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Un asesinato que conmocionó a Tenerife

La Policía indaga el acoso en redes sociales a testigos del crimen de la banda de Añaza

La organización liderada por Aarón Vargas sintió la presión de la policía antes de sacrificar a dos de sus miembros tras matar a Alberto González

Moisés Baute, custodiado antes del registro de la finca de Lomo de Mena donde fueron llevadas las víctimas. | E. D.

Moisés Baute, custodiado antes del registro de la finca de Lomo de Mena donde fueron llevadas las víctimas. | E. D.

Santa Cruz de Tenerife

La Policía Nacional investiga quiénes están detrás de las cuentas de redes sociales creadas específicamente en los últimos meses para acosar e insultar a familiares de la víctima y a testigos del asesinato de Alberto González Padrón, cometido en Santa Cruz de Tenerife a finales de julio pasado presuntamente por integrantes de la banda de Añaza.

En redes como Instagram, por ejemplo, se han abierto en los últimos meses numerosas cuentas para divulgar amenazas, insultos, vejaciones o burlas hacia familiares de Alberto González Padrón, así como hacia testigos. El Grupo de Homicdios quiere saber si las personas que se han prestado al linchamiento forman parte del entorno de los ahora investigados.

La labor de desgaste hacia familiares de Albertito y potenciales testigos ha sido muy importante. Y el objetivo es que algún día se echen atrás y no hablen.

El inicio de la investigación

Cabe recordar que la víctima mortal y León, el herido grave en el mismo secuestro y brutal paliza, cayeron en una trampa tendida por el citado grupo. Y es que supuestamente González Padrón y León se dedicaban a los vuelcos (robos de droga entre traficantes).

La banda decidió que dos de sus principales miembros se entregaran a la Policía Nacional con el cadáver de Alberto González, al que habían presuntamente asesinado, al sentir la presión de los investigadores.

El luchador de kick boxing Moisés Baute y el portero de discoteca y empleado de una empresa de desocupación Jonathan Martín se presentaron la madrugada del pasado 30 de julio en la comisaría de la avenida Tres de Mayo de la capital tinerfeña en un vehículo en el que llevaban el cadáver de Alberto y al otro joven gravemente herido.

Operativo policial en una de las viviendas donde se produjo el secuestro y las agresiones por parte de la banda de Añaza.

Operativo policial en una de las viviendas donde se produjo el secuestro y las agresiones por parte de la banda de Añaza. / El Día

Pero la noche anterior, agentes de paisano y uniformados realizaron un despliegue por el barrio de Añaza, donde nació esta organización, para intentar localizar a los integrantes más destacados.

Aviso por el barrio

En realidad, se centraron en hacer correr la voz entre familiares, amigos o conocidos de la banda liderada por el empresario y presidente del UD Añaza, Aarón Vargas, de que los buscaban por la desaparición de Albertito, como se conocía al vecino del barrio lagunero de El Cardonal.

El Grupo de Homicidios tenía conocimiento de la denuncia presentada por la novia de Alberto. Pero todas las alarmas se dispararon cuando fue localizado el coche de León, un Audi, con los teléfonos móviles de ambos en su interior junto a un supermercado de El Tablero.

Ambiente caldeado

Desde ese momento, la movilizacion de la unidad fue total. Los investigadores eran conscientes de que los hombres de Vargas y los de Alberto González llevaban varios meses de disputas, con diferentes episodios violentos.

Uno, con heridas de arma blanca en los glúteos de Alberto, ocurrió cerca de una discoteca de moda próxima a Verónicas, Las Américas (Arona). El ambiente estaba caldeándose desde hacía semanas.

El objetivo de los policías en aquella noche del 29 de julio era que la banda de Añaza liberara a Albertito y a León. Pero, según el informe prelimitar de la autopsia, ya entonces el vecino de El Cardonal llevaba varias horas muerto.

Y León tenía unas lesiones muy graves, tras más de 24 horas en las que había sufrido numerosos golpes. Esas lesiones supuestamente fueron causadas a puñetazos y con el empleo de algún objeto contundente.

