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Tenerife celebra su día: una jornada para ensalzar los símbolos y repensar el futuro

El Día de Tenerife permite mirarse al espejo y poner de relieve la identidad: del Teide a Los Sabandeños, de los guanches a las romerías

El Teide nevado, uno de los símbolos de Tenerife.

El Teide nevado, uno de los símbolos de Tenerife. / Arturo Jiménez

La Laguna

Paisajes, tradición, historia... La Isla se mira hoy al espejo de su identidad y se da cita con una oportunidad de oro para repensar su futuro, en unos tiempos de turismo y población disparados. Este 2 de febrero se celebra por primera vez el Día de Tenerife, impulsado por el Cabildo para reconocer a quienes han contribuido al progreso insular y para reivindicar lo que significa ser tinerfeño. El acto (Auditorio Adán Martín, 21:00 horas) tendrá lugar coincidiendo con la festividad de la Virgen de Candelaria, fiesta insular desde 2005 tras un decreto aprobado en 2004. «Esta decisión responde a la voluntad de que Tenerife tenga un día propio que represente lo que se es como isla, su historia compartida, sus tradiciones y, sobre todo, a su gente», argumentó el Cabildo tinerfeño cuando días atrás anunció la nueva iniciativa.

La conmemoración de esta noche, y esa oda a la historia y tradiciones que supone, obliga a poner la mirada en Tenerife y sus símbolos. Algunos los comparte con el resto del Archipiélago, como el sonido del timple, la lucha canaria, el salto del pastor, el gofio, las fiestas patronales con sus correspondientes procesiones y verbenas, o las parrandas improvisadas. Y después están los símbolos propios y ligados al paisaje, la historia y la vida social. Desde el Teide al Parque Rural de Anaga, pasando por iconos festivos y religiosos.

Probablemente el Teide, con sus 3.718 metros, es el símbolo que cuenta con mayor protagonismo. Es el corazón geográfico insular. La regulación de sus visitas ha estado recurrentemente de actualidad durante los últimos años, mientras que en fechas recientes se ha empezado a cobrar una ecotasa. Su historia se remonta a millones de años de actividad volcánica y ha sido montaña sagrada para los guanches –la llamaban Guayota–, además de referente turístico y científico en la actualidad. Prueba de su valor es que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2007.

Los guanches

El legado de esos primeros habitantes insulares que veían una montaña sagrada en el Teide sigue presente en la cultura tinerfeña. Su organización social, sus costumbres y su relación con la naturaleza han dejado huella en la toponimia, la arqueología y la memoria colectiva. Hay que añadirlos también, pues, a esta lista. Las piezas que los representan en el municipio de Candelaria ponen de relieve su influencia.

Si los guanches candelarieros son un lugar de visita obligada, también lo es (y probablemente lo esté siendo en exceso) el Parque Rural de Anaga, que destaca por su vegetación densa y su paisaje de laurisilva, barrancos y acantilados. Los municipios de Santa Cruz, La Laguna y Tegueste albergan una zona de excepcionales condiciones medioambientales que es Reserva de la Biosfera. Hoy uno de sus mayores problemas reside en un turismo desbocado que ha saturado algunas zonas. Sigue siendo, en cualquier caso, un lugar de innegable encanto. Sus miradores ofrecen panorámicas del mar, barrancos y caseríos.

El drago milenario, en Icod de los Vinos, es el árbol más conocido de Tenerife. Su edad se estima entre 800 y 1.000 años, y su tronco ancho y retorcido lo hace inconfundible. Más allá de su valor botánico, es un símbolo cultural y turístico que ha sido protagonista de exposiciones, campañas de promoción de la Isla y leyendas locales. Es uno de los lugares que deben ser visitados sí o sí en el Norte. Otras especies que cuentan con una relevancia especial son las tabaibas y cardones, vinculadas a paisajes áridos, especialmente en la costa y en zonas de medianías secas. Su resistencia a la sequía y su adaptación a suelos volcánicos muestran cómo la flora local ha evolucionado para sobrevivir en condiciones difíciles. Pueden ser entendidas como metáfora de resistencia.

El mar de nubes

A propósito del medio ambiente, no se puede perder de vista el mar de nubes, que cubre con frecuencia los valles y medianías de Tenerife, creando un espectáculo natural que cambia a lo largo del día. Este fenómeno, causado por la humedad atlántica y la orografía de la Isla, transforma el paisaje y mantiene la humedad de los bosques de medianías.

