Chirche en Guía de Isora: en medio del malpaís
Algo más de 100 vecinos residen en el núcleo de medianías del sur de Tenerife donde el tiempo parece haberse detenido por momentos

Arturo Jiménez
La niebla decidió instalarse en Chirche. Son las cinco de la tarde y Juana Delgado Duranza la define como "una bruma rastrera". Hasta ese momento, el día lucía espléndido en este núcleo de medianías de Guía de Isora. Estar allí es permanecer en medio del malpaís heredado de un paisaje volcánico agrio, pero adiestrado para el desarrollo de la vida.
Más de 100 vecinos
Buena prueba de ello son los más de 100 vecinos que residen en este barrio de la medianía del sur de Tenerife donde el tiempo parece haberse detenido mucho tiempo atrás. Un giro de cabeza manifiesta la arquitectura canaria más tradicional en medio de pendientes estrechas y vertiginosas. Y, de repente, pasan varios coches de alquiler. Otra vuelta para mirar al otro extremo y se divisa un edificio moderno con un gran letrero al que se le intuyen fines vacacionales.
Encuentro de vecinas
María Lola Placeres Rodríguez viene calle abajo al encuentro de su vecina Juana. El asfalto disfraza lo que antaño fue una calle empedrada que ambas pisaron con los pies desnudos. "Antes, las lonas solo nos las poníamos para los domingos o los días de fiesta. De resto, descalzas. No había para más", recuerda Placeres con la complicidad de Delgado. La conversación no cesa y aunque María Lola invita a "echar cuentos", al final el encuentro se convierte en un ‘toma y daca’ amable de aportación de datos y recuerdos entrañables. Es una auténtica gozada escuchar su diálogo.
Donde más dinero se ganaba
Recuerdan cómo antes se iba a por el cereal y cómo los hombres trabajaban en las galerías de agua, porque era "donde más dinero ganaban". El riesgo significaba un buen sueldo y en aquella época, valía la pena. "¿Quién no tenía antes un cochino en la casa? ¿Quién no tenía un conejo? ¿Gallinas? ¿Quién?", inquiere Placeres. A esto le suman la actividad tomatera que sustentó muchos hogares del sur de Tenerife durante décadas. Ahora, aseguran, ya no es como antes y recuentan el número de cooperativas que existían solo en Guía de Isora. Hablan de tres o cuatro. Placeres, la mayor de las dos, trabajó muchos años en una de ellas.
Pelo corto cano
Ambas peinan pelo corto cano. María Lola Placeres Rodríguez le tiene el gusto cogido al don de la palabra: «Yo de cosas de ahora no te puedo hablar, pero de lo de antes sí», asegura. Ataviada con un abrigo acolchado azul marino -la temperatura lo requería- acababa de llegar de las actividades que organiza el Ayuntamiento de Guía de Isora para las que disponen de transporte municipal desde el barrio. Juana Delgado Duranza, algo más tranquila, tiene las llaves del salón que hay justo debajo de la plaza de la iglesia de Chirche. Se ve a la legua su responsabilidad y compromiso con su tierra.

La vida en Chirche (Guía de Isora), uno de los pueblos de la Tenerife vaciada / Arturo Jiménez
Todos son de Chirche
Las dos vecinas proceden del lugar, toda su familia. "Aquí se vive tranquilo", dice Delgado Duranza, aunque reconoce que residir justo al lado de la calle principal del barrio es algo más complicado por el tránsito de los coches. Y no le falta razón, porque es un continuo reguero de coches y motos arriba y abajo. Lo cierto es que Chirche se encuentra en una encrucijada de senderos y llegar allí no es complicado. Está en una de las vías que lleva al Parque Nacional del Teide, en el acceso de Chío. Así que su aislamiento es relativo. Y llegar desde allí a cualquier otro punto de Tenerife también es relativamente fácil: Delgado recuerda haber llegado hasta El Amparo, en Icod de los Vinos, a través de un sendero que está justo al pie de su casa.
Sin supermerado y sin médico
No tienen supermercado y tampoco médico. "Para todo eso tenemos que ir a Guía", comentan las dos vecinas y siguen con el pero: "Hoy en día, teniendo coche no es nada complicado". Placeres vive con una de sus hijas y Delgado Duranza con sus sobrinos. Quedan algunos jóvenes en Chirche y también niños: entre ocho y diez. Van a una escuela unitaria que hay unos metros más abajo de la plaza. Además, aseguran que hay "gente nueva" que está comprando para vivir allí. Es la tendencia en los núcleos de medianías de Tenerife: por un lado, volver a vivir en la ruralidad, donde las viviendas son más asequibles; por otro, hacer negocio habitacional en lugares donde se promete tranquilidad y descanso.
"A todo el mundo le molesta todo"
"Ya a todo el mundo le molesta todo. Hasta que cante un gallo", comentan al hablar de la gente que vive en el barrio. En Chirche, como en todos los núcleos del maltratado sur de Tenerife, la agricultura dio paso a otro cultivo: el turismo. La hija de María Lola trabaja en Las Américas, como muchos otros habitantes de allí. El coche posibilita el desplazamiento a los centros de trabajo que no están a tanta distancia si se miden, pero sí que están lejos si se comparan a todos los niveles.
Solo un bar
En el barrio de medianías de Guía de Isora solo hay un bar: Brasas de Chirche. Está en una calle de mucha pendiente, como no podía ser de otra manera. Otra de las posibilidades de ocio es el ventorrillo que se encuentra justo al lado de la iglesia. Es de la comisión de fiestas de San Felipe de Neris, que se celebra el 26 de mayo. Suele abrir los viernes. "Ahora ya no tanto, pero antes esa fiesta era de mucha gente", explica Juana Delgado Duranza. Ahora, con todas las posibilidades que hay, este tipo de festividades quedan relegadas a los vecinos. "Pero antes, no había un fin de semana que no vinieran los tocadores a Chirche", suelta María Lola Placeres Rodríguez. Era, según ellas, lo más parecido a las parrandas actuales: guitarras, timples, laúd y la casa de algún vecino para que sirviera de sala de baile.
No se va
La bruma rastrera no se va. Es más densa todavía cuando empieza a caer el sol. Placeres y Delgado. Delgado y Placeres. Un dúo imperdible, propio de la innata comedia costumbrista, decide recogerse ante el ocaso. Al despedirse, la puerta de la iglesia está abierta. Un joven la está preparando y poniendo a punto para la misa de este sábado. Su retablo encandila por su cromatismo. El chico reconoce que no hay mucha gente de su edad allí, pero "bueno, algunos quedamos todavía". Si la niebla decide quedarse en Chirche es para mantener, con su lluvia y poder horizontal, la vida que resiste en medio del malpaís.
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