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El alma del puchero de La Florida en La Orotava

Más de 4.000 kilos de diferentes verduras, carne y papas conquistan el paladar de 6.000 personas

Emblemático puchero del barrio de La Orotava

Andrés Gutiérrez

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

El puchero de La Florida tiene un ingrediente secreto. No es el amor, el tópico elemento de las recetas. El guiso tiene alma. Desde los vecinos más pequeños y hasta los más longevos. Todos colaboran este sábado 31 de enero en la elaboración de uno de los platos más típicos de la gastronomía canaria en el núcleo de medianías de La Orotava.

Muchos kilos de ingredientes

4.000 kilos de coles, carne, habichuelas, papas, piñas, garbanzas, calabazas, zanahorias, puerros, ajos, cebollas, perejil, gofio, chayotes, batatas, tocino y costillas se distribuyeron en 59 calderos en una hilera de fuego. Un grupo de seis o siete hombres se encarga de la candela del puchero que esperan probar 6.000 personas, según datos oficiales del Ayuntamiento de La Orotava. La cola para degustarlo da la vuelta al recinto ubicado en frente del campo de fútbol de La Florida. La veda al paladar se abre un poco antes de las 14:00 horas y al cabo de una hora anuncian por un altavoz que será posible repetir. A las miles de personas que están en la cola solo les falta aplaudir.

"Es un orgullo"

Lorenzo Hernández Pérez es ebanista de profesión, "de los pocos que quedan», dice ataviado con un delantal hecho de un material parecido a la madera para protegerse del intenso fuego. Se jubiló hace ocho años y desde entonces, siempre se implica en la realización del puchero de su barrio. "Nací y crecí en La Florida. Mis amigos de la infancia siguen aquí y yo hice esta fiesta cuando tenía 18 años. Es un orgullo", reconoce. Hernández explica que "cada uno sabe lo que tiene que hacer. Yo el viernes estuve cortando coles y el sábado 31 me toca en el fuego".

"Mi función es repartir el puchero", simplifica Valeria Hernández García. Es una tarea heredada y prueba de ello es que su madre, Rosalía García Morales, está a su derecha haciendo lo propio con el escaldón. "Llevo tres o cuatro años repartiendo, pero desde pequeña he ayudado en lo que se puede", explica mientras cumple los deseos de los que pasan por las mesas. Se oye: "Ponme una piñita", o también preguntan si "¿me lo puedes poner en un tupper?". La duda se la responde la voz de la experiencia, que es su madre.

El mejor de Canarias

La chica de La Florida continúa distribuyendo el guiso cuando le toca el turno a Severiano Machado. Le colman el plato. "Cuidado que se puede quemar», le advierten. Pero Machado, ataviado con un polo blanco con diferentes logotipos alusivos al C.D. Tenerife está más ocupado en asegurar que "el puchero de La Florida es el mejor de las Islas Canarias. Me encanta", justifica. Es originario del núcleo de La Orotava, pero vive en La Perdoma. "Me gusta mucho venir en un día como hoy a mi barrio. Vengo desde hace 10 años", confiesa.

El reparto no cesa ni un segundo. Como un ejército de hormigas, los vecinos de La Florida encadenan sus tareas de manera ordenada y progresiva para avanzar en el reparto. Unos dan platos y utensilios y se pasa automáticamente a los cuatro puestos de puchero y escaldón. Una joven avisa a gritos de que continúen hacia adelante, que hay más puestos libres. Esto se parece a los cajeros de las tiendas de las grandes superficies comerciales, solo falta una pantalla que avise de que ya es el turno de pasar por caja. Aunque aquí es gratis.

El futuro está garantizado

Las voces de unas señoras cantan alegremente. Son Anisia Acosta, Candelaria Acosta Pacheco, Miguelina Hernández Pacheco, Narcisa Luis Pacheco y Lilia García. Forman parte de la asociación de mayores del barrio y están atareadas desmenuzando el pollo, cortando el tocino y haciendo trocitos las costillas que se echan en el escaldón. "Lo hacemos con mucho amor y por colaborar. Si no, no estaríamos aquí", sueltan entre todas demostrando el cariño que le tienen a La Florida. Confiesan que son de las primeras en comerse el puchero, pero mientras trabajan sí que no se echan nada a la boca. Los años de implicación en la fiesta de San Antonio Abad varían en función de cada una, pero lo que todas tienen claro es que "el futuro está garantizado. Es que ya los padres están metidos en esto y los hijos les siguen", dicen al darle a un niño el cuenco con todos los trocitos que van directamente al escaldón.

Removiendo sin cesar

Y allí, removiendo sin cesar la mezcla, está Sergio Marrero. Dándole vueltas al mortero junto a otros compañeros, uniendo el gofio con el resto de ingredientes. "Es una gran ilusión compartir esto con toda la gente del barrio", dice contento y sin parar en su tarea. Marrero explica que "ya este año comenzamos con la transición para estar en los fuegos porque los mayores se están jubilando".

Un sabor contundente

El puchero de La Florida tiene un sabor contundente, como la unión de sus vecinos. El guiso conquista un año más a las miles de personas que lo prueban, aunque todos desconocen cuál es el verdadero ingrediente secreto.

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