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Entrevista | Ricardo Marichal 'Ratatour' Creativo publicitario y creador de contenidos

Ricardo Marichal 'Ratatour': «Exploro los barrios con la misma curiosidad de una rata»

El tinerfeño Ricardo Marichal, de 52 años, se ha convertido en el mayor creador de contenidos en redes sociales de la Isla sobre lo que él denomina «exploración urbana»

«Exploro los barrios con la  misma curiosidad de una rata» | ARTURO JIMÉNEZ

«Exploro los barrios con la misma curiosidad de una rata» | ARTURO JIMÉNEZ

Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

Bajo el sobrenombre de ‘Ratatour’, el tinerfeño Ricardo Marichal, se ha metido en casas abandonadas, alcantarillas, túneles, baterías militares en desuso, edificios ‘okupados’... Asegura que le encantan los barrios y las ratas, pilares de su mundo ‘rataturiano’.

¿Quién es Ratatour?

Una parte de Ricardo Marichal ‘desinquieta’ que da rienda suelta a una curiosidad infantil de explorar los barrios, las calles, las casas abandonadas... Crecí en La Alegría y ya desde chico me gustaba estar con mis amigos recorriendo barrancos, tirando piedras, cazando lagartos, entrando en cuevas… Con 52 años, esa mentalidad de pibe de barrio la desarrollo con Ratatour, que quiere seguir divirtiéndose como cuando tenía 11 años.

Ya de pibe era un explorador urbano.

Sí pero Ratatour es más. Me gusta profundizar en la historia, investigar antes de entrar en un lugar oculto. Y luego me dejo llevar mucho por los estímulos visuales. En ese sentido, los barrios son muy particulares, porque encuentro en ellos muchos de estos estímulos: casas de autoconstrucción, callejones, tuberías, esa mezcla de lo urbano y lo rural, los personajes… Me encantan los barrios.

¿Cuándo nació Ratatour?

Empecé hace cinco años enseñando los barrios de la periferia de Santa Cruz. Tras pasar 20 años en La Alegría me mudé al centro pero echaba de menos el barrio. Así es que empecé a hacer vídeos un poco por casualidad y un poco para reencontrarme con esa curiosidad de chiquillo. Mi primer vídeo fue de Barrio Nuevo, una zona que me alucina. Condensa todo los mundos ‘rataturianos’. Yo lo llamo ‘rataturismo’: ir a los barrios con la perspectiva de un visitante de Finlandia.

¿Cuándo se dio cuenta de que esos vídeos funcionaban en las redes?

Empecé a darme cuenta cuando iba por la calle y alguien en un coche tocaba la pita y me decía: ‘Adiós Ratatour’. Al mes siguiente me pasaba dos veces, al siguiente más... Ahí empecé a percibir que conectaba cada vez con más gente. Y es que en los barrios hay decadencia pero también mucha vida y muchas personas y lugares interesantes. Ahora es raro el día que no note que me reconocen.

Solo en Instagram, sus seguidores (24.000) llenarían el Heliodoro.

No es que yo sea grande, es que el Heliodoro es pequeño… No está mal, ahora en serio. En YouTube, que es donde pongo los vídeos más desarrollados, tengo 14.000 seguidores.

¿Por qué se inspira en las ratas?

Me encantan. Tengo tres ratas en casa de medio kilo cada una. Me parecen animales bonitos y me identifico con ellos. Exploro los barrios con la misma curiosidad de una rata.

Ricardo Marichal durante la entrevista.

Ricardo Marichal durante la entrevista. / Arturo Jiménez

¿Le da ingresos?

Muy poco. Tampoco lo busco. Si lo quisiera, haría vídeos de viajes o de mis ratas haciendo malabarismos. Lo hago por amor al arte. Tengo mi propio trabajo.

¿Qué lugar le ha sorprendido más?

Mi vídeo preferido es sobre un túnel en La Laguna del siglo XVI al que solo puedes acceder por el alcantarillado. Conectaba la iglesia de La Concepción con un barranco antiguo. Se usaba, según se cree, para trapichear con grano, que en aquella época tenía mucho valor.

¿Se considera un ‘influencer’?

Soy creador de contenidos. Mis vídeos han tenido una influencia en la gente pero no me considero un ‘influencer’. No es mi intención.

¿Y qué es lo peor que ha encontrado?

En la superficie hay peores cosas que allá abajo. ¿Por ejemplo? El hotel ‘okupado’ de Adeje. Vi mucha miseria y maldad humana. Allí había gente que tenía realmente necesidad y otra gente que trapicheó con una propiedad ajena. El hotel fue invadido, no fue una ocupación propiamente dicha. Estaba cerrado, porque les había ido mal a los dueños, pero había seguridad. Los primeros que entraron rompieron las puertas y las cámaras, quitaron las alarmas y robaron todo lo que pudieron.

Usted juega con el misterio pero no recurre a la paranormal. Entiendo que no ha visto nunca un fantasma…

La verdad es que no he visto ninguno. No me siento identificado con ese tipo de contenidos. Me quedo con lo real.

Más allá del mundo ‘rataturiano’, ¿cuál es su lugar favorito?

El sillón de mi casa, compartido con mi mujer y mi hijo. Es mi paraíso.

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