Adiós, Bernardo, obispo
La iglesia de Dolores acoge la capilla ardiente con los restos mortales del prelado; su entierro se celebra este jueves a las 15.00 horas en la Catedral

Humberto Gonar

Diez minutos después de las siete de la tarde, la hora convenida para abrir la capilla ardiente en que se convirtió la iglesia del Hospital de Dolores, se abrieron las puertas del templo para que la feligresía y la población que lo deseara acudieran a dar el último adiós a Bernardo Álvarez, obispo, como recordó en cada plegaria su sucesor. Con una Laguna oscura, y con las campanas tañendo por el fallecimiento del prelado el martes 25 de noviembre, medio centenar de personas esperaba la apertura de las puertas, mientras dos coches de la funeraria colocaban las primeras coronas.
Con una amplia representación de consagrados de diferentes congregaciones ya en los bancos, un presbítero se encargó de recibir así como de dar el pésame a cuantos se fueron congregando. La primera autoridad civil, el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, llegó acompañado por miembros de su equipo de gobierno. Ya en la iglesia de Los Dolores, el presbiterio del templo lo presidía por última vez Bernardo Álvarez, obispo, que yacía en un féretro descubierto. Revestido, con mitra y con sus manos entrelazadas sujetando un rosario.
La ceremonia y el control de la imagen
De frente al altar, a la izquierda, su sucesor en el episcopado nivariense, el grancanario Eloy Santiago. Esa zona se reservó para miembros de la iglesia local, mientras que a la derecha se distribuyeron familiares del fallecido, entre los que estaba su hermana, Milagros Álvarez, y sobrinos.
Para abrir la ceremonia, un clásico de estos funerales: Hacia ti, morada santa. Con quórum sobrado, Eloy Santiago –que sentó al alcalde lagunero a su vera– pronunció el primer responso por el alma de «Bernardo, obispo». Padrenuestro, avemaría y otro canto: Resucitó. La llegada de la prensa alertó a la portavoz de la Iglesia para la ocasión. Cada fotógrafo que entraba era abordado para recordar que las imágenes solo se podían quitar –como diría un palmero, como el prelado– desde la mitad del templo. Y sin planos cortos del obispo. Fin del responso y seguía llegando feligresía. También el presidente de la Junta de Hermandades.
Recuerdos y figuras del duelo
Antes de comenzar uno de tantos rosarios rezados en el duelo, llegó el prior de los dominicos, que recordó a los devotos que Bernardo, obispo, llegó a Candelaria con el recordado Jesús Mendoza, dominico de Gran Canaria que se convirtió en el escudero fiel de la Patrona de Canarias en su basílica en Candelaria, y fallecido, con Dailos José Melo, sucesor años después.
Ni la invitación de uno de los sacerdotes a pedir permiso para subir al coro de la iglesia de Dolores permitió que su párroco accediera a que los gráficos pudieran subir para inmortalizar el acontecimiento. Entre los exponentes de la Laguna profunda, Julio Torres, historiador y comunicador de La Laguna ahora. Ufano, con sombrero cordobés en la mano derecha y el móvil con la cámara preparada, enfiló el mismo pasillo por el que se va a comulgar. Al superar la zona roja, a mitad del templo, recibió el toque de atención que impedía la foto cercana. Acabó el rosario y llegaron las vísperas.

Capilla ardiente del obispo Bernardo Álvarez. / Arturo Jiménez
La Laguna se hacía grande en el templo. José Gómez Soliño, catedrático de Filología Inglesa y exrector de la Universidad de La Laguna; Ángel Yanes, de COPE en Canarias; José Carlos Marrero, periodista y defensor de tradiciones; o el exsenador socialista José Vicente González, incondicional de la Bajada de la Virgen de Los Reyes; o Toni Cedrés, que tantas veces inmortalizó al obispo con su cámara.
El amigo fiel
Casi de puntillas, con cara de despistado, Antonio Pérez Morales, vicario general de la diócesis nivariense. Fue precisamente a él cuando el 15 de agosto de 2024 le confió el pronóstico de ELA, dolencia conocida en la familia.
Pero, sobre todo, estaba el amigo, el propio Antonio Pérez Morales, palmero como el obispo, el único que lo acompañó en su equipo en sus casi veinte años de episcopado. A su encuentro, otro de los pata negra de la diócesis, Jesús Agüín. En el presbiterio, junto al féretro, un afectado Juan Pedro Rivero, deán de la Catedral, mientras también se vio al que fue secretario personal de Bernardo, obispo, Agustín Sanabria, o al último delegado de Pastoral Juvenil, David Rodríguez, llegado desde Roma, donde estudia.
El entierro y el descanso final
Sin aglomeraciones, continuó el templo abierto hasta que hoy, a las 15.00 horas, se celebre el entierro que concelebrarán Eloy Santiago, obispo de Tenerife; José Mazuelos, de Las Palmas, y el auxiliar, también de la diócesis canaria, Cristóbal Déniz. Al término, los restos de Bernardo, obispo, descansarán en la capilla de los santos canarios José de Anchieta y e el Hermano Pedro, elevados a los altares en la etapa de Bernardo, obispo.
Llovía en La Laguna. Lo suficiente para empapar los adoquines. Antes de las ocho y media, con el taconeo de quien tiene prisa, una mujer se acerca al periodista Zenaido Hernández y le pregunta: «¿Aquí está el papa, verdad?». Y, como puede, con esa bonhomía que lo distingue, le responde: «Sí, está la capilla de don Bernardo». Bernardo, obispo, que diría su sucesor.
Una despedida de toda la sociedad
Entre hábitos religiosos de todos los colores, otro alcalde, Mariano Pérez, además del anfitrión, Luis Yeray Gutiérrez. En este caso, llegado desde El Sauzal, tierra de la Siervita de Dios que se venera en uno de los conventos vecinos, el de Santa Catalina de Siena, frente a la plaza del Adelantado.
Antes de las nueve –siempre de la noche–, llegó la plana mayor de los militares a los que con fervor saludaba Bernardo, obispo, e incluso compartía almuerzos en la cofradía de los jueves. Taconazo, saludo militar y hasta en formación la media docena de mandos enfundado el riguroso uniforme militar en medio del pasillo, con Julio Salom al frente, teniente general y jefe del Mando de Canarias.
A priori se esperaba más presencia de feligresía en el velatorio, si bien no se descarta que muchos se hayan reservado para el entierro hoy, en la Catedral, donde descansará Bernardo, obispo.
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