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El cedro Tara permaneció oculto durante tres décadas en el Parque Nacional del Teide

Quien encontró el árbol más antiguo de Europa, el escalador Javier Martín-Carbajal, considera "muy probable" que se conociera su existencia incluso con anterioridad

Una imagen de Tara junto a un grupo de escaladores

Una imagen de Tara junto a un grupo de escaladores / El Día

Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Tara, el cedro más antiguo del Teide y de Europa datado con 1.544 años, permaneció oculto al menos 30 años. En 1996 el escalador Javier Martín-Carbajal abrió una vía en los roques del parque nacional y ya en ese momento señaló la localización de un árbol que le llamó la atención y alertó a los científicos. «Nos lo encontramos en la tercera reunión de escalada. Incluso en el croquis y el plano de esa vía abierta dibujé dónde se encontraba. Puse: gran cedro», recuerda. Tres décadas después, una compañera de escalada bautizó el árbol, en el desarrollo del proyecto de reforestación y conservación de esta especie en el Teide dado a conocer el lunes.

Martín-Carbajal considera «muy probable» que otras personas también conocieran con anterioridad la existencia de Tara, como ha sido bautizado el cedro, porque «debajo, a unos 50 metros, hay otro talado. Escapó por la tremenda verticalidad» del lugar en el que se encuentra, cuenta.

Tara, un cedro hembra, está adaptado a la vida del risco y es un «superviviente del hacha, de los humanos y, también, de los herbívoros», explica el escalador tinerfeño. No sobresale de la pared y está «atormentado por los temporales, las bajas temperaturas, la sequía extrema y los calores de Las Cañadas. Por eso tiene ese porte retorcido», describió Martín-Carbajal. No es un árbol monumental como los cedros que pueden vivir en Aguamansa o que viven en condiciones más favorables.

Sin otro remedio

Según el jefe de escaladores del proyecto de reforestación del parque nacional, "Tara está sufriendo allá arriba, pero no le ha quedado más remedio que vivir ahí". Más allá de su capacidad de adaptación en el plano vertical, también destaca su altitud: "Ya no es que sean los árboles más viejos, sino los que más alto viven en la Macaronesia", atribuye. Y en cuestión de altura, Tara no es el cedro ganador. Martín-Carbajal avanza que hay otro espécimen que vive a 2.600 metros de altura, en la montaña de Guajara. Aún no tiene nombre.

En 2019, el escalador compartió su descubrimiento con el biólogo del Parque Nacional del Teide, José Luis Martín Esquivel. La fascinación del científico fue inmediata y se extendió más aún la necesidad de la recuperación de una especie de árbol que inundó el territorio hace miles de años. La raíz de la iniciativa de conservación fue el descubrimiento de otro cedro al que llamaron 'El Patriarca', que, a diferencia de Tara, "tiene más porte", define Martín Carbajal. A finales de 2022, se inició el proyecto de reforestación y conservación del cedro canario.

Árboles hembra

Tara le pasó por encima a 'El Patriarca' y también a 'Bárbol', hasta ahora algunos de los ejemplares que ostentaron el título de árbol más antiguo de Europa. Según Martín-Carbajal, ambos especímenes son hembra, al igual que Tara, aunque se les haya asignado nombres masculinos o neutros. 'El Patriarca' "se debería de llamar 'La Matriarca', porque es hembra", argumenta.

Martín-Carbajal no es biólogo, pero su pasión por la conservación y su experiencia escalando durante más de 40 años lo hacen especialista en la vigilancia y conservación de especies como el cedro. Se trata de flora y fauna que encuentra refugio en los escarpes y paredes. El escalador se rodea de otros especialistas, como el biólogo David Padilla y los expertos en paredes verticales Manu Padilla y Raúl Martínez Iglesias. Los cuatro forman parte del equipo del proyecto de reforestación para llegar a este tipo de especies.

No es tarea fácil

El artículo publicado en la prestigiosa revista científica Ecology en abril de 2022, titulado 'Los acantilados verticales albergan sabinas milenarias en las Islas Canarias', explica la necesidad de los biólogos del parque nacional por "averiguar si los cedros de los acantilados también eran antiguos, a pesar de las grandes limitaciones impuestas por su hábitat marginal". No estaban desencaminados y fue entonces cuando llevaron a cabo dos campañas de escalada: en 2019 y en 2020.

Tras esas dos incursiones en las que participó Martín-Carbajal, se accedió a 61 individuos (62,9% machos y 37,1% hembras). El texto científico deja claro que "escalar acantilados verticales nunca es tarea fácil, pero el desafío aumenta exponencialmente en terreno volcánico donde el riesgo de inestabilidad de la roca siempre está presente", se puede leer.

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