sea una fecha señalada para hacerle un regalo. O quizás porque en menos de tres meses celebran Reyes, San Valentín y los cumpleaños de ambos. Todo seguido. Sea como sea, lo que él tiene claro es que, aunque digan que no quieren celebrarlo, siempre cae algún detallito, como una carta, bombones o alguna experiencia para disfrutar juntos.
Ambos creen que es una buena excusa para hacer un regalo bonito. Este año, encima, coincidió con el sábado de Carnaval, por lo que el plan estaba claro: «Una cosa no quita la otra, quedamos por la mañana y por la noche salimos con nuestro grupo de amigos». Además, para aprovechar que en estos primeros meses del año se juntaban varios festejos han decidido aprovechar para coger vacaciones y celebrarlo todo a la vez. Eso sí, después de que acabe la fiesta en la capital chicharrera.
Esta pareja de jóvenes, que apenas lleva tres años juntos, tampoco se deja llevar por lo que otras personas suben a redes sociales. «Ese día se ve amor por todos lados, pero muchas veces se siente forzado. Parece que lo hacen para demostrar a los demás y para alardear, por ejemplo, de que sus novias tienen el ramo de flores más grande del mundo», argumenta Delgado.
Paciencia y aprendizaje mutuo
Aunque ambos están en la veintena, han forjado una relación que, esperan, irá para largo. Los dos coinciden en que el secreto es una combinación de tres factores: paciencia, aprendizaje mutuo y constancia. «Para que funcione hay que sentarse a hablar, tener muchas conversaciones incómodas y sentirse libre para expresar lo que uno piensa», defiende González.

Diego González e Isabel Delgado / María Pisaca
Ahora lo tienen claro, pero hubo un momento en el que no sabían si llegarían a oficializarlo. Para Isabel, Diego estaba a punto de convertirse en su primer novio y ese compromiso le asustaba. «Cuando estás en una relación ya no solo miras por ti, siempre hay otra persona», asegura. Eso sí, ese miedo que sintió en un primer momento no impidió que fuera la más cariñosa, pues al principio -reconoce- él no era tan romántico.
Aun así, González confiesa que siempre la vio como una pareja seria, pero que al inicio le costó abrirse. En los últimos meses, sin embargo, se ha aficionado a los trabajos artesanales y, como prueba de ello, le regaló a su novia un ramo de flores hechas con telas.
¿Predestinados?
A los dos les gusta pensar que estaban predestinados. Ninguno lo recordaba, pero se conocían desde que ella tenía dos años y él seis. «Nos veíamos en el cumpleaños de mi prima, que es vecina y amiga suya, y ninguno se acordaba, lo descubrimos porque encontramos una foto en la que salíamos los dos», relata el joven.
El destino o, más bien, las verbenas del pueblo, los volvieron a unir. En concreto, se reencontraron en un baile celebrado en Taganana. Ella vive allí y él fue de casualidad porque sus padres habían alquilado una casa por la zona. «Yo me fijé en Isa desde ese día, me pareció una chica muy graciosa y risueña», rememora.
Después de ese primer encuentro pasaron meses hasta que otra fiesta, esta vez en San Andrés, los terminó de unir. «A partir de ahí empezamos a hablar , yo tenía miedo de que él no quisiera nada serio, pero aquí estamos», detalla Delgado.
El 14 de marzo de 2023 oficializaron el romance. Aunque hayan pasado dos años y once meses desde entonces, el amor que existe entre ellos hace que recuerden detalles como qué comieron en esa primera cita, cuál ha sido la más especial o en qué regalo han puesto más empeño. Para Isabel, el punto fuerte de Diego es la confianza y la tranquilidad que le transmite, mientras que él no sabe por qué decantarse. «Hay muchísimas cosas que me gustan de ella y también hay otras tantas que disfruto haciendo con ella, como pasear a Copi -su perro-, beberse una cerveza juntos o compartir tiempo con sus abuelos», destaca.
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