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El apunte. Impulso a la descarbonización

Las balsas de Tenerife se recuperan tras las lluvias y garantizan el riego del campo en verano

Un recorrido de norte a sur por Valle Molina, San Antonio y El Saltadero evidencia el aumento del agua en unos embalses que están a más del 56% de su capacidad

Así están las balsas de Tenerife

Arturo Jiménez

Santa Cruz de Tenerife

Un recorrido por algunas de las 20 balsas operativas de la red del Cabildo en Tenerife evidencia que el agua caída en las últimas semanas ha mejorado mucho las reservas, que ya no se puede hablar de sequía y que el riego del campo está garantizado para el próximo verano. Las precipitaciones de las sucesivas borrascas de finales de otoño y principios de invierno, junto a una primavera húmeda, son los factores fundamentales, además de la depuración y la desalación, para dar forma al paisaje de un caudal repleto. Así se encuentran las balsas de Valle Molina (Tegueste), San Antonio (La Matanza) y El Saltadero (Granadilla). El volumen medio del almacenamiento de todas las balsas supera ya el 56%, 2,7 millones de metros cúbicos.

Valentín González, consejero de Sector Primario en el Cabildo de Tenerife, llama a la prudencia durante la visita a estos tres depósitos al aire libre y ofrece un dato concluyente. Los cinco millones de metros cúbicos de capacidad total de los embalses de Tenerife deberían multiplicarse casi por cinco y estar completamente llenos para garantizar el consumo anual en los contadores de los 11.258 abonados, desde grandes empresas agrícolas a pequeños productores. Al cierre de 2024, el volumen suministrado fue de 23.250.334 metros cúbicos y la tendencia fue similar en 2025.

La ruta comienza en Valle Molina donde esperan Benigno Quintero, ingeniero agrícola realejero y uno de los ‘cerebros’ de Balten, y el operario Rubén Gutiérrez. Igual que luego Felipe Pacheco en San Antonio o Juan Guinovart en El Saltadero demuestran que lo mejor de esta empresa del Cabildo es su plantilla de 40 efectivos. Unos recursos humanos que prueban su experiencia y nivel cuando explican los detalles técnicos de cotas, desagües, aliviaderos, coronación, perímetros o caudales. Todo un mundo entre redes de tuberías. Ellos aguantan las angustiosas llamadas de los agricultores cuando no hay agua que son el fruto de la desesperación y se han repetido los últimos años. Por eso están contentos al ver llenas las balsas.

BALSA DE VALLE MOLINA. Suministra al campo de la comarca nordeste de la Isla formada por los municipios de Tegueste, donde se ubica, La Laguna (Valle de Guerra y Tejina) y Tacoronte. En un perímetros de mil metros tiene una capacidad de 614.373 metros cúbicos y está llena al cíen por cien. Se nutre del barranco de Los Rodeos o del tomadero del de Santos y también del agua regenerada «de calidad».  | A. J.

BALSA DE VALLE MOLINA. Suministra al campo de la comarca nordeste de la Isla formada por los municipios de Tegueste, donde se ubica, La Laguna (Valle de Guerra y Tejina) y Tacoronte. En un perímetros de mil metros tiene una capacidad de 614.373 metros cúbicos y está llena al cíen por cien. Se nutre del barranco de Los Rodeos o del tomadero del de Santos y también del agua regenerada «de calidad». | A. J.

Benigno apunta que el espectáculo incluso hubiera sido más vistoso en un día sin viento. Entonces la lámina de agua se convierte en un espejo capaz de reflejar, por ejemplo, el Teide nevado al fondo en el caso de La Matanza. Comenta que alrededor de las balsas se desarrolla todo un ecosistema de fauna y flora que, incluso atrae el interés de los científicos. Como si escuchara, de repente se divisa un solitario pato, un punto blanco que nada sobre la superficie de un azul diáfano. Benigno y Rubén trabajan en la zona 5, una de las seis en las que se divide la Isla en la geografía del agua –la sexta es enorme, pues corresponde a toda la vertiente sur–.

La 5 abarca la parte baja de El Sauzal, La Laguna, con Tejina y Valle de Guerra como puntos claves, y Tegueste. En total, unos 2.800 contadores. Valoran que «no es normal que la balsa esté tan llena estas alturas. Los últimos años ha habido más salidas de agua que acumulación». Quintero indica que «el invierno ha venido más pronto de lo habitual, en diciembre, y bastante húmedo». El agua llega a Valle Molina desde la depuradora del Nordeste, a través de un tratamiento terciario de regeneración de residuales con bombeo. Aparte recibe aportaciones de los barrancos de Santos y Los Rodeos, además de pequeños caudales de pozos de la zona.

