Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El cine Chimisay renace como auditorio municipal

La sala de proyecciones y punto de encuentro para los portuenses cierra en 2008 y abrirá con el turismo de congresos como prioridad

Fachada de la antigua sala cinematográfica.

Fachada de la antigua sala cinematográfica. / Arturo Jiménez

Puerto de la Cruz

El renacer del cine Chimisay de Puerto de la Cruz está a la vuelta de la esquina. El inmueble cerró en 2008 y ahora se transformará en un nuevo espacio de uso público. El Chimisay no fue simplemente una sala de proyecciones, fue un portal hacia otros mundos y un lugar de encuentro para jóvenes y mayores de Puerto de la Cruz entre el olor a cotufas y el traqueteo del proyector.

En él los portuenses se acongojaron con las fauces de Tiburón, viajaron hacia una galaxia muy, muy lejana con la trilogía de Star Wars, sufrieron al ver cómo Jack no cabía en la tabla tras el hundimiento del Titanic o descubrieron, por primera vez, el mundo mágico de Hogwarts de la mano de las primeras películas de Harry Potter. Hoy, después de 17 años de silencio e inactividad, el que se convirtió en un refugio para cinéfilos de todas las edades vuelve a cobrar vida, aunque esta vez reconvertido en auditorio. 

El cine Chimisay

El cine Chimisay / Arturo Jiménez

Entre sus paredes se esconden 53 años de historia de miles de portuenses de diferentes generaciones. Recuerdos que, sin embargo, dejaron de fabricarse cuando su gran telón granate cayó por última vez el 17 de octubre de 2008, dejando un vacío en el corazón del municipio y obligando a muchos a emigrar a otras salas de proyección. Incluso su nombre esconde una historia. Y es que es un topónimo guanche que alude a la playa donde los pastores aborígenes encontraron la imagen de la Virgen de Candelaria, hoy El Socorro, en Güímar.

La recuperación del edificio comenzó a tomar forma el 16 de mayo de 2025, cuando el Ayuntamiento anunció la compra del inmueble. Meses después, el 14 de noviembre, el consistorio formalizó la adquisición por 1.570.000 euros. Desde ese momento, el Chimisay pasó a ser patrimonio municipal con la intención de transformarse en un espacio para actividades culturales, artísticas, educativas e institucionales. El objetivo del Ayuntamiento portuense está en que la obra comience en 2026.

Sus inicios

Aunque el Chimisay abrió sus puertas como sala cinematográfica, pronto se convirtió en mucho más y se consolidó como uno de los centros culturales y de ocio más representativos de Puerto de la Cruz. Ocupó el mismo solar donde se alzaba el Teatro Topham, demolido en 1969 para dar paso a una construcción más moderna, acorde con el crecimiento urbanístico y turístico del municipio.

Este moderno edificio fue inaugurado el 3 de enero de 1972, en un acto presentado por el actor Tom Hernández, portuense de nacimiento, que había asentado se carrera en Hollywood, en Estados Unidos. A partir de ese momento, su pantalla se convirtió en una ventana al mundo para una ciudad que vivía un periodo de expansión económica y social.

Durante décadas, el cine acompañó ese crecimiento urbano y del turismo. En su época de esplendor fue el escenario de estrenos, festivales escolares y eventos políticos y comunitarios. Con el paso de los años, también se adaptó a los nuevos hábitos de consumo audiovisual y llegó a transformarse en multicines

¿Cómo era?

Las historias personales que se vivieron dentro del Chimisay son un capítulo aparte. María Bello tiene que consultar a su padre para acordarse de la primera vez que acudió al cine. Fue con 4 años al estreno de la película Gremlins. "La entrada para adultos costaba 250 pesetas (1,50 euros) y para niños 50 pesetas (0,30 euros) porque era un estreno", señala. Pero el precio normal del cine era de 100 pesetas (0,60 euros)

También recuerda los descansos durante las películas. Cuando se encendían las luces, se abrían las cortinas y las puertas, los espectadores salían corriendo al baño o a comprar golosinas. "Siempre compraba palomitas o regalices", añade Bello. No se acuerda del tiempo de los descansos, pero sí de que dejaban la última cortina abierta para "que pudieras entrar y si no llegabas a tiempo el acomodador te iluminaba el camino hacia su sitio con una linterna".

Declive

Carmen García también conserva recuerdos en el Chimisay. Aún recuerda la larguísima cola que se formó el día que fue a ver Titanic. No así el precio de la entrada, «porque han pasado muchos años», pero sí la expectación por ver en la gran pantalla a Jack y Rose. En el Chimisay estuvo con sus hijos para disfrutar de La guerra de las galaxias, sin saber entonces que esa saga marcaría a varias generaciones. García asegura que le hubiera gustado que sus nietos «disfrutaran del Chimisay».

Pero el paso del tiempo y la competencia terminaron por imponerse. La apertura de Yelmo Cines en el Centro Comercial La Villa, en La Orotava, marcó el inicio del declive del Chimisay, que cerró sus puertas como sala de proyecciones definitivamente en 2008. Ahora toca al Ayuntamiento su rescate.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents