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Calma chicha en el Juan Sebastián de Elcano un año después de la Princesa Leonor

La ausencia de la heredera de la Corona evitó las multitudes de hace un año para visitar el buque escuela

Salvador Lachica

Salvador Lachica

Santa Cruz de Tenerife

En el argot náutico, calma chicha es sinónimo de tranquilidad absoluta del viento y de la mar. Esa placidez la notó el buque escuela 'Juan Sebastián de Elcano' un año después del atraque en el que a bordo iba la Princesa Leonor. Este sábado, primó el lento goteo de visitantes frente a las colas de dos horas para acceder al navío y las 3.000 visitas al día que recibió el navío en 2025.

La ausencia de la heredera a la Corona, el tiempo desapacible y la fina lluvia intermitente marcaron la 63ª escala del emblemático hotel escuela en el puerto de Santa Cruz de Tenerife en su 98ª travesía de instrucción -una joven cadete incluso puso un cartelito avisando que estaba en un examen y que, por favor, nadie llamara a la puerta- para convertir a los guardiamarinas en auténticos 'lobos de mar' y futuros oficiales de la Armada. Sin el aliciente de poder ver a la heredera de la Corona de España y con mal tiempo, los 'chichas' dejaron atrás la tumultuosa ansia de hace un año para subir la pasarela de la goleta bergantín de 113,10 metros de eslora (largo) y 13 metros de manga (ancho).

Sin embargo, la fascinación que ejercen los veleros, sobre todo en las generaciones que crecieron leyendo o viendo películas de aventuras de piratas, es como un imán y en estas jornadas abiertas al público personas como Sandro y Elena, que residen en Adeje pero estaban de compras en Santa Cruz, llevaron a sus hijos Carlos y Alejandro a pasear por las siete cubiertas y hacerse fotografías como recuerdo en todas las escotillas, botavaras y jarcias que encontraban por el camino. "¿Dónde están las velas?", preguntó el pequeño de cinco años. "Guardadas para que no se rompan", respondió su madre ante el gesto de decepción del menudo, que se metió las manos en los bolsillos y agachó la cabeza durante el resto del trayecto.

Varias mujeres preguntan a un guardiamarina por la vida a bordo.

Varias mujeres preguntan a un guardiamarina por la vida a bordo. / Arturo Jiménez

El capitán Nemo y Sandokán

"¿No se marean?", preguntó una curiosa Andrea , de siete años, a su abuela mientras las dos esperaban el turno para subir unas escaleras. "A mí un marinero me dijo que para evitar el mareo había que comer manzanas verdes", comentó Pili, de Buenavista, que se encontraba detrás de Andrea en la fila.

"Mira, ese palo se llama 'Nautilus', como el submarino del capitán Nemo", comentó el abuelo Esteban a su nieto Yeray. "¿Y ese quién es?", respondió el crío. "No has leído '20.000 leguas de viaje submarino'? A ver si luego en casa busco la peli y la vemos juntos esta tarde", contestó el abuelo con una voz mezcla de nostalgia y aceptación de que su infancia y la de su nieto son muy distintas. "Mejor no le pregunto por Sandokán", murmuró socarrón a la oreja de su acompañante, que era de su misma quinta.

Dos visitantes se hacen un selfi de recuerdo

Dos visitantes se hacen un selfi de recuerdo / Arturo Jiménez

"Tengan cuidado"

Otra pareja gallega se interesó por la vida a bordo de los tripulantes y asaetaron con muchas preguntas a varios suboficiales y guardiamarinas: "¿Y ahora dónde van?". "Vamos a Trinidad y Tobago, cerca de Venezuela". "Pues tengan mucho cuidado por esas aguas que no están las cosas muy bien por allá". "De momento no hay órdenes de cambiar de puerto".

"¿Por qué hay dos timones?", se interesó Juani, de Granadilla de Abona. "En realidad usamos este que está aquí arriba, el otro, el que es más grande solo sirve como pieza de museo", contestó el cadete.

El buque parte el 18 de enero rumbo al Caribe y dirá adiós al puerto tinerfeño hasta el próximo mes de enero, cuando haga su 64ª escala.

Embajador flotante

El Juan Sebastián Elcano es un bergantín goleta de cuatro palos –llamados Nautilus, Blanca, Almansa y Asturias­– cuya misión principal es la formación para guardiamarinas, y por ello se le considera el embajador flotante de España en el mundo.

Diseñado para navegación a vela clásica, aunque tiene un motor diésel, cuenta con 20 velas que suman 3.151 metros cuadrados de superficie y sus dimensiones son 113,10 metros de eslora, 13,11 de manga y seis metros de calado.

Posee cañones de 37 mm y ametralladoras ­para salvas y ejercicios, pero no armamento de combate.

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