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La lluvia rescata las charcas de Erjos

El humedal recupera el caudal de manera puntual y alcanza el nivel de 2019, último año en el que estuvo lleno de manera considerable

Las charcas de Erjos se llenan

María Pisaca

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

El sol se refleja presumido en el agua de las charcas de Erjos, entre Los Silos y El Tanque. Está todo verde esmeralda y el barro se pega a los zapatos. Los riachuelos corren por los senderos, pasando el líquido de una charca a otra sin más esfuerzo que la gravedad. Varios de los humedales, construidos de manera artificial al extraer tierra en los años setenta y ochenta del siglo pasado, están llenos y la gente pasea dando las gracias por el húmedo paisaje.

Las intensas lluvias de este invierno hacen que este humedal, una especie rara en Tenerife y el único del Parque Rural de Teno, recupere el caudal de manera puntual. "Esta situación no significa que las charcas de Erjos estén recuperadas", advierte el naturalista y ornitólogo, Juan José Ramos Melo. Se muestra escéptico ya que el nivel de agua es fruto de "un invierno poco habitual últimamente". Tiene un nivel de agua aproximado al que tuvo en 2019, último año en el que estuvo lleno de manera considerable.

Sensibilidad

Las charcas de Erjos son un lugar sensible a nivel ambiental. En medio de un llano y en una encrucijada de senderos, el visitante se encuentra con varios charcos de grandes dimensiones de agua dulce. Ramos Melo destaca las especies de flora invasoras que habitan allí: "Hay tojo y zarzas", enumera. Ahora, tras las intensas lluvias, espera que las aves migratorias vuelvan a criar en las charcas esta primavera. Ahora mismo, la fauna es muy escasa a pesar de ser un lugar en el que se suele ver garza real, alpispa, agachadiza común, guincho, vencejo, focha común, martinete, curruca cabecinegra, ranita meridional o gallineta común.

Respeto

El naturalista de Los Silos incide en el respeto por la zona húmeda: "Aunque sean unas charcas artificiales hay que respetar las láminas de agua, no salirse de los senderos y caminos, no bañarse, no meter kayaks... no debemos causar molestias porque la fauna es delicada y escasa", argumenta.

Con frecuencia

Carmen Hernández Mendoza frecuenta mucho esta zona. "Ver las charcas así, con tanta agua, me recuerda a los viejos tiempos", dice la senderista procedente de Arona. Mientras se desarrolla la conversación, el caudal de agua recorre una pequeña pendiente haciendo trasvase de una charca a otra. "Da mucha alegría ver el agua corriendo. La semana pasada también vinimos y hoy, otra vez. Le estamos enseñando la zona a una amiga de Gran Canaria que está por ahí viendo los pájaros con unos prismáticos", explica.

El trasiego de personas es constante aunque no masivo: unos corren, otros se toman un descanso y comen mirando a la charca más grande, algunos simplemente están de paseo con el perro y algunos aprovechan para enseñarles a sus hijos el espectáculo de la naturaleza.

Libertad

Así lo hacen, Iván López y Óliver Encinoso. Sus hijos campan a sus anchas por la zona de las charcas de Erjos, lugar que conocen porque suelen venir al menos una vez al año. López confirma que "es cuando más agua he visto. La pena es que ya no hay tantas aves como antes". Por su parte, Encinoso visitó el paraje "no hace ni un mes y no había tanta agua. Se nota que ha cogido caudal con las últimas lluvias". Los hijos de ambos reconocen que les encanta ir al monte y salir a este tipo de paisajes.

"Necesitábamos el agua. Antes, hace unos años, era una pena venir aquí. Estaba todo seco. La gente pide sol y estoy seguro de que vendrá, pero esto era urgente. Ya habrá tiempo de calor y calima", afirma contundente uno de los padres. Están contentos con el actual invierno y creen que "no han sido lluvias malas. No han sido torrenciales, sino buenas y abundantes".

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