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Las Portelas en Buenavista del Norte: elegir la calma

El tiempo se para plácidamente en este barrio de medianías pintado de verde por las lluvias del invierno

Tenerife Vaciada - Las Portelas

Arturo Jiménez / Andrés Gutiérrez

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

El gran ventanal de la casa de Rosa Martín Díaz permite disfrutar de casi todo el barrio. Las Portelas se divide en dos, algo que parece importar mucho al nieto de Rosa, Daniel León León. "Está Las Portelas arriba y Las Portelas abajo", señala el joven buenavistero, quien eligió la calma y el origen de su familia para establecerse y dejar atrás el universo turístico sureño de Tenerife. "Algún día fui al Sur para gestiones con mi madre y qué va. Eso no lo quiero", añade entre las risas compartidas con su abuela y su madre, Delia León Martín.

Verde lluvia

En Las Portelas, en pleno Parque Rural de Teno, el tiempo se para plácidamente. El caserío está pintado de verde por las abundantes lluvias que están cayendo este invierno. Tras el balcón cerrado por cristales de la casa de Rosa hay un pequeño tresillo. El rincón invita a sentarse a charlar y a tomar café. Ella, a sus 88 años, se sume en el cómodo sillón y cruza las piernas con una gran destreza. Es pequeña, pero su sonrisa la hace grande. Mira con ternura a su nieto: "A él lo crié yo como si fuera mi hijo", confiesa. La genética delata la relación: los tres tienen los ojos claros, de color 'verde Las Portelas'.

'El rubio'

La familia León Martín es sinónimo de tradición. Se les conoce e identifica en Buenavista del Norte como el núcleo duro de Las Portelas. El marido de Rosa es Alberto, más conocido como 'El rubio'. Falleció hace tres años y a ella todavía le saltan las lágrimas al recordar. "Era muy conocido y querido por todo el mundo", se enorgullece. 'El rubio' sigue presente en las paredes del barrio a modo de mural. Se le rindió homenaje en 2025 por, entre otras cosas, ceder siempre la huerta en la que el barrio celebra la siembra de la papa a principios de cada año.

Bolico

Las Portelas es paso obligatorio de senderistas. A lo largo de la mañana se ve a varios grupos, todos extranjeros que suben la pronunciada cuesta de la principal calle del barrio, rumbo hacia la zona de Bolico. Allí está el albergue, un auténtico oasis en el que pasar unos días en medio de la laurisilva. Existen dos rutas circulares por la zona, una corta y otra larga, que también permiten enlazar con otros caminos que cruzan a la vertiente sur de Tenerife.

La tranquilidad es protagonista en Las Portelas. Viven unas 150 personas, pocos jóvenes. Daniel los enumera señalando dónde vive cada uno de ellos y esclarece cuál es una de las mayores problemáticas del lugar: "Aquí, si no tienes coche es todo muy complicado". La guagua pasa camino de Masca, pero las frecuencias son pocas si no la coges expresamente para bajar el barranco recientemente regulado.

En cuanto a los servicios, hay "un buen médico todos los días", puntualiza Rosa, y supermercado, pero en El Palmar, a unos diez minutos de coche. Además, Las Portelas puede presumir de tener el Mesón del Norte. Es uno de los restaurantes de Tenerife donde se puede comer carne a la brasa de calidad.

Lluvia en agosto, sol en diciembre

Gracias al establecimiento hostelero, mucha gente sitúa en el mapa a Las Portelas. La visita para comer rompe el sosiego habitual del barrio, pero también lo hace la comisión de fiestas. La festividad en honor a la Virgen del Carmen y a Santo Domingo de Guzmán se celebra a finales de agosto y aunque son fechas propias para el calor, la familia asegura al unísono que en los últimos años "ha cuadrado el tiempo malísimo", mientras que casi terminando el mes de diciembre el sol luce grandioso.

Ni una caja de fósforos

El grupo de personas que organizan las fiestas de Las Portelas abren el centro cultural del barrio todos los días, de 16:00 a 20:00 horas. "Por eso hay algo de movimiento aquí. Gracias a la comisión, la gente tiene donde ir por las tardes", asegura Delia. "Allí juegan al dominó o se van a tomar algo después de las misas", completa Daniel. "Si no, no habría ni donde comprar una caja de fósforos", apunta la abuela de la familia con una serenidad pasmosa a pesar del chascarrillo.

Solo dos cabras

"Antes sí había más gente aquí y criábamos vacas o cabras. Ya no hay un animal de esos. Solo quedan dos cabras", lamenta Rosa. Al hablar de esto, Daniel recuerda que cuando era un niño siempre 'bajaba' a los animales a San Antonio Abad, en el casco de Buenavista del Norte, una tradición ganadera que heredó de su abuelo. Ya no tiene animales que llevar.

Buenos tiempos

A pesar de que la vida de Rosa fue en el campo y en algunos momentos dura, la echa de menos. "Uno también salía y lo pasaba bien. La gente en esos lomos cantando y hablando, se reía", cuenta con la sonrisa en los labios. Se reafirma en que antes eran buenos tiempos: "Se comía mejor. Papas cocinadas, gofio amasado, queso, sardinas...", enumera. Su nieto se suma a las vivencias y la empuja a hablar de cómo se comía: "Todos en el mismo lebrillo con un revuelto", narra.

El campo

Martín Díaz no ha vivido en otro sitio. Su madre era de Las Portelas y su padre de Erjos, en El Tanque. Hay un sendero, algo más abajo de su casa, que conecta con el núcleo tanquero atravesando el Monte del Agua. "He ido alguna vez a La Gomera, ir y venir en el mismo día, si acaso", se ríe. Su carácter risueño y jovial habla de una vida feliz que contrasta con la despoblación de zonas rurales como esta. "La gente se marcha porque aquí tampoco hay trabajo, sino al campo, al campo y al campo", reitera. Recuerda ir a por zarza para picarla y también ir a coger cisco. Hablan de un vecino joven que se está dedicando a la agricultura. Algo que parece una especie en extinción.

Calidad de vida

A pesar de estar a punto de llegar a los 90 años, Rosa está bien. "La gente de aquí se conserva muy bien. No sé si será por la alimentación o por la calidad de vida", intuye Delia. También destaca su infancia, la cual "no cambio por nada". La madre apoya el testimonio de la hija al confirmar que "las chicas mías bien que gozaban. Se reunían ahí afuera a jugar. Ya no se ve nada de eso. Ahora son los móviles", dice. Delia retrocede en el tiempo y cuenta cómo todos los fines de semana salían de caminata hasta Masca, por ejemplo. "Cogíamos un casete y nos íbamos caminando por el monte", como quien sale a cualquier calle de asfalto.

La vida va de tomar decisiones. En Las Portelas, la familia León Martín, con Rosa al frente y el recuerdo de 'El rubio', eligió la calma para seguir presumiendo de la tranquilidad, del verde y las papas.

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