Entrevista | Marisol Casimiro Propietaria de la finca ecológica Mar y Sol
Marisol Casimiro, propietaria de la finca ecológica Mar y Sol: "El nuevo acuerdo de Mercosur acabará con los agricultores de Canarias"
Hace tres años decidió dejar atrás la producción convencional y ahora está viendo los frutos de un cultivo más respetuoso con el medio ambiente

Finca Mar y Sol promueve la agricultura ecológica. / Arturo Jiménez
La agricultora de Icod de los Vinos es pesimista con las nuevas reglas del juego del comercio internacional, advirtiendo del peligro que conlleva para la salud consumir los alimentos que vienen de fuera de España.
¿Por qué nació su amor por la agricultura?
Esta finca era de mi abuelo paterno. Falleció hace un montón de años. Mi abuela, por parte de mi madre, también era agricultora. Con quien más conviví fue con mi abuelo paterno. Era como si fuese mi padre, nos pasábamos todo el día juntos, desde por la mañana hasta por la noche en esta finca. Y ahí se sembró la semilla. Compartir tanto tiempo con mi abuelo fue como una terapia de choque intensiva desde pequeña. Me encanta mi trabajo, por eso decidí embarcarme aquí cuando salí de Bachillerato. Mi padre insistía mucho en que estudiara, pero me empeñé en seguir aquí.
La finca Mar y Sol cultiva de manera totalmente ecológica. ¿Cuándo inició este camino?
Desde hace casi tres años, pero con certificación en abril de 2025. El cambio fue muy duro, hablando claro. Durísimo. Al pasar de convencional a ecológico, las plantas sufren muchísimo. Lo llaman "dos años de miseria" y literalmente son dos años de miseria. Ahora mismo, ya estamos viendo resultados, cada vez más, pero fueron dos años de tener que arar y volver a arar sin recibir un euro. Hicimos de tripas corazón y seguimos, pero el cambio es muy duro. Antes de esto, la finca iba fatal porque, como todos sabemos, la agricultura está como está. Entonces, mi padre decidió cerrar. Pero no podía permitir o no podía ver que otra persona entrase aquí. Para mí esto es como algo sentimental, donde me crie con mi abuelo. Decidimos intentarlo por última vez y diversificamos un poco los ingresos para que no solo fuera recoger beneficios de los cultivos, sino también de talleres y visitas guiadas, por ejemplo. Mi ilusión de pequeña era inculcar el amor que yo tenía a la agricultura y el sector primario a las demás personas. Esto fue el impulso para este proyecto.
¿Sabía a lo que se enfrentaba?
Sí, claro. Era hacer el cambio a ecológico o cerrar. Yo no quería ni cerrar ni vender la finca. Decidí tirar para adelante y ya más abajo de lo que estoy no puedo ir. O sea, ya estoy en el suelo, de ahí no paso.
Para la gente que no sepa qué significa pasar de agricultura convencional a ecológica, ¿cómo lo explicaría?
Hay que tener muchísima, muchísima resiliencia y capacidad de seguir adelante, aunque no veas ningún resultado. Cuando pasas de convencional a ecológico la tierra está totalmente bloqueada. Es un mundo totalmente diferente. Aquí tratamos los cultivos con microorganismos, con la vida del suelo, algo que en convencional no se mira. Hoy en día la tendencia es compatibilizar los dos modelos, pero en Mar y Sol no mezclamos. El procedimiento en la agricultura convencional era sembrar, cortar, sembrar, cortar, sembrar, cortar sin parar. Aquí estamos hablando de otros procesos diferentes, en cuanto a los tratamientos, por ejemplo. Antes tenías cualquier problema y te decían “échale esto”. Se lo aplicabas y ya no ibas a tener problemas. Ahora no. Ahora tienes que jugar con hacer o implementar procesos naturales y esperar a que se cree el cambio de manera natural para ayudar a equilibrar ese problema. Y que no supere el umbral económico, que te sea rentable. Que no te reste.
¿Vale la pena el cambio?
Sí, vale la pena totalmente. Es muy duro, pero es muy gratificante. Saber que estoy cultivando cosas 100% y totalmente saludables es muy satisfactorio. Ayuda tanto a las personas como a mí, al entorno y al planeta. Yo al final soy como un grano de arena en un pedazo de tierra, pero ese granito de arena importa y yo por lo menos estoy orgullosa y tranquila de lo que estoy haciendo.
"Cuando pasas de convencional a ecológico, la tierra está totalmente bloqueada. Es un mundo totalmente diferente. Aquí tratamos los cultivos con microorganismos, con la vida del suelo, algo que en convencional no se mira".
La finca en ecológico, ¿ya ha dado resultados?
Sí, todo en la vida va como poco a poco y “las cosas de palacio, van despacio”, pero yo estoy muy orgullosa porque desde el minuto uno que abrí he sentido un cariño inmenso por parte de todo el mundo. No estamos hablando de que esto sea algo llamativo o que las personas se puedan interesar por la agricultura. Al final, tú vas al supermercado, compras lo que te hace falta y ya está. No ves todo el proceso tan duro que hay detrás y yo, por ese lado, estoy supercontenta porque hay gente que sí lo valora. Así que, sí que hay gente que se interesa. Por ejemplo, padres que quieren que sus hijos conozcan y sepan.