Recuerdan los trabajadores que el agua regenerada no es algo nuevo, sino que «ya la utilizamos hace seis o siete años y supone un flujo muy constante». La que se depura en la infraestructura de Valle de Guerra parte de Tacoronte, La Laguna y otras zonas del este. Luego es tratada con electrodiálisis.

La red de distribución

Benigno Quintero apostilla que «al principio los agricultores la rechazaban por los prejuicios sobre su origen, pero ahora la reclaman». Se distribuye gracias a una red de tuberías que reparten el preciado líquido por parcelas, fincas y huertas, grandes y pequeñas. A los 2.300 abonados directos de Valle Molina. Con la presión adecuada y el correspondiente registro en los contadores individuales. Como en el suministro urbano a las viviendas. Tienen sus tarifas y señala el ingeniero que «básicamente se paga lo que se gasta». Incluido el imprescindible mantenimiento del que se ocupa un equipo específico porque «suelen romperse tuberías u otros materiales».

BALSA DE SAN ANTONIO. Las placas fotovoltaicas le dan una apariencia peculiar a la balsa de San Antonio, en La Matanza de Acentejo. Con un perírmetro de unos 500 meros riega tierras de ese municipio, La Victoria, Santa Úrsula, El Sauzal y Tacoronte. Durante la visita estaba llena en sus 157.008 metros cúbicos de capacidad. El barranco de su mismo nombe es el principal receptor del agua.

BALSA DE SAN ANTONIO. Las placas fotovoltaicas le dan una apariencia peculiar a la balsa de San Antonio, en La Matanza de Acentejo. Con un perírmetro de unos 500 meros riega tierras de ese municipio, La Victoria, Santa Úrsula, El Sauzal y Tacoronte. Durante la visita estaba llena en sus 157.008 metros cúbicos de capacidad. El barranco de su mismo nombe es el principal receptor del agua.

El consejero Valentín González se incorpora a la ruta. Valora el paso beneficioso de las borrascas Claudia, Emilia y Francis por las lluvias asociadas, pero mantiene el discurso de la prudencia. En apenas unos días, tomando como referencia el pasado 1 de enero, las balsas han subido un 4%, sobre 100.000 metros cúbicos, hasta alcanzar el 56%.

Las cifras tras las lluvias

Respecto al mes pasado, el aumento es de 897.774 metros cúbicos, del 34% al 52% de 1 de diciembre a 1 de enero. También resulta esclarecedora la comparativa interanual. De 2,6 millones ahora a 1,9 en la misma fecha del año anterior, lo cual supone un 14%, 670.052 metros cúbicos, de crecimiento. «Un alivio importante junto a la menor demanda de los agricultores como consecuencia» resume González. En el Sur, el balance es ligeramente mejor que en el Norte con el 59% frente al 54% de llenado, respectivamente. Es un dato habitual motivado por el mayor uso del agua regenerada en las balsas de la vertiente de sotavento.

Durante el recorrido circular por Valle Molina, Valentín González destaca que «hay balsas llenas como esta pero otras, caso de Montaña de Taco, en Buenavista del Norte, o La Cruz Santa, en Los Realejos, que acumulan un 35% y un 24%, respectivamente». Por eso, hay que seguir pendientes de la evolución de la climatología, pero «si se mantienen estas lluvias en invierno, tendremos unas reservas importantes en verano». En años anteriores no llovió y las balsas estaban entre el 10% y el 20% de media. Ahora, la ecuación agua de lluvia más regenerada permite tener seguridad hídrica.

Durante el camino surge la pregunta de por qué no es asumible en Tenerife el modelo de grandes presas de Gran Canaria. La respuesta es «por la orografía». Con excepciones como Trevejos, en Vilaflor, que tiene tomaderos; es decir, recoge agua de la lluvia cuando es abundante como estos últimos días, además de nutrirse de la regenerada. En otros muchos casos se carece de receptores directos. Benigno Quintero lo explica: «Se debe al terreno volcánico que es muy poroso y el agua se filtra».

De Tegueste a La Matanza. Allí está la balsa de San Antonio (más pequeña, 500 metros de diámetro, por los mil de Valle Molina). Destacan los paneles fotovoltaicos sobre la lámina de agua y la imponente imagen del Teide nevado de fondo. Felipe Pacheco es el encargado y la cara visible en su lugar de trabajo desde hace ya unos cuantos años.