Un señuelo

En las siguientes horas, Moisés Baute (alias Moi El Orejas) y Jonathan Martín (Johnny El Gordo) se presentaron en la calle Lepanto de la capital tinerfeña en un Toyota Yaris propiedad de un tercero, integrante también de la banda, con el cadáver. Todo apunta a que así, los presuntos autores pensaban que frenarían la acción de los policías y que estos se iban a conformar con la medida inculpatoria de Baute y Martín. Estaban equivocados porque las diligencias se ampliaron.

Meses analizando información

«Llevamos desde finales de julio sin parar de analizar información», explica la inspectora que ejerce como jefa del Grupo de Homicidios de Santa Cruz de Tenerife, quien comenta que en un asunto de esta magnitud «llegan muchos datos de diferentes procedencias y hay que elegir lo que interesa y lo que no».

Cuando comenzó la investigación, había varios integrantes de la unidad de permiso o vacaciones. Pero todos se incorporaron a trabajar. En el proceso también han colaborado otros grupos de la Brigada Provincial de Policía Judicial. Además, resalta la implicación de la Policía Científica y de muchos agentes de Seguridad Ciudadana.

Uno de los obstáculos ha sido la dificultad de investigar en un barrio como Añaza. Resulta innegable la capacidad de intimidación que personas como Aarón Vargas o Moisés Baute tienen entre muchos vecinos. Nadie quiere tener problemas con personas que, durante décadas, han dejado claro que están dispuestas a utilizar métodos violentos para imponer su voluntad. Nadie en el barrio quiere saltarse esa ley no escrita, la omertá, donde impera el silencio y no buscarse enemistades.

Los tres detenidos y enviados a la cárcel: de izquierda a derecha, Moisés Baute, Jonathan Martín y Aarón Vargas.

Los tres detenidos y enviados a la cárcel: de izquierda a derecha, Moisés Baute, Jonathan Martín y Aarón Vargas. / E. D.

La inspectora aclara que «la mayoría de los ciudadanos de Añaza es gente buena y trabajadora que quisiera colaborar, pero que tiene mucho miedo a las represalias si declara en un juicio» contra Vargas y su grupo.

Red clientelar

En otro ámbito se halla la red clientelar formada por familiares, amigos y conocidos, y tejida por el líder de la organización y sus hombres de confianza. Alguien como Aarón tiene capacidad para ofrecer trabajo, favores o protección en un entorno de incondicionales.

Los miembros destacados de la organización de Añaza tienen una amplia trayectora delictiva que empezó cuando eran menores, muchas veces por tráfico y robo de partidas de droga, lesiones o detenciones ilegales.

Resulta innegable que no es lo mismo investigar un homicidio tras una pelea que seguir el rastro a personas curtidas en la comisión de delitos y en entrar en la cárcel. Aarón Vargas y algunos de sus hombres de confianza tomaron muchas medidas para no ser atrapados por las fuerzas de seguridad, desde contravigilancia (controlar que los policías no se les acerque) hasta cambios frecuentes de coches o de teléfonos móviles.

Un total de 15 detenciones

Hasta ahora han sido detenidos 15 hombres vinculados a la banda y que, según los investigadores, tuvieron algún tipo de relación con el asesinato y las lesiones graves a León. Ocho de ellos ingresaron en prisión provisional. Los dos últimos arrestados quedaron en libertad provisional.

Algunos arrestados trabajan en la empresa de desocupación que controla Vargas, otros son porteros de discotecas y al resto no les consta actividad laboral alguna. Excepto uno de los investigados, todos los demás tienen antecedentes policiales o penales.

Muchos de esos delitos son por presuntamente causar lesiones o cometer robos con violencia. Para llegar a todas las personas investigadas, los agentes de Homicidios tuvieron que analizar muchas matrículas de coches, cámaras de videovigilancia, datos recopilados por la Policía Científica y testimonios de personas.

También se brindó custodia a León, el principal testigo de lo que pasó en la finca de Lomo de Mena durante una hora, las palizas en dos coches en la explanada del muelle de Añaza y, sobre todo, en un garaje de una casa ocupada en Santa María del Mar. Vive escondido en algún lugar de Tenerife para evitar que lo maten. El trabajo policial y las diligencias judiciales siguen para intentar conocer muchos detalles más de este caso.

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