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Un día con el equipo del GES en Tenerife: así se preparan los salvavidas del aire

Detrás de cada helicóptero rojo y blanco del Grupo de Emergencias y Salvamento de Canarias (GES), esos de los que se cuelgan las personas rescatadas en los rincones más inaccesibles, hay mucho trabajo, experiencia y profesionalidad

Así trabaja el GES

Andrés Gutiérrez

Daniel Millet

Daniel Millet

La Guancha

Las poderosas corrientes que generan los dos motores del Bell 412 EP remueven todo lo que queda bajo el rotor como un tornado y crean unas ondas circulares en el mar con destellos arcoiris. Es tal la potencia que hay que ponerse cascos para que no se rompan los tímpanos.

Los rayos de sol, en una mañana completamente despejada y sin viento, abrillantan el verdor que han dejado las lluvias en el norte y la nieve que cubre el Teide. Aún en esas condiciones perfectas, que no se dan siempre, las maniobras son muy complejas: hay que posarse hasta en los riscos más escarpados y quedarse detenido en el aire, como un cernícalo en busca de una presa, para llevar a buen puerto el rescate.

En un simulacro

Basta acompañar a los profesionales del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) del Gobierno canario en uno de los simulacros que realizan una vez en semana para entender la arriesgada labor que desempeñan. En los momentos más críticos, en los lugares más recónditos, en las situaciones más extremas, allí acuden por mar y aire para salvar vidas.

Y pese a los entrenamientos sistemáticos y la experiencia y pericia de sus miembros, siempre hay múltiples imprevistos: las turbulencias de los barrancos, la pérdida de potencia por la altitud, la fragilidad de los rescatados -que de repente se ven suspendidos de un cable de acero de hasta 75 metros en el aire hasta que los eleva hasta el helicóptero-, la adrenalina...

El GES es uno de los equipos más decisivos de los servicios de emergencia de Canarias. Con bases en todas las islas excepto Lanzarote, cuenta con una plantilla de 82 personas: 26 pilotos, 12 operadores de grúa, 26 rescatadores, dos coordinadores aéreos, 12 mecánicos y tres coordinadores y un jefe de servicio.

En la base de La Guancha

En la base de Tenerife, situada en La Guancha, el gijonés de 49 años Gabriel Pérez, coordinador y piloto con experiencia en misiones militares en Líbano, explica por qué el GES es tan versátil e imprescindible: «Usamos un helicóptero muy potente y adaptable capaz de hacer rescates en tierra y mar en múltiples condiciones. También participamos en la lucha contra los incendios, traslados de material y personal, control de contaminación, búsqueda de desaparecidos…».

Entrenamiento de un rescate en el mar realizado en la costa de Icod de Los Vinos, en Tenerife.

Entrenamiento de un rescate en el mar realizado en la costa de Icod de Los Vinos, en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

La aeronave blanca y roja es capaz, además, de llegar a las zonas más inaccesibles con gran rapidez. De hecho, en el entrenamiento que protagoniza este reportaje se movió entre los peñascos de los altos de Los Silos y los acantilados del entorno de la playa icodense de San Marcos. Con medios convencionales, por tierra o por mar, el personal de salvamento habría tardado horas. En el helicóptero del GES no pasan de los 20 minutos.

Con capacidad para llevar a 15 personas y levantar 5.400 kilos, el Bell 412 EP -el de Tenerife tiene el indicativo MI-41- lleva una grúa de rescate, botiquín, camilla, componentes para flotar en el mar, sistema para localizar teléfonos móviles, cámara de visión infrarroja y visión normal con envió de datos e imágenes en tiempo real y hasta helibalde, la bolsa que se utiliza para descargar agua en los incendios.

Un momento de un entrenamiento de rescate del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias en los altos de Los Silos, en Tenerife.

Un momento de un entrenamiento de rescate del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias en los altos de Los Silos, en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Sobre un risco de Teno

Sobre el macizo de Teno, la aeronave levita a un par de centrímetros de un saliente para dejar a uno de los rescatadores en el ensayo de izado de camilla. Entonces se intensifica la comunicación entre los cinco miembros de la tripulación: los pilotos Gabriel Pérez y Hugo Asensio, los operadores de grúa y rescatadores Juan Ramón Afonso y Michael del Castillo, y el rescatador Diego Ferreiro.

«Metiendo gancho», se oye por radio. «Comprobaciones. Solicito permiso para camilla. Le paso al rescatador el gancho. Preparado procedimiento camilla. Preparando gancho. Izquierda libre pero no meter la cola. Sacando rescatador a puerta. Bajando rescatador. 20 pies, 30... Mantén, derecha libre. Fluctúa mucho. Stop derecha. Rescatador en el suelo, mantén… Cola libre. Subiendo gancho. Lo tengo...». Solo ellos entienden un lenguaje protocolizado.

Pilotos, operadores y rescatadores del GES en la base en La Guancha: de izquierda a derecha, Hugo Asensio, Diego Ferreiro, Juan Ramón Alfonso, Gabriel Pérez y Michael del Castillo.

Pilotos, operadores y rescatadores del GES en la base en La Guancha: de izquierda a derecha, Hugo Asensio, Diego Ferreiro, Juan Ramón Afonso, Gabriel Pérez y Michael del Castillo. / Andrés Gutiérrez

Después de varias vueltas y ya con la camilla y el rescatador en el interior, el helicóptero reemprende la marcha en dirección a la helisuperficie de La Guancha. Ya más relajado, Hugo Asensio, piloto tinerfeño de 49 años que coincidió con Gabriel Pérez en la unidad militar de helicópteros Bhelma VI de Los Rodeos y en una misión de paz en Líbano, avisa que hay palomas a la derecha y que las condiciones del tiempo son inmejorables. «Mira esa casita de ahí», apunta. «Es increíble cómo se pudo construir sobre ese barranco tan escarpado».

Más de 200 personas rescatadas en un año

En los operativos reales no suele haber margen para la más mínima distensión. Y son muchos a lo largo del año por todo el Archipiélago, como el 2025 que acaba de terminar en el que rescataron a 244 personas (201 en tierra y 43 en el mar), realizaron 328 servicios (212 rescates por tierra, 111 por mar y 5 intervenciones en incendios) y efectuaron 411 horas de vuelo.

Aunque dependen de la Dirección General de Emergencias del Gobierno regional, en realidad estas aspas salvavidas forman parte de una empresa privada, Pegasus Aviación. La contrata el Ejecutivo regional por 10,5 millones al año. El acuerdo vigente acaba en 2027 y, pese a que la comunidad autónoma considera satisfactorios los resultados de la adjudicación, hay mejoras pendientes.

Un momento del entrenamiento de rescate en el mar en la costa de Icod de Los Vinos, en Tenerife.

Un momento del entrenamiento de rescate en el mar en la costa de Icod de Los Vinos, en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Riesgo y vocación

Es evidente que se la juegan por vocación. Se nota incluso en cada ejercicio de preparación, en el que los protocolos se cumplen a rajatabla. Porque cada ensayo requiere un plan de vuelo, una revisión de los equipos, una coordinación con el aeropuerto Tenerife Nortey el centro coordinador del 112 y un chequeo exhaustivo de las medidas de seguridad, sobre todo cuando un periodista y un fotógrafo los acompañan para mostrar su labor: seguir las instrucciones de la tripulación, salir hacia delante huyendo de los rotores, cubrirse los ojos y llevar sujeto todo lo que se carga cuando arrancan los motores, atarse bien el cinturón y los arnés de refuerzo, tener localizadas las salidas de emergencia y el botiquín...

Uno de los rescatadores aparece colgado del cable en un entrenamiento del GES en los altos de Los Silos, en Tenerife.

Uno de los rescatadores aparece colgado del cable en un entrenamiento del GES en los altos de Los Silos, en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

"Cada segundo es vital"

Gabriel Pérez y Hugo Asensio subrayan durante el ‘briefing’ la importancia de la formación continua. «Al ser operaciones tan exigentes, los equipos deben estar preparados en todo momento y la compenetración debe ser máxima. Y eso se logra con entrenamientos permanentes. Cada uno tiene su rol pero todos deben conocer los roles de los demás». «Cada segundo es vital», matizan, «pero hay que actuar sin precipitaciones porque ante todo está la seguridad, tanto de los rescatados como de los rescatadores».

Por eso se estudia todo, emulando las diferentes situaciones a las que se pueden enfrentar en rojo 1, como se conoce en el protocolo a la primera comunicación; rojo 2, el inicio del despliegue; rojo 3, la llegada y evaluación de la zona; rojo 4, la localización del afectado y el rescate; y rojo 5, el regreso a la base. Y por eso las normativas obligan a que cada miembro descanse 20 minutos por hora de vuelo.

Las misiones son variopintas: senderistas accidentados o perdidos que llegan zonas de máximo riesgo, parapentistas, ciclistas, desaparecidos, incendios, traslado de material sanitario como durante el covid... En el mar izan con la grúa a surfistas, pescadores, turistas arrastrados por un golpe de mar...

