La memoria de la Villa: lo que esconde el Archivo Municipal de La Orotava
El Archivo Municipal de La Orotava conserva casi 20.000 documentos y más de 84.000 fotografías que se atesoran como testimonio de la vida en el municipio norteño

Archivo municipal La Orotava / Arturo Jiménez
En una casa antigua de fachadas de color amarillo el tiempo parece haberse detenido, pero para conservarse. Allí se encuentra el Archivo Municipal de La Orotava donde, entre grandes estanterías, aguardan fotografías, padrones municipales y hasta carteles de las fiestas de la Villa. En una de las imágenes, varios hombres realizan la matanza de un cerdo. En otra, un grupo de mujeres se agrupa y posan. Hay vendimias, romerías, caminos de tierra y miradas que no sabían que algún día serían parte de la historia de un municipio.
Las fotografías del núcleo de La Florida, tomadas entre los años cuarenta y cincuenta, no sólo retratan escenas cotidianas del mundo rural de La Orotava sino que son una de las joyas documentales del Archivo Municipal. Un espacio donde la memoria sobrevive gracias a que alguien decidió "no tirar una caja vieja a la basura". Así lo definen Lucas Castañeda y Antonio González, guardianes de esta joya histórica.

Retratos del barrio de La Florida / Arturo Jiménez
El Archivo Municipal del Ayuntamiento de La Orotava se encuentra desde el año 2000 en la calle San Sebastián 1. Se reubicó a su emplazamiento definitivo después de haber transitado otros dos enclaves. El archivo nació en la Casa Díaz Flores-Brier, en el cruce entre la calle Carrera del Escultor Estévez y la calle del Colegio. Sin embargo, un voraz incendio que sufrió la vivienda el 2 de junio de 1841, arrasando con toda la documentación, obligó a buscar un nuevo emplazamiento en la parte baja del propio ayuntamiento. "El archivo estaba en los sótanos de aquella casa. Había una cantidad inmensa de papel y se iluminaba con quinqués. Se quemó todo", explica Castañeda. Aquel suceso explica por qué no se conserva documentación municipal previa al siglo XIX.
Aún así, el volumen de lo que custodia a día de hoy el archivo llega hasta casi 20.000 documentos. "Si pusiéramos todas las cajas una junto a la otra, tendríamos casi tres kilómetros", apunta, por su parte, González. La mayor parte de los fondos han sido recabados por el ayuntamiento y abarcan desde el siglo XIX hasta 2024. El archivo, sin embargo, también conserva una gran parte de documentación privada fruto de donaciones, con piezas que remontan hasta 1472.
Testamentos y partidas de bautismo
El tesoro municipal más antiguo conservado es del siglo XV y procede precisamente de una donación. No es específico de La Orotava, sino información general vinculada a conventos, protocolos notariales, testamentos o partidas de bautismo. "Es documentación de cultura general, pero es valiosísima para entender la época", señala Castañeda. En lo que se refiere a estos fondos privados destaca el de Lugo-Viña y Massieu, el más importante del archivo por su amplitud cronológica y riqueza documental. Abarca desde 1476 hasta 1959 e incluye testamentos, correspondencia, cuentas y documentos judiciales de Canarias y la Península.
A su lado se encuentra el de la familia Nepomuceno, localizado de forma fortuita en un solar abandonado y depositado en el archivo en 2019. Su documentación, fechada entre 1655 y 1944, testimonia el desarrollo de la nueva burguesía en La Orotava a comienzos del siglo XIX. En 2024 se culminó su proceso de catalogación. A estos legados se suma el Fondo del Casino de La Orotava, sociedad fundada en 1853, cuya documentación reconstruye más de un siglo de vida social en la Villa.
El archivo conserva además 4.714 libros administrativos, 7.908 carteles, 3.137 programas y folletos, 2.276 audiovisuales, así como una biblioteca especializada en historia local y archivística. También custodia sellos de caucho y diverso material utilizado en el Ayuntamiento a lo largo del tiempo: plumas, máquinas de escribir, mimeógrafos, ciclostiles —antecedentes de la impresora—, cámaras fotográficas y de vídeo.
Un barrio rural
Sin embargo, uno de los fondos más valiosos es el fotográfico. El Archivo Municipal custodia 84.190 instantáneas, la mayor parte ya digitalizadas. Durante décadas, este fondo fue muy limitado. "Cuando empezamos, hace más de treinta años, casi no había fotografías. Dependíamos totalmente de las donaciones", recuerda Antonio González. Esa carencia explica el enorme valor de las imágenes de La Florida ya que se trata de la donación más numerosa del archivo, con más de mil instantáneas que documentan la vida cotidiana de un barrio rural entre los años treinta y cincuenta del siglo XX.
"Tenemos muchas fotos del casco histórico porque era lo más llamativo, pero prácticamente nada de otros barrios", explica González. En ese contexto, las imágenes de La Florida permiten observar faenas agrícolas, escenas familiares y formas de vida que, de otro modo, habrían quedado fuera del relato visual del municipio. A ellas se suma otra gran donación, la del aficionado a la historia local Domingo Luis, cuyos herederos entregaron cerca de mil instantáneas del casco antiguo.
Entre los materiales más singulares se encuentran también placas fotográficas realizadas por un fotógrafo militar alemán a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Utilizaba una tecnología compleja que requería largos tiempos de exposición, pero ofrecía una nitidez excepcional. "Atesoramos incluso los catálogos de los pedidos que hacía y sabemos que revelaba las fotos en su propia casa", señala Castañeda. Algunas de esas placas retratan romerías en La Orotava, mientras que otras documentan la construcción del ferrocarril en Namibia.

