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Bar Chucho en La Orotava: cuatro generaciones sin bajar la persiana

Reconocido recientemente con el premio Amables del Turismo y la Convivencia Ciudadana, el Bar Chucho suma más de un siglo de actividad ininterrumpida que lo convierte en el restaurante más antiguo de Tenerife, manteniendo viva la tradición, la identidad local y el valor del trato cercano

Bar Chucho en La Orotava

Andrés Gutiérrez

La Orotava

En un momento marcado por el cierre de bares históricos, la transformación de los hábitos sociales y la aparición constante de nuevas propuestas gastronómicas, el Bar Chucho resiste como una excepción. Está situado en la calle La Canela, en La Orotava, y está considerado como el restaurante más antiguo de Tenerife.

El pasado 11 de diciembre fue reconocido con el premio Amables del Turismo y la Convivencia Ciudadana otorgado por el Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) de Santa Cruz de Tenerife. El galardón distingue no solo su trato cercano y su papel como espacio de encuentro vecinal, sino también una trayectoria que suma 126 años de actividad ininterrumpida.

Vino y conversaciones

Su historia se remonta a 1899, cuando Domingo González abrió una modesta bodega de vino frecuentada por agricultores y vecinos de la zona. Aquella pequeña casa de comidas, levantada en los últimos años del siglo XIX, se convirtió pronto en un punto de encuentro para compartir vino y conversaciones. Desde entonces, cuatro generaciones han mantenido el negocio.

Chucho detrás de la barra junto a un trabajador haciendo un café

Chucho detrás de la barra junto a un trabajador haciendo un café / Andrés Gutiérrez

El testigo pasó en 1977 a manos de Jesús González Domínguez, más conocido como Chucho, año en el que regresó del cuartel y decidió hacerse cargo del bar, ya que su padre pensaba alquilarlo debido a su edad. "Le dije: si me lo das, me quedo con él", recuerda. No había ayudas ni pagas para autónomos, todo se sostenía "solo, completamente solo". Desde entonces, Chucho lleva casi medio siglo detrás de la barra.

El bar no solo fue su lugar de trabajo, sino también su hogar. En un salón situado en la parte trasera del local vivieron durante años Chucho, sus dos hermanas y sus padres, una convivencia que refuerza la idea del establecimiento como una prolongación de la vida familiar. Esa mezcla de casa y negocio marcó su forma de entender el bar: cercano, humano y profundamente arraigado al barrio.

Constancia y trabajo duro

Hoy en día, con 72 años, sigue al frente del establecimiento, aunque no oculta su deseo de un relevo familiar que garantice la continuidad. "Espero que un familiar mío sea el sucesor. Ya tengo ganas de jubilarme y descansar", confiesa. Aun así, habla del bar con orgullo: "Para mí es una satisfacción estar detrás del bar más antiguo de Tenerife".

Ese orgullo está ligado a los valores heredados. Chucho recuerda a su padre como quien le enseñó la constancia, el trabajo duro y la responsabilidad. "La gente piensa que llevar un bar es fácil, pero no saben todo lo que hay detrás", explica. Más allá del esfuerzo físico, señala el desgaste emocional: la presión diaria, el trato con personas que llegan cargadas de problemas y la necesidad de ejercer, muchas veces, de apoyo psicológico. "Eso es lo más duro del bar".

Fotografías antiguas del bar y sus alrededores

Fotografías antiguas del bar y sus alrededores / Andrés Gutiérrez

El Bar Chucho ha sobrevivido a crisis económicas, cambios sociales y episodios históricos que marcaron al país. No cerró durante la gripe española de 1918, ni en la Guerra Civil, ni en los años más duros del franquismo. Tampoco lo hizo durante la pandemia de la covid-19, aunque aquellos "tres o cuatro meses de cierre forzoso" estuvieron marcados por la incertidumbre. "Hubo momentos en los que pensé en cerrar y dedicarme a otra cosa", reconoce, tras intentar, incluso, otros proyectos empresariales.

A lo largo de su historia, el local fue taberna, tienda de comestibles, centro social, casino popular, sede del equipo de fútbol Teide y colegio electoral, actuando como un "parlamento popular del barrio". Chucho ha visto pasar generaciones enteras de clientes. El más antiguo que sigue acudiendo tiene 87 años y recuerda venir de niño con su padre, cuando el bar era una venta sin luz y el entorno era mucho más duro. "Antes la vida era más pura, pero también más complicada", rememora.

Lo tradicional y la novedad

En lo gastronómico, el establecimiento mantiene una cocina canaria tradicional, sencilla y abundante. Aunque también cuenta con tortillas caseras, bocadillos y sándwiches clásicos, hamburguesas sin artificios y una selección de vinos locales. En sus orígenes, el vino era propio, procedente de las fincas familiares, una tradición que hoy no se mantiene porque "el trabajo en la tierra es poco compatible con un bar".

En los últimos años, el establecimiento ha sumado una terraza exterior, convertida en punto de encuentro para clientes habituales y visitantes. Chucho puntualiza que el establecimiento siempre ha abierto desde primera hora de la mañana, alrededor de las 7:00 horas, hasta las 23:00 o hasta 00:00 horas, manteniendo una jornada amplia que forma parte de su identidad.

La Medalla de Oro y el reconocimiento Amigos del Turismo

La Medalla de Oro y el reconocimiento Amigos del Turismo / Andrés Gutiérrez

Los reconocimientos han llegado con el tiempo. En 2019, el Bar Chucho recibió la Medalla de Oro de Tenerife, a la que se suman la Medalla de Oro del Ayuntamiento de La Orotava y, el pasado 11 de diciembre, el premio Amables del Turismo y la Convivencia Ciudadana, otorgado por el Centro de Iniciativas y Turismo de Santa Cruz de Tenerife. Distinciones que, para Chucho, suponen "que se valore todo el trabajo de tantos años".

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