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116 años de la última erupción de Tenerife

Del 18 al 28 de noviembre de 1909, el Chinyero puso en alerta a la isla, cambiando para siempre el estudio de los procesos eruptivos al ser el primero monitorizado

Volcán Chinyero, con campos de lavas de sus erupciones.

Volcán Chinyero, con campos de lavas de sus erupciones. / Wikipedia

Santa Cruz de Tenerife

“Sentimos una fuerte detonación acompañada de violenta sacudida de la tierra, que nos dejó suspensos, pudiendo entonces ver una gruesa columna de humo negro, piedras y fuego, entre el Chinyero y la montaña de Beque. Ante aquel horror, precipitamos la marcha a nuestras casas”. Con estas palabras describieron dos testigos oculares la última erupción de Tenerife a Antonio de Ponte y Cólogan, cronista de la erupción del Chinyero. Unas frases que fueron recogidas en la revista ‘Tierra y tecnología’ del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos en 2009, con motivo del centenario de la erupción que cambió para siempre el análisis de la actividad volcánica.

Iniciada el 18 de noviembre de 1909, la erupción del Chinyero fue relativamente corta, ya que duró apenas 10 días, hasta el 28 de ese mismo mes, por lo que este viernes se conmemora el 116 aniversario desde la finalización del proceso eruptivo. Pero la erupción del Chinyero, ubicado en las cumbres de Abeque, no solo es simbólica por ser la última de la isla, sino por ser la primera con monitorización remota

De hecho, fue el propio Cólogan quien se fue hasta las faldas de la erupción con palomas mensajeras para ir trasladando la información del comportamiento del volcán, a la vez que anotaba y fotografiaba todo lo que ocurría, tal y como ha informado el Instituto Geográfico Nacional (IGN) en sus redes sociales.

Pero, además, fue analizada de forma científica por Lucas Fernández Navarro, comisionado del Ministerio de Fomento 'ad hoc' para este hecho. De tal manera, que esta monitorización supuso un gran avance con respecto a la última ocurrida en el archipiélago hasta ese momento, ocurrida en Lanzarote en 1825.

Sismicidad

De aquella época se sabe que los terremotos comenzaron en la zona desde muchos meses antes, aumentando su frecuencia desde la semana anterior hasta el mismo día de la erupción, afectando, principalmente, al territorio entre Icod de los Vinos y Guía de Isora.

Los fuertes ruidos, que llegaron a sentirse hasta el Santa Cruz, llenaron de pánico a los vecinos, a quienes la erupción les tomó desprevenidos.

Tipo de erupción

Esta erupción, de tipo estromboliano y con varias bocas intermitentes, no fue demasiado intensa. En el momento de la erupción, se originó un mar de lava y una gran columna de piroclastos incandescentes y gases que se observaban, incluso desde otras islas. Todo el material expulsado provocó que se construyera un cono de 80 metros.

La primera comunicación oficial sobre la erupción fue mediante un telegrama que envió el por entonces alcalde de Icod, expedido a las 11:00 horas, y en el que se leía: «Según informes telefónicos, hay señales evidentes de erupción volcánica. Faldas Sur del Teide, en montaña de Las Cruces».

Materiales piroclásticos proximales de distinta granulometría del Chinyero recubren y se adaptan a la morfología de las coladas previas.

Materiales piroclásticos proximales de distinta granulometría del Chinyero recubren y se adaptan a la morfología de las coladas previas. / IGME

Aunque la lava no alcanzó los núcleos urbanos ni causó víctimas, afectó a zonas de cultivo y pastoreo, obligando a evacuar a la población cercana, y transformando el paisaje del noroeste insular. 

De hecho, las cenizas llegaron a La Orotava, Icod y La Laguna.

Primeras excursiones

Con motivo del aniversario de la erupción, el IGN ha dado a conocer algunas curiosidades sobre este momento. Entre ellas, que fue la primera vez que se hacían viajes turísticos para ver la erupción. Así, una vez que pasó la alarma inicial, hubo personas que querían disfrutar del espectáculo eruptivo.

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