Hay operativos que no olvidarán jamás, sobre todo los que involucran a menores. Por mucho que se repitan, siempre dejan un poso de tristeza. Ahí está lo ocurrido en Rojas (El Sauzal), cuando una ola arrastró en 2024 a un niño y al padre. «Cuando llegamos», se acuerda Asensio, «vimos el cuerpo del padre flotando y al hijo pidiendo auxilio». «Fuimos a por el niño pero al padre no lo vimos más».

Dos rescatadores del GES, en pleno de entrenamiento de rescate con camilla en los altos de Los Silos, en Tenerife.

Dos rescatadores del GES, en pleno de entrenamiento de rescate con camilla en los altos de Los Silos, en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Ante todo, empatía

Juan Ramón Afonso, el operador de grúa y rescatador tinerfeño de 43 años que lleva 14 en el Grupo de Emergencias y Salvamento de Canarias, apunta que la empatía es fundamental en esos instantes críticos. «El afectado es una persona que sale un día a disfrutar de una actividad, se ve envuelta en un incidente y de repente la están subiendo en un cable a un helicóptero en medio de una situación de estrés y en ocasiones de dolor».

La ventaja, según detalla Alfonso, es que «hay tanta adrenalina que generalmente el afectado desea por encima de todo que lo saquen de ahí como sea». «¿Cuándo vienen los problemas? Cuando la persona conserva fuerza y consciencia. A veces tienes que negociar, como cuando un surfista quiere salvar la tabla. Y no se puede».

Michael del Castillo, rescatador y operador tinerfeño de 41 años con 11 de experiencia en el GES, recuerda las frases que más repiten en esos momentos. «Siempre van a sentir el apoyo del rescatador. ‘Tranquilo’, ‘ya estás a salvo’, ‘todo va a salir bien’, les decimos. No entienden bien lo que está pasando pero estamos nosotros para transmitirles calma y seguridad».

Izado de la camilla durante un entrenamiento de rescate del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias.

Izado de la camilla durante un entrenamiento de rescate del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) de Canarias. / Andrés Gutiérrez

"Hay de todo"

Otro de los isleños del grupo, Diego Ferreiro (rescatador, 37 años, 11 en el GES), precisa que «hay de todo». «Hay quienes se dejan llevar, otros a los que les dices que no agarren esto o lo otro y lo agarran, hay algunos que se derrumban y se echan a llorar, hay quienes se callan y no dicen nada… Nunca sabes cómo van a reaccionar».

Momento del ensayo del rescate en el mar del equipo del GES cerca de la costa de Icod de Los Vinos.

Momento del ensayo del rescate en el mar del equipo del GES cerca de la costa de Icod de Los Vinos. / Andrés Gutiérrez

La aeronave vuelve a despegar para el entrenamiento en el mar. Consume siete litros por minuto de jet A-1, el mismo combustible de los aviones. Cada litro vale entre 0,5 y 0,8 euros. Bajan en el cable de la grúa a Diego Ferreiro, esta vez con equipación de neopreno, cerca de los acantilados de Icod. Las olas rompen con bravura.

Rescate en el mar

Un pescador solitario mira atónito, caña en mano, desde su chalupa. Michael del Castillo baja para ‘rescatar’ a Diego Ferreiro guiado por Juan Ramón Afonso, que se queda con la grúa. Gabriel Pérez no tiene extremidad sin ocupar: con los pies lleva los pedales (movimiento del morro), con la mano derecha mueve el mando cíclico (control de dirección) y con la izquierda el colectivo (potencia y sustentación).

Hugo Asensio y Gabriel Pérez, los pilotos del helicóptero del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES), en un ensayo de rescate en Tenerife.

Hugo Asensio y Gabriel Pérez, los pilotos del helicóptero del Grupo de Emergencias y Salvamento (GES), en un ensayo de rescate en Tenerife. / Andrés Gutiérrez

El precio de la temeridad

Una de las curiosidades más comentadas por los integrantes del GES ocurre con cierta frecuencia: cuando el afectado -sobre todo turistas extranjeros- se frota el pulgar con el índice. A esa persona le preocupa, en ocasiones incluso por encima de su propia integridad, cuánto le puede costar el rescate. Y demuestra que muchos conocen la existencia de una tasa en las Islas en caso de temeridad.

Los precios del canon -2.000 euros por hora de helicóptero, 36 euros la hora por rescatador- denotan el elevado coste de cada misión. Ya no solo es el dinero; es el riesgo al que se somete a estos socorristas. Son numerosos los casos provocados por una imprudencia. Ahí está sin ir más lejos el de los turistas que se saltaron el pasado 8 de diciembre las vallas de prohibición y accedieron a una piscina natural de Santiago del Teide en plena alerta por fuerte oleaje. Murieron cuatro. Allí estuvo el Grupo de Emergencias y Salvamento de Canarias. Siempre alerta.

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