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Vicácaro: vida en las medianías del ‘otro’ sur de Tenerife

El sur también existe, como decía Mario Benedetti, pero no siempre toma la forma del turismo de sol y playa. También hay ejemplos como el de Vicácaro, rural y tranquilo, ubicado en las medianías de Granadilla de Abona

El barrio de Vicácaro desde la huerta de Pepe y Ángela

Arturo Jiménez

Granadilla de Abona

El sur también existe, como decía Mario Benedetti, pero no siempre como lugar de turismo masivo de sol y playa con el que lo relaciona el imaginario colectivo. También hay ejemplos como el de Vicácaro, uno de los 13 barrios de Granadilla de Abona. Ubicado en las medianías del municipio, pero muy cercano al casco histórico, este pueblo dentro de otro mayor es uno de esos núcleos tradicionales en la Isla producto de la autoconstrucción y dedicado al autoconsumo, con el añadido de la emigración de otras islas, sobre todo La Gomera, y el aderezo de los guiris asentados.

De 5 a 42 grados

«Aquí podemos pasar de cinco grados en invierno a 42 en verano». La frase del vecino José Martín deja claro cómo el clima en la zona, incluido el factor viento –helado en el momento de la visita de esta semana, pese al cielo despejado–, marca la vida.

Semillero de papas

Vicácaro fue un semillero de papas, «aunque cada vez menos gente trabaje la tierra», asegura Pepe Martín. Una base del autoconsumo agrícola, además de santuario de 'la cultura del jable', esa arena volcánica entre blanca y amarillenta, además de ‘volandera’ porque el viento, otra vez el viento, la mueve con facilidad. Con ella se cubrían los cultivos para conservar la humedad del terreno y se quedó para formar parte eterna del paisaje.

Eriales frente a huertas

Contemplar las huertas alrededor de nuestra casa de referencia es comprobar que ahora son eriales lo que antes estaba cultivado. De papas, pero también de cebollas, ajo, cilantro, perejil, judías, guisantes... «Todo lo que nos hace falta para hacer el potaje», señalan los anfitriones. Todo ello en tres pedacitos alrededor de la casa y para el autoconsumo, porque «el campo es muy sacrificado y poco rentable;no se puede vivir de él».

Centro social de Vicácaro.

Centro social de Vicácaro. / Arturo Jiménez

Tranquilidad y calidad de vida

Pepe insiste en que este es «el mejor lugar del mundo para vivir» por la «tranquilidad» y «visto lo que hay por ahí fuera». Subraya que «aquí hay calidad de vida». Pone el ejemplo de su madre, Carmen, que se mantiene en plena forma a los casi 92 años. Ángeles, su mujer, lo corrobora.

En suelo rústico

Ambos aseguran que la población ha crecido poco el último lustro. Básicamente, porque no se puede construir prácticamente nada nuevo al estar el núcleo ubicado en suelo rústico. Valoran que «han venido muchos, sobre todo extranjeros, a comprar las casas, pero la gente no se quiere ir». Este censo semicongelado contrasta con el crecimiento exponencial del municipio, con 59.000 habitantes según el INE y 72.000 empadronados en el Ayuntamiento, porque el padrón siempre crece más rápidamente que la comprobación posterior del Instituto de Estadística.

Desde 1986

Ángeles y Pepe comparten vida en común desde 1986. La pareja tuvo dos hijos, chico y chica, que a sus 26 y 23 años, respectivamente, residen todavía en la casa familiar. Hecha a pulso, ladrillo a ladrillo tras un arduo trabajo que comenzó en 1990 en la finca y que aún sigue sin rematar del todo. De dos plantas y con un gran salón como corresponde a la tipología de la autocostrucción, es una de las seis o siete viviendas dispersas por las cercanías.

Restauración

La guinda del pastel para la pareja sería la restauración de la antigua casa cercana a la vivienda principal que también adquirieron en su día. Data de 1867 y es una de las muchas con 200 años –y más– que quedan todavía en la zona. Ente las primeras, recuerda Pepe Martín, «la de María Reyes», que «vivió cerca de un siglo» y se alza sobre un paisaje de huertas y bancales. Entrar en el inmueble es volver a dos siglos atrás con ese suelo de arcilla roja, que ya no se fabrica, el típico aljibe en el patio o las tradicionales tejas. Recuperarla no es fácil, ente otras cosas por la necesidad de solicitar permiso y la dirección técnica en la conservación al área de Patrimonio histórico del Cabildo de Tenerife.

Casa datada en 1867 que se quiere restaurar.

