Emilia deja paso en Tenerife a las compras navideñas
Las calles se llenaron de curiosos y consumidores mucho antes de que se difundieran los comunicados de vuelta a la normalidad

Aspecto que presentaba la calle Castillo de la capital tinerfeña a media mañana de ayer. | MARÍA PISACA

Tenerife recupera el pulso. Poco a poco, la normalidad regresa tras caer las alertas meteorológicas que se activaron para minimizar los daños por el paso de la borrasca Emilia sobre el Archipiélago. Ya sólo permanece activa la prealerta por fenómenos costeros adversos. El riesgo sigue en primera línea de mar, aunque con un peligro mucho menor que el que existía en las jornadas del viernes y el sábado.
Había ganas de echarse a la calle. Sobre todo, porque la gran mayoría se quedó en casa el día anterior escuchando silbar al viento, el impacto de los granizos contra el suelo o los truenos . Muchos no esperaron al pistoletazo de salida (ya estaban sobre las aceras cuando se emitieron los comunicados oficiales de regreso a la normalidad) para ir en busca de los encargos de Navidad. «Hace frío, pero apetece dar una vuelta». Esa fue la frase más repetida en las tertulias de desayunos en las cafeterías.
Todo estaba abierto y en los negocios las dependientas esperaban como agua de mayo a los consumidores tras un sábado algo extraño. «Sí se notó el efecto del mal tiempo», comenta la encargada de un negocio que no tiene reparos en admitir que «un día como ese, sin estar en periodo navideño, recaudamos cuatro veces más de la caja que hicimos ayer», aclaró en relación al poco movimiento que se había registrado 24 horas antes.
La misma empleada seis horas después se mostraba feliz por arreglar la recaudación del fin de semana. «La gente salió con ganas», se limitó a decir con una sonrisa en su cara. Y es que lo que se vivió ayer en las arterias principales de la capital no tenía nada que ver con la estampa fantasmagórica registrada el sábado.
Día de balances
Mientras unos optaban por quemar sus tarjetas bancarias, en muchos municipios de la Isla se organizaron zafarranchos de limpieza para retirar de las vías árboles, ramas piedras y, en los lugares con más medios, hacer desaparecer a manguerazos las huellas de barros. Los más prácticos, por su parte, optaron por dejar que las lluvias intermitentes que se escalonaron durante toda la mañana hicieran esa labor sin tener que tirar de su batallón de operarios. Las barredoras mecánicas, en cambio, sí que tuvieron una mañana igual de ajetreada que las cajeras de las tiendas que se llenaron en un abrir y cerrar de ojos.
Para la jornada de hoy queda hacer balance de las pérdidas que el temporal generó en los adornos navideños de las localidades que sufrieron las fuertes rachas de viento [en La Laguna, por ejemplo, el Santa Claus de la Concepción se quedó sin un brazo y en Santa Cruz varios Reyes Magos se estallaron contra el suelo en un enclave muy cercano al lugar en el que el vicealmirante Horatio Nelson perdió parte de un brazo] y la revisión de elementos que se quedaron al borde del precipicio: farolas, papeleras y otros objetos del mobiliario urbano. También toca hacer hueco en las agendas para recolocar, si es posible, los eventos que se suspendieron el pasado fin de semana por la borrasca Emilia.
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