BALSA DE EL SALTADERO. Situada en Ganadilla, tiene una capacidad de 463.855 metros cúbicos y se encuentra al 80% (367.382). Nutre sobre todo invernaderos de Arona y parte de Granadilla. El barranco de Santos, convertido estos días de lluvia en manantial, es su principal emisor. Destaca la cubierta recogida que en su día evitó el abrevadero de gaviotas y el peligro por la proximidad del aeropuerto del Sur.

BALSA DE EL SALTADERO. Situada en Ganadilla, tiene una capacidad de 463.855 metros cúbicos y se encuentra al 80% (367.382). Nutre sobre todo invernaderos de Arona y parte de Granadilla. El barranco de Santos, convertido estos días de lluvia en manantial, es su principal emisor. Destaca la cubierta recogida que en su día evitó el abrevadero de gaviotas y el peligro por la proximidad del aeropuerto del Sur.

Las energías renovables

Felipe muestra el modelo de descarbonización con energía renovable, en este caso fotovoltaica, que se ensaya para llevarlo al resto de las balsas. Felipe, como el resto de la plantilla, muestra su orgullo de pertenencia a Balten. San Antonio está en la Zona 4 de la Isla y abastece a cinco municipios. Y del norte al sur. Al Saltadero de Granadilla donde, nunca mejor dicho, se saltó para comprobar el estado de las seis infraestructuras de la zona. Ejerce de anfitrión Juan Guinovart, 31 años en la empresa y 27 como encargado. Mientas pasea por el perímetro de 720 metros, recuerda los tiempos en los que la balsa estaba cubierta y se manifiesta satisfecho por verla llena con la aportación de agua desalada.

Valentín González recuerda que la Isla sigue en emergencia hídrica, declarada en mayo de 2024 y vigente tras la última prorroga hasta el 28 de febrero. El consejero remite a una próxima Mesa de la sequía, todavía sin concretar, pero antes de esa fecha, para decidir «entre todos los agentes implicados» si se levanta la declaración. González subraya que el pasado año hidrográfico (del 1 de octubre de 2024 al 30 de septiembre de 2025) la lluvia se retrasó muchísimo, hasta marzo y abril, lo que originó «una situación muy complicada y delicada». Ahora se adelantaron las borrascas, lo cual ayuda a que el balance hídrico sea más optimista por el incremento de las reservas.

Insiste el consejero en que se han cumplido o están en proceso de ejecución para culminarlas las 75 medidas, incluidas obras hidráulicas, impulsadas en el marco de la emergencia hídrica.

Las balsas de Tenerife están a algo más de la mitad de su capacidad. Las recientes precipitaciones mejoran notablemente las reservas, pero los cinco millones de metros cúbicos de capacidad total están lejos de los 25 millones anuales que demandan los agricultores de la Isla. Cinco veces más. Por eso hay que guardar esa prudencia, aunque no haya mejor remedio para la sequía pertinaz que el agua de la lluvia. Que no falte.

San Antonio comienza el camino hacia la energía limpia

El Cabildo de Tenerife invirtió 350.000 euros en dar el primer paso del plan de descarbonización de Balten con la balsa de San Antonio como escenario inicial y proyecto piloto a través de la instalación pionera de placas fotovoltaicas flotantes. Iniciativa única en Canarias, persigue enlazar el concepto de eficiencia con la gestión del agua. Los objetivos son mejorar el autoconsumo de las instalaciones, ahorrar en energía y contaminar menos. En este sentido, el cálculo es que se logre evitar el vertido de 124 toneladas de CO2 a la atmósfera, el equivalente a plantar unos 6.200 árboles. Además, la actuación implica una mayor eficiencia en la gestión del agua que adquiere mayor importancia ante la emergencia hídrica declarada en la Isla. Las fotovoltaicas instaladas en la lámina de agua tienen un ángulo de inclinación de 15 grados y placas bifaciales, de forma que pueden obtener energía directamente del sol o de la que se refleja en la superficie. El sistema se trasladará progresivamente a otras balsas de la red como la del Valle de San Lorenzo, actualmente en obras, en el sur. Quedará cubierto el 50% de la lámina de agua, con una producción de prácticamente un mega, que se podrá utilizar para cubrir la demanda de la planta desaladora de agua depurada de San Lorenzo. También se podrá compartir esa energía con la depuradora comarcal de Montaña Reverón, que está previsto que se ponga en servicio durante el primer semestre de este año.

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