La masonería tiene cobijo en la capital
Ser masón, una vocación de riesgo
Acusados de numerosos delitos, desde torturar a niños en sus templos hasta causar la pérdida de las colonias españoles en el desastre del 98, diversos investigadores tratan de devolver el prestigio a estos librepensadores.

Ser masón, una vocación de riesgo / El Día
Marta Cantero
¿Qué es la masonería? La pregunta puede parecer una perogrullada, pero el desprestigio al que ha sido sometida a lo largo de la historia ha creado sobre ella una nebulosa de tal calibre que casi no deja ver lo que oculta. ¿Qué ha sido realmente: una organización de librepensadores que actuó como punta de lanza en la defensa de los valores progresistas, un grupo clandestino de conspiradores que manejó los hilos del poder o una secta integrada por adeptos que atentan contra la Iglesia y los Estados?
«La primera respuesta a estas preguntas es que no podemos hablar de la masonería, en singular, sino de las masonerías, en plural, porque es un movimiento con siglos de historia y una evolución distinta según el tiempo y la geografía», puntualiza Pedro Álvarez Lázaro, jesuita, catedrático de Historia en la Universidad Pontificia de Comillas y uno de los investigadores más significados del país sobre la masonería.
Su origen se remonta a los gremios de constructores que, entre los siglos XII y XVI, levantaron catedrales y castillos. Esta unión derivó en una masonería moderna cuando las antiguas logias aceptaron a miembros de otras profesiones. En todos los casos, la masonería estaba reservada a los iniciados, sometidos a estrictas normas de aprendizaje que aún perduran.
Todo esto ocurre primero en Inglaterra, desde donde se expande a Francia, Alemania, Estados Unidos, América, Asia y África, convirtiéndose en una red universal con el objetivo de trabajar por el progreso de la humanidad. ¿La causa del rechazo histórico? Pedro Álvarez lo tiene claro: «Su secretismo».
Entre sus grandes enemigos, la Iglesia y Franco, que se obsesionó con acabar con ella
El universo masón se mueve con una ritualidad, simbología y lenguaje propios, con normas rígidas y protocolarias. Este espacio vedado al resto de la sociedad ha sido al mismo tiempo su protección y su talón de Aquiles, al alimentar la desconfianza y los ataques externos.
La masofobia de Franco
En España, la represión contra la masonería se intensifica a partir de 1936, durante todo el régimen franquista. El odio de Franco a los masones está documentado en numerosos artículos firmados como Jakim Boor, donde los culpaba del liberalismo y la democracia, calificándolos como «un instrumento de la anti-España».
Franco creó el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, activo entre 1940 y 1963, que incoó 27.085 expedientes, incluidos 300 contra mujeres. Incluso en su último discurso en 1975, mantuvo su obsesión con el «contubernio judeo-masónico».
Aunque hay masonas ilustres y pese a defender la igualdad, al principio vetaron la presencia de mujeres
El Tribunal de la Inquisición también persiguió a masones, denominados filósofos, libertinos o materialistas. En Tenerife tuvo lugar el primer juicio inquisitorial contra un masón, el comerciante irlandés Alejandro French, entre 1739 y 1742, un caso clave para conocer la iniciación en la francmasonería.
Otro momento delicado fue tras el desastre del 98, cuando los masones fueron señalados como responsables. En ese periodo se construyó en Santa Cruz de Tenerife el único Templo Masónico conservado, símbolo de resistencia y reivindicación pública.
Un ateo no puede ser masón, debe creer en algún ser superior y en la inmortalidad del alma
La masonería se concibe como una escuela de formación, basada en valores de igualdad, tolerancia y fraternidad, aunque ha tenido que gestionar contradicciones internas, como la exclusión de las mujeres o su conflictiva relación con la Iglesia Católica.
En 1713, el papa Clemente XII prohibió a los católicos pertenecer a la masonería mediante la bula In Eminenti, alimentando la demonización y las teorías conspirativas.
Las masonas se anticipan al feminismo
Las mujeres masonas representaron un protofeminismo, defendiendo la igualdad de derechos, la escuela laica y el pensamiento crítico. Existieron logias mixtas, logias de adopción y otras que vetaron la presencia femenina.
El primer juicio de la Inquisición contra un masón tuvo lugar en Tenerife entre los años 1739 y 1742
En Canarias, la masonería no fue un fenómeno residual. Más de 1.500 masones pasaron por las logias isleñas, entre ellos comerciantes, propietarios y figuras públicas como Jerónimo Saavedra.
Los masones han sido acusados de conspiraciones globales, rituales macabros y crímenes inexistentes. En la actualidad, una Ley de Reparación de los Masones busca anular las condenas franquistas y restituir su honor y dignidad.
Hoy persiste la pregunta: ¿qué sentido tiene ser masón hoy? Para Álvarez Lázaro, mientras se vulneren los derechos humanos, la masonería seguirá teniendo razón de ser. Parece, pues, que queda masonería para rato.
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