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Taucho en Adeje: el auténtico sur de Tenerife

Situado en la medianía, se aleja del caos turístico corriendo un tupido velo y descubriendo las raíces más genuinas del territorio canario

Taucho en Adeje, sur de Tenerife

Arturo Jiménez

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

El secreto de Leandra Martín González para estar a punto de cumplir 95 años es "vivir bien", se ríe. Aunque ya no vive en Taucho, pasó gran parte de su vida allí, en un balcón hacia el océano Atlántico. En un trozo de tierra que es el auténtico sur de Tenerife.

Un tupido velo

El núcleo de medianías de Adeje se aleja, en sentido figurado, del caos turístico que vive a escasos kilómetros, en la costa. Para ello se corre un tupido velo, compuesto por la conservada arquitectura tradicional canaria, por calles estrechas y sinuosas, por graneros medio derruidos y por pencas ya secas que descubren las raíces más genuinas del territorio canario.

Blanco como el algodón

Martín González responde a las preguntas con soltura y una claridad mental apabullante. Le falla algo el oído, pero ella se las arregla. Su frondoso pelo corto, más blanco que el algodón, es liso. Viene abrigada porque las medianías del sur de Tenerife sorprenden. De hecho, recuerda que antes, en invierno, se iban tres meses para Los Menores, justo debajo de Taucho, para no pasar frío. Allí nació, porque lo hizo el 1 de marzo. Tuvo la suerte de acudir a la escuela hasta los 16 años sin necesidad de trabajar, por lo que su infancia fue feliz.

Agricultura

No obstante, recuerda que la gente se dedicaba a la agricultura, "al cultivo del trigo, la cebada y el cereal; a arar todo el día la tierra con las bestias, con vacas, cabras, caballos y burros. Eran bestias porque antes no había coches para trabajar y tampoco había carretera". En este punto, para el alegato y mira a una de sus hijas: "¿Y quedará alguna bestia ya en Taucho?".

Solo 10

El barrio de Adeje cuenta con unas 200 personas en el padrón, aunque las hijas de Leandra recuerdan que hubo un momento, en la década de los setenta del pasado siglo, en el que caserío se vació de manera extrema quedando apenas 10 habitantes. Es un dato que refrenda la matriarca y también lo hace Román Álvarez Ramos. "Manito, ven a ayudarme que tú te acuerdas de más cosas que yo", le reclama Martín González. El cariñoso diminutivo provoca las risas y él, muy obediente, se sienta a su lado. También peina pelo cano y en cuanto comienza a hablar se descubre su diplomacia y sabiduría.

Un enamorado de la Historia

Álvarez Ramos se posa a su derecha. Aunque no es un académico profesional, es un enamorado de la historia y la cultura de Canarias. También del lugar de donde procede. Por eso, abruma con los datos aportados en cuanto a la fundación del caserío que lo vio crecer y marcharse en dos ocasiones: una, a Venezuela y otra, a Inglaterra. Pero siempre vuelve. "A mí me gusta esto. Creo que todo lo que sé es por las historias que me contaba mi abuela", razona. Enlaza de una manera trepidante las ramas familiares de los señores que se instalaron allí y va señalando dónde ubicaron sus propiedades cada uno de ellos con sus respectivos graneros o tierras.

1496

Los primeros testimonios documentales de la vida en Taucho datan de 1496, año de fundación de municipios como San Cristóbal de La Laguna o Garachico. El caserío de Adeje está considerado uno de los asentamientos más antiguos de las medianías de Tenerife y su arquitectura no lo esconde: se usan materiales locales como la piedra, la tea o la teja que cubre los techos en dos vertientes. Los muros son casi en su totalidad de mampostería con mortero de barro y vanos de madera de tea. La responsabilidad parece ser otra de las materias primas importantes porque, aunque algún inmueble luce derrumbado por el paso del tiempo, la gran parte de las casas están bien conservadas, con cariño.

Alquiler vacacional

La agricultura dio paso al turismo y el alquiler vacacional se extiende por las calles de Taucho. Del mismo modo que Leandra Martín González se preguntaba si quedaban bestias en el terreno que la vio nacer, piensa que ahora mismo la gente que hay "no es de aquí. Yo voy por la calle y seguro que no conozco a nadie". Su vecino la acompaña en el testimonio. Él tampoco vive allí por motivos laborales. Ir a trabajar desde Taucho le suponía mucho esfuerzo y por eso se marchó. Como la gran mayoría. "La gente joven se marcha porque no quieren trabajar en la agricultura. Aquí todavía queda alguien que siembra, pero ni por asomo como antes", define.

32 curvas

En cuanto a los accesos al núcleo de medianías sureño, la vía está bien asfaltada aunque tiene muchísimas curvas. Al mencionarlo, se oye un número: "32", pronunciado por una de las hijas de Martín González, que da en el clavo. "Antes no había carretera", anuncia Leandra asombrada, como si la mente le retrocediera 80 años. "Después hicieron la pista, compramos un jeep para subir y también subían en burros y mulas", recuerda. Román interviene y recuerda cómo su profesor llegó en mulo a Taucho, cuando él tenía cinco años. Según sus cálculos, la pista se creó en 1963 y el asfalto llegó una década después, aproximadamente.

Álvarez Ramos recuerda que antes la gente se reunía todos los fines de semana en dos o tres salones particulares para hacer parrandas y bailar. "Eso ya se perdió. Pero hubo una época preciosa en la que todo el mundo se reunía para disfrutar", explica y hace el gesto de tocar la guitarra. Menciona también las festividades de la Virgen del Socorro y de Santa Margarita, que se celebran en el barrio.

Sin médico

En Taucho no hay supermercado, "aunque antes había dos ventitas. Allí comprábamos el azúcar y el café", añora la más longeva de los allí presentes. Nunca ha habido médico. "Siempre hemos tenido que ir Adeje. Si antes había una urgencia, imagino que era por la pista o vereda para abajo en un burro o un mulo", supone Álvarez Ramos. Sí que hay un bar, del mismo nombre que el barrio, y a su alrededor se ve el movimiento. Varios turistas se acercan y también vecinos de la zona.

Eterna autenticidad

El atardecer pinta de dorado las calles del caserío de Adeje. El sol cae suavemente sobre el mar, que se ve grandioso desde allí. Si se alza la vista hacia el este, se asoma el pinar. Quizá, el único secreto de Leandra Martín González para conservar intactas las ganas de vivir sea Taucho. Porque la autenticidad es eterna.

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