¿No cree que el principal problema alimentario de la sociedad puede venir de ahí? Del desconocimiento sobre la procedencia de lo que se come.
Es el principal problema y por lo que yo lucho. Es la realidad. He tenido un montón de reuniones en el Cabildo de Tenerife, en el Gobierno de Canarias y con un montón de políticos importantes y siempre he dicho y he pedido, por favor, que en el plan educativo regional haya una asignatura que sea principios básicos del sector primario en Canarias. Es algo nuestro, es nuestra cultura, nuestro patrimonio. Nosotros, desde pequeños, deberíamos saber de dónde venimos, porque esta es la realidad. Canarias era agricultura. Turismo, también, pero en menor medida. Si no se lo inculcas a los pequeños, no lo van a tener como guía. Como es un trabajo tan duro, tampoco es el favorito de los niños hoy en día.
La tendencia es que la gente valore cada vez más lo ecológico.
Creo que la gente se está dando cuenta de que las materias primas van a ser fundamentales para la supervivencia en el futuro. Hay que saber muy bien lo que comemos, porque esa es la base de todo en la vida. Está bien tener material y tener de todo, pero la realidad es que debes saber lo que comes. Más aún con el nuevo canal que abrieron con Mercosur.
¿Cómo le influye el nuevo acuerdo estando en una finca de producción ecológica en Tenerife?
Influye muchísimo. Si cogiesen un producto que viene de fuera y lo analizarán, seguramente ni lo probarían. Si ignoras, sigues comprando esos productos o comiéndolos, que a ti te van a sentar mal, pero es que eso tiene una trascendencia mayor. Acabas con todos nosotros, tanto agricultores como los ganaderos de Canarias y de España. Si no somos conscientes de que comprando este producto vamos a comer más sano, acabaremos con nuestra soberanía alimentaria. Entonces, dependeremos de lo que venga de fuera y harán con nosotros lo que quieran. El producto canario no va a poder competir. Ni el canario, ni el español. No podemos competir con productos que vienen de esos países sin ningún registro sanitario, con productos químicos que nosotros tenemos prohibidos aquí hasta hace 20 años. Nosotros tenemos millones de restricciones, la burocracia nos tiene agobiados y agotados, que a veces no te llega para pagar lo que tienes que pagar y nos van a hacer competir con un producto que viene a unos precios inviables para nosotros.
¿Qué recomienda para identificar el producto de aquí?
Fijarse en el código de barras. En España empieza por 84.000. En eso, podemos fijarnos. Ahí sabremos la procedencia. Da igual que sea de Canarias o de la península, es nuestro.
Y con el plátano, ¿cómo está sobreviviendo?
Desgraciadamente, si no fuese por la subvención de la Unión Europea no podríamos tener plátano, porque no es viable. El año pasado tuvimos precio hasta de 13 céntimos el kilo. No es que me salga rentable, es que no voy a ganar y hoy no voy a tener ni para ni siquiera pagar el agua. Si me ponen una banana en península a un precio y tengo que exportar mi plátano hasta allí a otro más alto. ¿Cuál vas a comprar tú? El que te salga más barato. Yo no me pasé a ecológico por el dinero, que es lo que la gente se piensa: que voy a ganar más. Ya lo hago por la conciencia y porque la tradición agraria no se acabe.
A nivel climatológico, el invierno ha sido bueno, ¿no?
El invierno ha sido bueno y lo es porque nosotros ya no estamos acostumbrados a que llueva, pero la realidad es que si miramos para atrás no llueve ni una cuarta parte de lo que tendría que llover. Lo más probable es que cuando lleguemos a verano tengamos falta de agua otra vez, aunque esté lloviendo ahora. Estamos asustados porque ha llovido mucho en comparación a los años secos que hemos tenido detrás. Pero si miramos registros en las estaciones meteorológicas, no hemos llegado ni por asomo a lo que llovió en el invierno de 2014, por ejemplo. No estamos hablando de hace tantos años, solo unos 12.
¿Alguna vez te han felicitado por atreverte a llevar una finca ecológica siendo tan joven?
Sí, normalmente la gente se extraña. Es complicado llegar a pensar que una persona de 30 años, siendo mujer, se vaya a dedicar a esto.
¿Le parece merecida esta felicitación?
No siento que me la merezca. Yo al final hago esto porque me gusta, porque es lo que siento y yo lo único que quiero encontrar en mi vida es la felicidad, pero encontrarla yo. No me hace falta que el vecino me diga “felicidades por dedicarte a esto”.
Aparte del plátano, ¿qué más se da en la finca Mar y Sol en Icod de los Vinos?
Todo tipo de hortalizas. Con los plátanos empecé antes de fallecer mi abuelo. Me dijo “toma, para que sigas el cultivo”. Porque yo no tenía ni idea de esto, para mí la platanera era un mundo nuevo. Yo en realidad me dedicaba a las hortalizas de todo tipo: papas, zanahorias, de hoja, cualquier cosa. Siempre he cultivado de todo un poco.
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