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Ganadería en Tenerife: mucho amor, poca recompensa

Tacoronte acoge el concurso de arrastre ganado que inaugura los actos en honor a San Antonio Abad

La ganadera Mercedes Pérez durante la prueba de arrastre.

La ganadera Mercedes Pérez durante la prueba de arrastre. / Andrés Gutiérrez

Tacoronte

“Lo que nos mueve es el amor por la ganadería porque hay poca recompensa, no festivos, ni vacaciones, esto es 365 días al año”. Así resume Mercedes Pérez Marrero, ganadera de La Laguna con 30 años de experiencia, el sacrificio por una actividad que casi heroicamente sacan adelante los ganaderos tinerfeños. Un colectivo que este domingo 11 de enero se reunió en la que fue la primera cita de la temporada de arrastre, con la celebración del 38 Concurso de Arrastre de Ganado Fundación Tenerife Rural-Trofeo Gobierno de Canarias. Los alrededores del Mercadillo del Agricultor fueron el lugar escogido para el certamen, en el que participaron más de 40 yuntas formadas por vacas y toros de entre 600 y 1.100 kilos.

El objetivo es dirigir a cada pareja de animales en un recorrido de 70 metros de distancia, mientras arrastran una carga que varía en función de su peso. Tienen que terminarlo antes de tres minutos y la victoria se la lleva el más rápido. Aunque el ojo experto también valora otras cosas. Ramón Díaz, ganadero con más de 20 años en el sector, explica que también se tiene muy en cuenta la pericia de quien los dirige, “la destreza que tiene para llamarlos y poder sacarlos cuando se quedan parados para que sigan caminando”. En su caso no fue él mismo sino su cuñado el que participó en el concurso, pero intenta inculcar a las nuevas generaciones que deben continuar con esta tradición.

Díaz no solo vive de esta actividad, tiene otro trabajo, y la ganadería es para él “un hobby muy caro”. Con 16 vacas bastas de su propiedad, -una especie autóctona considerada en peligro de extinción- cada mes tiene que poner prácticamente de su bolsillo 1.400 euros solo para alimentarlas. Aunque con la participación en este tipo de certámenes, ferias y romerías, los ganaderos reciben compensaciones que utilizan para mantener a sus animales. Por eso, insisten en que el desarrollo de este tipo de actividades son vitales para poder conservar esta especie.

“Esto no da nada, aparte del dinero que tienes que poner da mucho trabajo, ya sabes lo que se dice, el mal de los males es andar con animales”, sostiene Berto Acosta, ganadero que lleva 25 años participando en la organización del programa de actos para festejar San Antonio Abad en el municipio de Tacoronte. Enero es, sin duda, el mes de los animales, ya que en diferentes partes de la Isla se suceden las ferias de ganado y romerías en honor a este santo. Solo en Tacoronte, además de los actos celebrados este domingo -organizado por la Asociación de Ganaderos de Tenerife (Agate) y el Ayuntamiento-. Antes del certamen también tuvo lugar un espectáculo ecuestre a cargo de Chico de la Cruz y el próximo fin de semana tendrá lugar la conocida carrera de sortijas a caballo y la feria ganadera con su posterior bendición de los animales.

A pesar de que en el aparcamiento situado en las inmediaciones del Mercadillo del Agricultor se dieron citas muchos jóvenes y niños que parecen tener dentro la semilla de la ganadería, Acosta lamenta que cada vez son menos. “Si nada cambia esta actividad de forma profesional no tiene futuro”. Quienes la mantienen lo hacen casi “por amor al arte” y recalca que muchos jóvenes resisten y ponen animales, pero cuando se dan cuenta del trabajo y lo que cuesta mantenerlos abandonan. “Con los sueldos que se pagan hoy en día ¿quién puede quitarse de comer para dárselo a ellos?”, pregunta.

Sobre todo, quienes se dedican a ella de manera profesional, se quejan del incremento de los costes -con unos precios de los forrajes en aumento, mientras lo que se paga por la leche o la carne no avanza al mismo ritmo-, la tardanza en la llegada de las ayudas y las dificultades que añade la burocracia. “Para cualquier cosa son papeles, ya no es como antes”, se queja la ganadera Mercedes Pérez, que no cree que su hijo vaya a tomar el relevo de su explotación donde cuida de un centenar de vacas y otros animales. “Yo no se lo que son unas vacaciones en 30 años”, reconoce y aunque su hijo acude con ella a este tipo de concursos “no creo que siga con esto, está a otras cosas”.

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