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Absueltos dos migrantes que llegaron en cayuco con un fallecido en el viaje

La Fiscalía pedía 14 años y seis meses de prisión para uno de los acusados y ocho años y medio para el otro por homicidio imprudente y lesiones graves

Un cayuco es remolcado por una embarcación de Salvamento Marítimo.

Un cayuco es remolcado por una embarcación de Salvamento Marítimo. / Antonio Sempere  (Europa Press)

Miguel Ángel Autero

Miguel Ángel Autero

Santa Cruz de Tenerife

Los dos migrantes acusados de patronear un cayuco que partió de las costas de Mauritania el 30 de abril de 2024 con medio centenar de personas a bordo y que fue interceptado por Salvamento Marítimo tras nueve días de travesía, han quedado absueltos después de que los magistrados de la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife consideren que no hay pruebas suficientes para atribuirles el papel de organizadores o patrones de la embarcación.

La Fiscalía les acusaba de un delito de favorecimiento de la inmigración irregular, homicidio por imprudencia grave [uno de los ocupantes de la embarcación falleció durante el viaje] y lesiones por imprudencia grave sufridas por varios migrantes a consecuencia de las condiciones en las que navegaron. Los dos acusados, que se encontraban en prisión preventiva desde su detención hasta la celebración del juicio a comienzos de este mes, han quedado en libertad.

Los dos investigados se embarcaron junto a medio centenar de personas de origen subsahariano en una pequeña embarcación destinada a la pesca de bajura. Era un cayuco mauritano hecho de fibra, pintado de rojo y blanco, de unos 15 metros de eslora y tres de manga. En la popa de la endeble barquilla colocaron dos motores de 40 caballos para empujarles hacia Canarias. Tardaron nueve días en acercarse a las islas por el sur y fueron interceptados el 8 de mayo, pero estuvieron a punto de no contarlo.

El viaje no fue lineal. En los primeros días de navegación, la embarcación perdió el rumbo al aproximarse a las costas marroquíes, lo que les obligó a regresar al puerto de partida, en Nuakchot, antes de intentar de nuevo la expedición.

Un viaje muy precario

El cayuco carecía de medios de comunicación náutica, sin luces de posición ni deflector de radar, los ocupantes no tenían chalecos salvavidas y se sentaban en baldas transversales. Las fotografías aportadas a la causa por la tripulación de la Salvamar Alpheratz mostraban a los pasajeros sin chalecos ni ropa de abrigo adecuada y la agente de la Brigada Provincial de Extranjería, que instruyó el atestado, afirmó en el juicio que «si se hubiera tardado una hora más en el rescate, la barquilla habría naufragado».

El tribunal declara probado que al menos uno de los ocupantes falleció durante la travesía y que otros tres sufrieron lesiones vinculadas directamente a las duras condiciones del trayecto.

La Fiscalía pedía 14 años y medio de prisión a uno de los acusados y ocho años y medio para el otro, y pedía que indemnizaran a los tres migrantes hospitalizados en 5.000, 40.000 y 80.000 euros, respectivamente. Frente a ello, las defensas pidieron la libre absolución.

Los magistrados concluyen que no se ha demostrado que los acusados formaran parte de una trama dedicada a organizar la travesía.

Respecto de uno de los acusados, el tribunal indica que no consta que actuara en connivencia con los planeadores del viaje ni que realizara actos de pilotaje o dirección de la embarcación. En cuanto al otro, que admitió en su declaración haber repartido comida en una ocasión y haber ofrecido agua a una pasajera enferma, el tribunal subraya que esa conducta no encaja en el tipo penal de favorecimiento de la inmigración irregular: se trataría de un gesto lógico en unas condiciones extremas, no de una función de mando o distribución encomendada por los organizadores.

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