"Mi tía me llamó casi llorando para decirme que estaba bien": el bombardeo de Trump divide a la diáspora venezolana en Canarias entre la alegría y el temor
Varios venezolanos residentes en Canarias describen las primeras horas en comunicación con su familia tras la intervención militar de Estados Unidos en su país de origen

Fuego en Fuerte Tiuna, la principal base militar de Venezuela / STR / AFP

Si algo tiene claro el pueblo venezolano tras los bombardeos de Estados Unidos es que esta era la "única forma" de acabar con el régimen de Nicolás Maduro. En una vorágine de sentimientos que van desde la alegría hasta el temor, los venezolanos emigrados en Canarias han vivido estas primeras horas tras el asalto militar pegados al teléfono, siguiendo las noticias en los medios de comunicación y con el corazón en un puño ante el devenir de los familiares que aún residen en su país de origen.
Los venezolanos en Canarias llevaban días atentos a las noticias. Algunos de ellos, con la esperanza de que la estrategia militar de Estados Unidos pudiera acabar con los años de régimen bolivariano. "Lo estábamos deseando", sentencia María, que prefiere salvaguardar su identidad completa por miedo a las represalias en su país, pues como afirma el nivel de represión les ha llevado a no poder hablar con libertad: "no sabemos quién escucha o quién lo lee".
María se marcó de Venezuela hace 34 años para tratar de buscar una vida mejor junto a su marido quien, en aquel entonces, consiguió un empleo en Madrid. Como hijos de inmigrantes españoles, España era un lugar seguro al que regresar y en el que formar una familia. Años más tarde y tras su separación, María se afincó en Tenerife, donde lleva viviendo desde entonces.
Un momento de shock
Otros isleños de adopción no llegaban a creer que algo así pudiera suceder. "Lo viví con impresión, no pensé que pudiera vivirse esa situación dadas las posibles represalias de potencias como Rusia o China", explica Mauricio Cavalleri, que emigró a Canarias con tan solo 14 años con toda su familia, que se trasladó para garantizarle un futuro a sus hijos. Marcos Andrés Rosales estaba durmiendo cuando recibió la noticia por parte de su madre: "me costó asimilarlo".
A la periodista Anabel García, que lleva una década viviendo en Tenerife, la noticia le cogió de sorpresa: "fue como si estuviera viendo una película". Como recuerda, al despertar empezó a revisar el móvil al que habían llegado un montón de mensajes en los grupos de familia contando lo que estaba pasando. "Inmediatamente me puse a revisar redes sociales para confirmar la información, estaba en shock", recuerda. García nunca ha vuelto a Venezuela pues el miedo de volver le paraliza.
En shock también se quedó Eduardo Ernesto Brito. Tras 13 años en Canarias, las imágenes de los bombardeos en Caracas le produjeron una mezcla de tristeza y rabia. Sara González, se esperaba este desenlace: "Después de años de marchas y protestas, estaba más que claro que no íbamos a poder llegar a nada, y mucho menos sin contar con el poder militar, ya que está directamente relacionado con el régimen y nunca se ha pronunciado en su contra", revela.
Astrid Da Silva, que llegó a Canarias en 2001, con tan solo ocho años, en un primer momento no se lo creía. "Lo primero que hice fue escribirle a mi tío, que vive en Caracas, para que me confirmara si era cierto", replica. Da Silva, nieta de emigrantes canarios que vivió toda su juventud en Caracas.
Mezcla de sentimientos
Como muchos emigrados a las Islas, María recibió la noticia de la captura de Maduro por parte del Gobierno de Donald Trump con alegría. Sin embargo, tan solo unos minutos después, con la primera llamada de la mañana, sus sentimientos se tornaron hacia el miedo. "Mi tía que vive en Caracas –una de las zonas bombardeadas– me llamó casi llorando para decirme que estaba bien pero que estaban escuchando explosiones en todos lados", afirma. Al otro lado del teléfono, su voz se entrecorta por la emoción, que trata de esconder, pero le es imposible: "en ese momento, me puse muy nerviosa".
Lo único que le propició algo de paz era poder saber que sus padres, de 80 y 83 años, estaban a salvo junto a su tía. "Ellos viven en un pueblo cerca de Guaira, que ha volado", resalta. "Tenía mucho miedo de que estuvieran allá porque se suelen quedar incomunicados y temía no poder saber de ellos", sentencia.
Por su parte, Anabel García admite ahora sentir "muchísima incertidumbre" con la nueva situación de Venezuela. "Hay muchísimas otras cabezas que tienen que salir del gobierno y que han sido bastante dañinas para el país", resalta. Asimismo, advierte "no creo que EE.UU. haga nada de gratis, eso tendrá algún tipo de repercusión a la larga y no sé si la factura a pagar será demasiado alta", insiste García, que considera que todo este mal necesario "abre una brecha intervencionista muy peligrosa para el mundo en general".
Astrid Da Silva es menos entusiasta con la noticia. Afirma que esto cambiará el devenir político, pero no cree que a mejor. "A diferencia de mis compatriotas que celebran el ataque al país y el secuestro del presidente de un país soberano, yo no recuerdo ninguna intervención estadounidense que haya llevado estabilidad y bienestar social a ningún país. La historia solo me devuelve sangre y estados fallidos", insiste la venezolana, que concluye: "si hoy atacan Venezuela, mañana puede ser otro país que se oponga a los intereses del imperio".
Condiciones en su país
La mujer recuerda las condiciones en las que se encuentra su familia en el país. "Mi hermano se murió hace un mes, y mi papá tuvo que vender el coche para poder darle asistencia médica, que costaba 3.000 euros", recuerda.
La noticia ha sido un balón de oxígeno para el pueblo venezolano. Así al menos lo percibe María, que describe la situación con un atisbo de esperanza. "Va a ser duro, pero tendremos que comenzar desde cero con otras bases y con libertad", sentencia. "Maduro está metido en los narcos, tiene negocios con las armas, hay mucho malandro y esperamos que esto sirva para que saquen a esa gente del Gobierno y se acabe todo esto", insiste.
Brito presagia un conflicto abierto entre Estados Unidos y los aliados de Venezuela en suelo venezolano. "Se procederá a un bloqueo estilo Cuba o, en caso de rendimiento, un nombramiento de un presidente en funciones al estilo Guaidó", resalta Brito que insiste: "en cualquiera de las variantes va a haber más sufrimiento para el pueblo que vive allí en contextos desfavorecidos".
Por su parte, Sara González, este es sólo el primer paso: "extirpar el cáncer de la dictadura". "Queda mucho trabajo por hacer y muchas heridas qué sanar". Por esta razón, "lo que espero de todo corazón es que mi país se convierta en uno funcional en el cual sus residentes puedan tener la vida que nos han arrebatado a todos y por fin disfrutar de preocupaciones cotidianas o de primer mundo".
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