Los Carrizales en Buenavista del Norte: el paraíso en el abismo
La vida de una veintena de vecinos se agarra con fuerza en una de las brechas del Parque Rural de Teno

María Pisaca

¿Puede la vida abrirse paso en un barranco? La respuesta es sí, y el ejemplo es el caserío de Los Carrizales, en Buenavista del Norte. Es un abismo en pleno paraíso. Se enclava en la cabecera de un barranco del mismo nombre y tiene dos partes: Carrizal alto y Carrizal bajo.
20 vecinos en una brecha
La vida de una veintena de vecinos se agarra con fuerza en una de las brechas del Parque Rural de Teno. Idaira y Omar Dorta Rodríguez son hermanos y viven en Los Carrizales. Tienen 34 y 32 años, respectivamente. Son jóvenes y vitales. Ella es la madre de los dos únicos niños del barrio y solo hay una vecina más joven que ellos. "Mis hijos no se quieren marchar de aquí, disfrutan y son felices. Es que aquí se vive bien", sentencia. Los niños van al colegio más cercano de Buenavista del Norte, el del barrio de La Cuesta. Se tarda unos 20 minutos en llegar y los recoge y trae el transporte escolar.
El día está espléndido, soleado y racheado por el viento que recuerda la altura y la vertiente oeste. Al fondo, el mar y La Gomera. La isla se ve entre las paredes ocre del barranco. Se siente la dureza de la vida y la tranquilidad de un cernícalo vulgar embelesa con su planeo constante. "Te cuadró buen día", dice la hermana tras unas opacas gafas de sol.
Sustento en el Sur
Tanto Omar como Idaira tienen su sustento económico en el sur de Tenerife. Tardan casi lo mismo en llegar al casco de Buenavista del Norte que a Santiago del Teide, aunque el retorno tiene más dificultad: "Vamos por la carretera de Masca, que de madrugada para ir a trabajar no tenemos problemas, pero volver es muy complicado", explican. El caserío de Masca vive una situación de masificación turística compleja que afecta a estos vecinos de Los Carrizales en su trayecto de vuelta del trabajo.
Virginidad
"Este es un barrio virgen", dice Idaira al compararse con Masca. Los Carrizales cuenta con cinco casas vacacionales, por lo que el turismo llega, pero no invade. "Los turistas que vienen aquí no molestan. Vienen a caminar y a buscar tranquilidad, que aquí eso hay de sobra", añade. En la conversación se entromete una voz alemana, que se oye a lo lejos. Varios alemanes compraron casas y viven allí, lejos de la urbe.

Los Carrizales, en Buenavista del Norte / María Pisaca
La familia de los Dorta Rodríguez es, casi en su totalidad, de Los Carrizales. "Aquí casi todos somos medio familia, primos segundos o algunos primos de mis padres", comenta Omar del que destacan sus ojos azules. Aunque la veintena de vecinos no es tan real, por las idas y venidas de algunos, el varón de los hermanos recuerda que su padre "decía que cuando él era pequeño, en Los Carrizales llegaron a vivir unas 180 personas. Antes las familias tenían siete, ocho o hasta nueve hijos", algo que aumentaba el padrón del barrio. Según los datos censales, en el año 2000 en el caserío vivían 45 personas. Ahora, después de 25 años, se ha reducido a casi la mitad.
La herencia
"Muchos han vendido las casas, otros vienen los fines de semana a algunas que heredaron, algunos las convierten en viviendas vacacionales. Vivir aquí no es fácil", reconoce Omar. La dualidad de su discurso es similar al caserío: es un espacio sugerente alongado a un precipicio y, a la vez, es la tranquilidad disfrazada de dificultad. Ellos decidieron quedarse a vivir allí "por las circunstancias. Tenemos herencias de nuestros padres", añade.
La última venta
La última venta cerró en 1985. Ellos ni siquiera habían nacido. Se llamaba 'El casino', algo que recuerda una coqueta casa rehabilitada con el título bien colocado en su fachada. En Los Carrizales no tienen ningún tipo de servicio y se quejan del mal estado del alumbrado público, de las carreteras, de las limitaciones impuestas por vivir en un parque rural y de la poca atención por parte de las administraciones, local y supramunicipales.
Ellos solos salen adelante y se las ingenian para, por ejemplo, no quedarse sin luz. Algo muy habitual por esos lares en días de mal tiempo. "Fíjate en los cables de esos postes de electricidad", señala Idaira. Se puede ver una especie de palo o algo tenso que separa dos de los cables de electricidad. "Si esos dos cables chocan, se va la luz. Entonces, varios vecinos pusieron eso ahí para evitarlo", describe.
Los ñames
La agricultura fue uno de los principales sustentos del caserío. Cebollas, papas, batatas y ñames son algunos de los productos de la tierra que más salen de las profundidades del caserío. Omar Dorta guisa los ñames ahora, "en esta época de diciembre y enero los guiso para tenerlos para Navidad. Los guiso durante 12 horas aproximadamente en calderos grandes de acero inoxidable. Si veo que necesitan más, pues a veces están en el agua hasta 20 horas. Lo que haga falta", desarrolla. El ganado caprino también fue una de las principales actividades económicas, pero no tanto.
Equilibrio
Pasear por las pequeñas calles, muy pendientes, del Carrizal alto susurra el equilibrio entre el abandono y el cuidado. Casas representativas de la arquitectura canaria abandonadas y tristes se combinan con otras conservadas del mismo estilo. Unas corrieron mejor suerte que otras. Sea como sea, el paseo es placentero y aquel cernícalo que dio la bienvenida sigue planeando en la inmensidad. Es un entorno idílico.
La principal calle del barrio reúne una pequeña plaza y una ermita. En junio se celebran las fiestas en honor a San Juan. "La ermita la hicieron los vecinos", dicen los hermanos Dorta Rodríguez. Tanto el templo como la plaza están en un terreno cedido por sus habitantes. Es un rincón coqueto en el que parar tras recorrer algunos de los senderos que cruzan el caserío.
La capacidad de existir
Ir hasta el Carrizal bajo es sumirse en la brecha. Es inimaginable que la vida cavara tan hondo y que resistiera en un entorno agrietado y abrupto como ese. Pero se abre camino y otro grupo de unas cinco o seis casas se amontonan en un pequeño promontorio para coger aire y, sobre todo, sobrevivir. ¡Qué capacidad!
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