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La Cueva del viento, un magnífico yacimiento paleontológico y hogar de 190 especies

Muchas se han tenido que adaptar a las condiciones extremas de la cavidad, modificando sus características físicas

Ejemplar de araña en la Cueva del Viento.

Ejemplar de araña en la Cueva del Viento. / MUNA

Santa Cruz de Tenerife

Con más de 27.000 años de historia, la Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, se ha consolidado como una de las más importantes del mundo. Su longitud, con 18,5 kilómetros topografiados, la convierte en la sexta más grande del mundo y la primera de Europa. Pero su formación, creada como una red laberíntica con varios pisos y galerías que se interconectan entre sí, la sitúan, así mismo, como una de las más destacables. 

Este tubo volcánico, originado gracias a las coladas de las erupciones del volcán Pico Viejo, es especialmente reseñable, además, a nivel biológico, ya que posee una gran fauna troglobia, que son esas especies que están totalmente adaptadas a vivir en la cavidad volcánica. De hecho, algunas son endémicas e, incluso, exclusivas de Tenerife, pero también se pueden encontrar otras únicas de esta cavidad volcánica. Así lo explica la conservadora de Paleontología y Geología del Museo de Naturaleza y Arqueología de Tenerife (MUNA) y responsable científico de la Cueva del Viento, Esther Martín González.

En concreto, la cueva alberga un total de 190 especies conocidas, de las que 44 son troglobias.

Interior de la Cueva del Viento.

Interior de la Cueva del Viento. / MUNA

Según aparece en la web oficial de la Cueva del Viento, “entre estas especies condenadas a vivir en la oscuridad, 15 han resultado ser nuevas para la ciencia, como la cucaracha sin ojos Loboptera subterránea o los carábidos Wolltinerfia martini y Wolltinerfia tenerifae”.

Adaptación al medio

Todas las especies que habitan en este espacio, matiza la experta, son especies destacables, ya que se han adaptado al medio y viven en condiciones extremas, por ejemplo, perdiendo la capacidad de ver. 

Y no es para menos, ya que la oscuridad total, la altísima humedad y una temperatura constante marcan las características del medio subterráneo, lo que genera que el alimento sea escaso y, por tanto, la adaptabilidad sea especialmente importante para conseguir alimentarse, pero, al mismo tiempo, la evolución implica que se prescinda de órganos innecesarios.

Importante grupo de arañas

Pero si hay un grupo que para Esther Martín es reseñable en el ámbito de la fauna existente en la cueva son las arañas, debido a la amplia diversidad que hay, pero también a su adaptación al medio.

Un ejemplo de ello son las dysderas, de las que hay varias especies tanto dentro como fuera de la cavidad, pero las que han evolucionado dentro de la cueva tienden a tener una coloración mucho más clara, pierden pigmentación y han perdido la capacidad de ver.

Además, lo normal es que las articulaciones y las antenas sean más largas de las que viven en el exterior. “Son adaptaciones a la oscuridad total”, matiza la experta.

Un excelente yacimiento

Pero si hay otra característica que define a la Cueva del Viento es que es un excelente yacimiento paleontológico, debido a que “las condiciones ambientales son muy estables”, explica Martín, lo que permite que “la conservación de los restos fósiles sea muy buena”. De hecho, en el interior de esta cavidad se han encontrado restos de la rata gigante y el lagarto gigante de Tenerife, así como algunas aves de pequeño tamaño, que destacaban porque habían perdido la capacidad de vuelo.

En este ámbito, Esther Martín resalta la localización de restos de hubara, una especie que, hoy en día, se puede encontrar en Lanzarote y Fuerteventura, pero que se sabe que habitó en Tenerife.  

Historia guanche

Pero no solo restos de animales se han encontrado en el tubo volcánico, sino también otros de la historia guanche

Fueron los primeros descubridores de la cueva, allá por el siglo XVIII, los que encontraron restos aborígenes, como cerámicas y útiles. 

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