Imagen de una romería tomada por un fotógrafo alemán / Arturo Jiménez
La imagen más antigua del archivo data de alrededor de 1860 y es el retrato de una mujer. Su datación fue posible gracias al sello del fotógrafo y a la dirección del estudio, que solo estuvo activo durante dos años. Ese trabajo de catalogación convive con una labor constante de conservación. Hay documentos en pergamino, elaborados con piel de cabritilla, y en vitela, un material aún más fino. Muchos presentan rastros de insectos o daños provocados por tintas antiguas con alto contenido en hierro, que han terminado oxidando y rompiendo el papel.
La conservación ha llevado a iniciar un ambicioso proceso de digitalización. Por ejemplo en uno de los fondos más consultados, como son los padrones municipales, fundamentales tanto para la investigación histórica como para trámites administrativos actuales. En el último año se han escaneado entre 30.000 y 40.000 páginas, completando los padrones del siglo XIX. "Hay documentos que ya no se pueden abrir sin que se rompan, por ello los estamos digitalizando", explica González.
Pionero en Canarias
Sin embargo, el archivo no solo cuenta con documentos y fotografías. Es pionero en Canarias en recoger testimonios orales de entrevistas sobre agricultura y la vida cotidiana. También atiende a peticiones de investigadores y familias que, a través de la web, pueden solicitar copias de expedientes o partidas. "Hace poco nos habló un historiador de la Península que estaba realizando un trabajo sobre las salinas y necesitaba documentación que teníamos", narra Castañeda. También reciben visitas de colegios e institutos, donde el alumnado aprende a escribir con pluma y tinta y conoce cómo se conserva un documento histórico.
Con el propósito de acercar el archivo a las nuevas generaciones, el Ayuntamiento tiene previsto poner en marcha el proyecto Apadrina un documento, dirigido a los centros educativos de la Villa. La iniciativa permitirá que niños y niñas elijan un documento histórico, lo "apadrinen" simbólicamente y reciban una copia. Una experiencia similar a apadrinar un animal, pero aplicada al patrimonio documental. El objetivo es generar vínculo, conciencia y respeto por la memoria histórica desde edades tempranas.
Porque ese sigue siendo el mayor reto. "Lo más normal es que la documentación y las fotografías acaben en la basura", lamenta Antonio González. Muchas personas no saben lo que guardan o no pueden hacerse cargo de ello. Por eso, la digitalización, la divulgación y los proyectos educativos se han convertido en herramientas clave para evitar nuevas pérdidas.
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