Casa datada en 1867 que se quiere restaurar. / Arturo Jiménez

Baya pequeña

Vicácaro o bicácaro, que de las dos formas se escribe, aunque en el caso de este núcleo es con v, responde al nombre de una pequeña planta autóctona, pero sus vecinos desconocen por qué se denomina así el barrio. Tal vez tenga el sentido de chiquito cuando se alude en el mundo rural a esta baya endémica, porque así es esta zona en relación al global de Granadilla de Abona (164 kilómetros cuadrados), pese a su cercanía al casco.

Mejoras

Pepe y Ángeles coinciden en que han mejorado la accesibilidad y los servicios. De hecho, él recuerda de niño cuando apenas llovía y ya no podía llegar a su casa porque se inundaba el camino. Ahora «tenemos casi de todo en ese sentido». Reconocen que «partíamos prácticamente de cero».

Ocio y deporte

También ocio y deporte están garantizados en el centro social y el polideportivo adjunto, además de la cercana ermita como centro de este pueblo dentro de otro. Fue inaugurado en 2011 siendo alcaldesa Carmen Nieves Gaspar.

Límites

Vicácaro está delimitado por la carretera general de sur y los barrancos de Usasa y Perico. Este último se llama así porque en esa zona alta estaba la venta de Perico, «el padre de Pepe Casanova, el maestro», apostillan los vecinos.

Pepe Martín.

Pepe Martín. / Arturo Jiménez

Viviendas, familias y vecinos

En ese perímetro se ubican estas algo más de 70 viviendas de autoconstrucción que acogen a un centenar de familias y cerca de 400 vecinos. Situado a kilómetro y medio del casco, su altitud máxima es de 620 metros y celebra las fiestas en mayo y en honor de la Santa Cruz. Forma las medianías del municipio junto a entidades de población como, entre otras, La Higuera, Las Palomas, Las Vegas, Los Blanquitos, Chimiche o Los Llanos.

Puente de Perico

Sobre el puente de Perico, otro vecino, Domingo, y el concejal Marcos Antonio Rodríguez recuerdan el cambio del eje económico del municipio desde las medianías a la costa tras la construcción de la autopista TF-1, que cumple precisamente este año medio siglo del inicio de su construcción, en 1976. Su frase es concluyente: «La actividad se mudó porque la gente dejó de pasar por aquí». Se refiere a la carretera general del sur. Eso supuso «la muerte de los negocios».

Cambio de eje económico

La conversación rememora el giro paralelo en el sustento del pueblo del sector primario al de los servicios relacionados con el turismo . Sobre el cultivo extensivo en invernaderos con referencia a fincas como la de los Bonis al terciario, que trajo aumentos exponenciales en la población y en los negocios. Sobre todo en San Isidro –ciudad dormitorio, aunque todavía tiene espacio para crecer– y El Médano con esa mezcla en aumento entre residentes del país y extranjeros. Vicácaro quedó más que vaciado congelado, en cuanto a demografía y forma de vida.

Dos realidades

Las medianías también existen, aunque estén muy alejadas de las zonas turísticas costeras por la complicada orografía de la Isla. Suponen dos realidades muy diferentes, a veces contrapuestas y otras complementarias, pero que están ahí siempre. Como la vida misma en las medianías de ese ‘otro’ sur de Tenerife.

Pepe Martín

Pepe Martín ha residido en Vicácaro sus 58 años de vida. Sus hijos son ya la cuarta generación, al menos, en el pueblo. Actualmente, está de baja por problemas de salud en su puesto de trabajo en el servicio de mantenimiento del Ayuntamiento de Granadilla. Recuerda la dura tarea de picar el jable durante los veranos para sacar de la piedra «a pico y pala» la cultura de la que llegó a ser una pujante industria. «Todo lo sembramos nosotros», dice con orgullo este amante de las motos.

La sonrisa de Ángeles

Ángeles, vecina de Vicácaro.

Ángeles, vecina de Vicácaro. / Arturo Jiménez

La sonrisa de Ángeles lo llena todo tras la amabilidad campesina en el agasajo al visitante con un buchito de café, que se agradece en una fría mañana. Ya más suelta, cuenta que nació hace 55 años en el vecino San Miguel de Abona fruto de la tradicional diáspora gomera en el sur de Tenerife.

Hace seis meses que dejó atrás décadas de trabajo en la hostelería como cocinera para dedicarse por completo a ser ama de casa. No prueba la carne, pero dicen que hace la mejor de cabra en toda la comarca.

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