La jornada laboral de 35 horas semanales enquista la huelga en el tranvía de Tenerife
La plantilla de Metropolitano endurece un conflicto que va camino de los dos años entre la indignación resignada de los usuarios

Gente intentando entrar al tranvía en la parada de Guimerá a primera hora de la tarde / Andrés Gutiérrez
La aspiración de la plantilla de Metropolitano de igualarse en la jornada de 35 horas semanales a los empleados del Cabildo de Tenerife enquista la huelga en el tranvía que va ya camino de los dos años. Los sindicatos piden altura de miras a la Corporación insular para garantizar la paz social, mientras la empresa no cede tras presentar la semana pasada una propuesta para suspender los paros. Los trabajadores no solo la rechazaron en asamblea el pasado viernes, sino que acordaron ampliar el tiempo de huelga a otros tramos horarios, con mayor incidencia en aquellos con más usuarios a la espera del transporte público.
Colas recurrentes
Un ejemplo. 14:31 horas de la tarde en la parada del tranvía de Weyler. Una gran cola de gente espera la llegada del transporte hacia La Laguna ante un panel que anuncia cinco minutos de espera para el próximo vehículo y 20 para el siguiente, una consecuencia del endurecimiento del conflicto que en febrero cumplirá dos años. Hay quien opina distinto, como Manuel González: "Yo no noto nada diferente a otros días", aunque matiza que "venimos aguantando esto desde hace más de un año. Colas, apretados en el viaje y dejen salir antes de entrar".
Experiencia negativa
Sabina Megolla es una veinteañera que cuenta su negativa experiencia del día que achaca a la masificación: "Me subí en la parada del Hospital Universitario sobre el mediodía, me costó entrar y me puse entre los asientos en el pasillo". En la siguiente, en El Cardonal, "le dije a un señor que se sentara y yo me acomodé al otro lado". El tranvía siguió bajando "lleno hasta los topes en todas las paradas". Antes de llegar al puente Zurita, prosigue, "se subió una señora de unos 50 años, estaba con el móvil sentadita en mi sitio y se empieza a meter conmigo y a insultarme". Sabina contestó pero la discusión, por fortuna, no pasó a mayores. Insiste en que "esto ocurre cada día", porque "hay gente que se sube a pelear" y lo vincula a dos problemas que, incluso, pueden aparecer unidos: "La salud mental y la mendicidad".
Usuaria habitual
Sandra Díaz es usuaria habitual del tranvía desde un barrio periférico de Santa Cruz hacia la zona centro, donde trabaja: "He tenido días mucho peores. Lo cogi camino de casa a las tres menos veinte de la tarde. Pasaron dos: el primero iba petado, a los cuatro minutos pasó otro con menos gente y la frecuencia del tercero, según el panel, ya era de 12 minutos. Un poco locura, pero incluso mejor que la experiencia habitual".
Pegada al cristal
Carmen Febles es otra trabajadora que a diaro usa el tranvía desde la avenida Príncipes de España (Ofra) a la parada de Weyler para llegar a su oficina en la calle San Clemente. Es muy crítica: "Bajo para entrar a las ocho de la mañana con la cara pegada al cristal y subo con la cara pegada al cristal". Añade "Hoy llegué veinte minutos tarde y la media es de diez. El tranvía para cuatro o cinco veces en la bajada, aparte de los semáforos". Subraya el hecho de que "en un trayecto que antes se hacía en 12 minutos, ahora se tardan 20 y creo que es adrede".
Frecuencias
Juan Carlos Gómez trabaja en el Conservatorio de Música como demuestra el instrumento que carga al hombro. Hasta allí va a diario en tranvía desde Weyler. Apenas lleva un año en la Isla pero como usuario se queja, sobre todo, de la frecuencia, porque "no se cumple lo que se anuncia en el panel". Lo explica: "Dicen seis minutos, pero pasan 14 y el siguiente llega un minuto después. O sea, dos seguidos".
Gratuidad
Willy Arias es latinoamericano y lleva solo dos semanas en Tenerife. El servicio del tranvía le parece "genial", sobre todo porque viene de otra Isla, Ibiza, donde no existe. Incide en que beneficia a los residentes porque es gratuito. Lo usa para ir al trabajo y ahí se sube con sus papeles bajo el brazo para, precisamente, conseguir la ansiada residencia.
Los sindicatos
Fran Padrón es el presidente del Comité de Empresa de Metropolitano por la alianza entre UGT y USO, tras las elecciones celebradas este año que desbancaron de la presidencia al mayoritario, CCOO. Lo primero que hace es "pedir disculpas a los usuarios, por supuesto", pero argumenta que "defendemos nuestros derechos sociales y las condiciones laborales". Insiste en que "no pedimos dinero, en absoluto" sino únicamente "que se cumplan de una vez, por parte de la empresa, los acuerdos para el levantamiento de huelga de junio de 2023". Afirma que "los tramos de huelga se van a ir ampliando por mandato de la asamblea hasta alcanzar las 24 horas". Cabe recordar que los servicios mínimos alcanzan hasta el 80%.
Paz social
Los sindicatos, en las voces de Padrón y Juan MIguel Suárez (CCOO), apelan a "la altura de miras" del Cabildo de Tenerife para solucionar un problema que se ha enquistado y "no cerrarlo en falso" con la idea de "recuperar la paz social". Suárez apunta a "situaciones complicadas con expedientes disciplinarios abiertos a compañeros, sobre todo conductores". Para intentar desbloquearlo piden una reunión urgente con la presidenta insular, Rosa Dávila, y con los alcaldes de Santa Cruz y La Laguna al ser la población del Área Metropolitana "la más afectada". La Corporación insular remitió ayer a la empresa para valorar la situación y Metropolitano de Tenerife no se pronunció.
Por 15 minutos
Fran Padrón (UGT) coincide con Juan Miguel Suárez, asesor de Comisiones Obreras, en que "la huelga no se ha suspendido por quince minutos". Aunque "las diferencias en Seguridad y Salud están prácticamente solventadas con la sustitución del polvo de sílice y los flecos quedarían para la negociación colectiva", a este paro se llega por el desacuerdo en pasar de las 37,5 horas semanales actuales a 35, como se aplica en el Cabildo. La opción propuesta por los trabajadores es permitir 15 minutos de cortesía al inicio y al final de la jornada laboral. "El Cabildo parecía dispuesto en principio, pero solo acepta finalmente 15 minutos".
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