Prisión para los tres secuestradores de un hombre en el barrio de La Candelaria
La víctima, que tiene un hijo en común con una implicada, fue amenazada de muerte si denunciaba las gresiones o se llevaba fuera de la Isla al niño

Entrada principal de los Juzgados de La Laguna. / El Día

Prisión para los tres presuntos implicados en la agresión y secuestro de un hombre el pasado 8 de noviembre en el barrio de La Candelaria, La Laguna. La magistrada de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia número tres de La Laguna prorrogó ayer la prisión provisional comunicada y sin fianza para los tres investigados, a la vez que continúa la práctica de diligencias.
Los tres detenidos, a mediados del mes de diciembre, se acogieron a su derecho de no declarar, por consejo del letrado que les asiste por el turno de oficio.
Los investigados querían dejarle un mensaje claro a la víctima aquella noche de noviembre: «Si te vas de la Isla con el niño o nos denuncias, te va a pasar algo», según consta en las diligencias. La víctima estuvo unas siete horas encerrado en el maletero de un vehículo mientras los secuestradores se desplazaban por diferentes municipios del norte de Tenerife.
Aquellas palabras dejaron una profunda huella emocional en la víctima: ansiedad y miedo atroz a que sus secuestradores pudieran acabar con su vida. Por eso no denunció los hechos tras ser liberado, ni en los días siguientes: se escondió. Y pasó más de un mes para dar el paso y poner el asunto en manos de la Policía y la Justicia. Lo hizo tras buscar el asesoramiento legal de una abogada a la que consultó si debía denunciar o marcharse de la Isla en silencio.
Los autores, cercanos a la víctima
Quienes secuestraron a este hombre no eran desconocidos para él. Era su anterior pareja sentimental, con la que tiene un hijo de 10 años, la actual pareja de esta, y otro hijo de 19 años de la mujer fruto de una relación anterior.
La mujer tiene antecedentes penales. De hecho, en la actualidad lleva una pulsera telemática de localización. En 2016, la víctima del secuestro se separó de la mujer y se fijó un convenio regulador de mutuo acuerdo para atender al cuidado y necesidades del hijo de ambos hasta que el niño ingresó en un recurso tutelado después de que la madre ingresara en prisión.
El padre del menor solicitó en 2019 la patria potestad, así como la guarda y custodia de su hijo, que se le otorgaron en exclusiva mediante sentencia. Tras esta decisión judicial, regresó con su hijo a su país natal, Argelia. Allí le crió hasta que el verano pasado regresó a la isla porque su hijo le preguntaba «¿Por qué no tenía madre como el resto de niños?».
El hombre se puso en contacto con la madre para que pudieran verse y participara en la educación del niño. Pensó que la mujer había cambiado, ya que tenía pareja y tuvo otro niño. De común acuerdo lo matricularon en un colegio y dejaba que el niño se quedara en casa de ella algunos días, incluso empezó a pasarle dinero para atender al pequeño. Sin embargo, descubrió que tanto la mujer como la pareja de esta «se dedicaban al tráfico de drogas y llevaban una vida poco adecuada para el menor».
Entonces le dijo a su expareja que regresaría a Argelia con el niño. Es esto lo que, según este hombre, desencadenó dos agresiones y el secuestro. El 30 de octubre, acudió a la vivienda en la que reside la madre del menor con su actual pareja y dos hijos más. En la calle se encontró con la mujer, su pareja y los tres hijos de ella, siendo agredido por esta y su hijo mayor. Se marchó de allí, pero la mujer le denunció por amenazas.
Nueve días más tarde, la víctima estaba en un bar y sobre las 22:00 horas entró la actual pareja de la mujer y le dijo que se había enfadado con ella, que quería hablar con él y le invitaba a una cerveza en otro bar. Se negó al principio, pero luego accedió. Se subió al coche de este y el conductor empezó a dar vueltas, sin detenerse. Le preguntó «qué hacía» y le dijo que esperaba una llamada. Sonó el teléfono y creyó escuchar a la madre de su hijo que decía: «Está todo preparado». Entonces el conductor se dirigió a La Cuesta y paró en una calle donde esperaba la mujer y el hijo mayor de esta. Allí le agredieron hasta que, entre los tres agresores, lo metieron en el maletero del coche y huyeron. No sabía por donde iba, pero escuchó: «Mamá, estamos en el Teide ¿qué hacemos?» y ella respondió que lo llevarían para que se despidiera de su hijo y luego lo trasladarían a un sitio «más adecuado».
Así fue, se dirigieron a la casa en la que estaba su hijo quien, nada más verle le preguntó por las machas de sangre que tenía. Su padre le tranquilizó hasta que fue obligado a meterse otra vez en el maletero. Los secuestradores iban de un lado a otro, incluso, la víctima escuchó que recogían a un joven en Santa Úrsula para hacer una transacción de drogas. A la víctima la liberaron en Puerto de la Cruz, sobre las cinco de la madrugada. Cogió una guagua y se escondió con miedo a que cumplieran sus amenazas.
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