En ese recorrido por la geografía tinerfeña y sus símbolos, existe uno que pudiera pasar desapercibido y que es probable que se muestre más intangible que otros. No obstante, y al mismo tiempo, es uno de los elementos en los que la identidad insular se muestra en sus más puras esencias. Se trata de las medianías, ese espacio intermedio entre la costa y las cumbres, donde pervive una forma de vida auténtica que con magisterio describió Andrea Abreu en Panza de burro. Estas zonas fueron lugar de poblamiento para aprovechar las laderas para cultivar la tierra. Papas y viñas son algunos de los productos que se siguen cosechando. Pero, si algo sobresale, es la vida sencilla (y muchas veces sufrida) de sus gentes y el apego a la tradición. La vida real frente a la postal, el día a día del tinerfeño en contraposición a la story de Instagram en un ejercicio de postureo.

No hay duda de que La Laguna también debe formar parte del listado. La ciudad histórica fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Su trama urbana, sin murallas y calles rectas, sirvió de modelo para ciudades coloniales en América. Aquí hay que mirar también a La Orotava, con la que el centro lagunero guarda algún paralelismo. Las casas señoriales, con balcones de madera tallada, los patios interiores... muestran los ecos de otro tiempo.

Referentes religiosos

Precisamente en La Laguna, con su condición de sede episcopal, lo religioso mantiene un relativo protagonismo. No es lo que fue, pero algo queda. Y es lo religioso otro componente esencial de la identidad tinerfeña. La Virgen de Candelaria es objeto de peregrinaciones cada año (en torno al 15 de agosto y al 2 de febrero) y el Cristo de La Laguna ha sido venerado por siglos. Ambas imágenes son puntos de referencia para miles de personas.

Y, de la misma manera en que Tenerife es paisajísticamente una tierra de contrastes, en la relación de símbolos está lo más religioso y también lo más festivo. No podía faltar en ese crisol el Carnaval, una de las manifestaciones más reconocibles de Tenerife y que estos días calienta motores con sus concursos previos. Mención aparte merecen las romerías. Dos sobresalen: la de San Benito Abad, que tiene lugar en La Laguna cada segundo domingo de julio y que es la única que cuenta con el título de Regional, y la de Tegueste, que abre el calendario anual de grandes festejos de este tipo.

También es una romería la Bajada de la Virgen del Socorro, en Güímar, que cada edición reúne a miles de personas en una procesión que incorpora música y bailes tradicionales. La creatividad popular alcanza una de sus manifestaciones más distinguidas en las alfombras del Corpus Christi de La Orotava. Durante esta festividad, calles y plazas se cubren de tapices efímeros. Su confección requiere horas de trabajo paciente y la implicación de vecinos y artistas locales, que transforman el espacio urbano en una obra colectiva.

Gastronomía

Junto a estas manifestaciones festivas y simbólicas, la identidad tinerfeña también se construye alrededor de la mesa y de la despensa insular. Los guachinches, surgidos originalmente como establecimientos familiares para vender el vino de cosecha propia, forman hoy parte del imaginario colectivo de la Isla. Se encuentran, eso sí, desde hace largo tiempo ante la extraña situación de que otro tipo de locales, que no se ajustan a lo que inicialmente se entendía por guachinche, utilizan esta denominación para captar clientes.

La historia también aporta símbolos de fuerte carga identitaria. Cada 25 de julio, Santa Cruz recuerda con la Gesta cuando en 1797 la población tinerfeña logró derrotar a la flota de Horacio Nelson. Cabría destacar el Cañón Tigre como pieza representativa de aquella contienda en la que los ingleses pretendían conquistar la Isla y en la que, sin embargo, no pudieron con las fuerzas de defensa de la ciudad, las Milicias Canarias, bajo el mando del general Antonio Gutiérrez.

Y de Santa Cruz al Sur de Tenerife. El paisaje vuelve a aparecer como elemento esencial en lugares como los Acantilados de Los Gigantes. Estas paredes verticales de roca volcánica, que alcanzan hasta 600 metros sobre el nivel del mar, son fruto de procesos geológicos milenarios. Otro hito natural son las playas de arena negra, como Benijo, Almáciga o El Bollullo, que muestran la huella del origen volcánico de Tenerife. La arena es producto de antiguas erupciones y contrasta con el azul del mar y el verde de las cumbres.

Los Sabandeños

Y qué decir de una formación tan señera musicalmente como Los Sabandeños, nacida en 1965, o del Club Deportivo Tenerife, que ha logrado mantener el cariño de los tinerfeños incluso en los peores momentos. Son entidades que han trascendido su propia actividad para convertirse en símbolos colectivos que suscitan emociones y un sentimiento de pertenencia que va mucho más allá de los escenarios o de los estadios.

El Auditorio Adán Martín, donde hoy se celebra el Día de Tenerife y que vuelve a estar de actualidad por el mal estado de su exterior, también forma parte de esta relación de elementos reconocibles de la Isla. Se podría decir que se ha convertido en uno de los iconos de la capital y de Tenerife en su conjunto. El edificio alberga conciertos, óperas y espectáculos de proyección internacional, y este lunes será epicentro de lo tinerfeño.

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