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Artesanía

La roseta, el nuevo BIC canario con un marcado ADN tinerfeño

La genuina muestra del trabajo de aguja y encaje es declarada Bien de Interés Cultural pero la aspiración ahora es llegar a ser Patrimonio de la Humanidad

El rosetero Antonio Rodríguez en plena labor

El rosetero Antonio Rodríguez en plena labor / El Día

Santa Cruz de Tenerife

La roseta ya es Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de técnica artesanal tradicional tras la declaración del Gobierno de Canarias publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma (BOC) del pasado 14 de octubre. El consejero insular Efraín Medina, gran valedor de la artesanía en Tenerife, mantiene intacta la aspiración de que este oficio ancestral alcance la categoría de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, prestigioso galardón que entrega la Unesco. Un oficio transmitido de generación en generación, con base en una genuina técnica de la aguja y el encaje, que se conserva sobre todo en el sur de la Isla y en algunas zonas de Lanzarote.

De la Isla al mundo

Medina, consejero actual de Empleo, Educación y Juventud del Cabildo, resume: «Durante nueve años intentamos que la roseta fuera declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial y por fin ya es una realidad”. Explica que «se trata de uno de los oficios de artesanía tradicional originario de Tenerife y desde aquí salió para desarrollarse en diferentes partes del mundo». Por ejemplo, en Paraguay con el yanduti; en Venezuela, con los soles de Maracaibo;en Cuba, también con los denominados soles, o en Puerto Rico. «Se fue y retornó con los viajes de ida y vuelta de la inmigración” apunta el consejero.

También en Europa

Incluso alcanzó la Inglaterra colonial, prosigue Efraín Medina en su exposición, «porque se contrataban institutrices de Tenerife que iban a enseñarle la técnica a las clases altas, sobre todo en Londres, de este bordado tan típico y tan fino». Otro salto lleva la roseta a Croacia, cuyo bordado es, afirma Medina, «un hijo, pero que ya ha sido considerado Patrimonio de la Humanidad». Además, subraya, «también tenemos reseñas y vestigios de la roseta en diferentes partes del mundo».

Patrimonio de la Humanidad

El Cabildo de Tenerife trabaja junto al Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop) para presentar el expediente de declaración de la roseta de Tenerife y de Canarias como patrimonio de la humanidad «por única, por genuina y por ser un oficio auténticamente nuestro» sentencia Medina antes de concluir: «Iremos, por supuesto, por todas las vías reglamentarias. El catedrático y presidente del Cicop, Francisco Aznar, está haciendo un trabajo maravilloso para poder conseguirlo».

La técnica

La roseta es un encaje de aguja sin tela base que se convierte en único por su técnica. Sobre una base llamada pique, pieza circular acolchada, se clavan alfileres colocados en diferentes posiciones según el diseño. Luego comienza el proceso de tejer al entrelazar el hilo radialmente (hurdido). Posteriormente, se realiza el tramado con la aguja y se hacen los nudos para completar la figura simétrica. Una labor concienzuda y de gran valor histórico, cultural y etnográfico que ha resistido el paso de los siglos.

Garantía de futuro

Sin embargo, la técnica corría hasta no hace mucho un serio peligro de desaparición, pero evoluciona muy bien los últimos años. Los artesanos especialistas cifran en unos 500 los alumnos actuales distribuidos por la Isla y en los 31 municipios. La comercialización del producto artesano pone el foco en el mercado del lujo porque joyería, complementos o accesorios son de uso diario. «Se venden y se valoran» señala Efraín Medina.

Valor en alza

Medina sentencia: «Enrique Loewe dijo que el lujo es todo aquello que lleva un componente artesano». Y cuenta en primera persona: «Veía la serie El gatopardo, ambientada en Sicilia, y paré la imagen para comprobar los detalles de las posibles rosetas en los trajes. Y en el pasado cónclave para elegir papa lo mismo». Francisco Aznar, histórico viceconsejero regional de Acción Exterior, resume: «Patrimonio no es otra cosa que todo lo de ayer que compone el hoy». Como la roseta.

Capital mundial del encaje

Tenerife dio un espaldarazo al proceso de reconocimiento internacional al convertirse el pasado octubre en capital mundial del encaje como sede del foro de expertos sobre la técnica artesana de la aguja. Cientos de personas respondieron a este escaparate en distintos escenarios de La Laguna y Tegueste para consolidar a la Isla como epicentro de la preservación y la difusión de este arte textil. Acudieron 32 ponentes de nueve países América y Europa en un ambiente de intercambio cultural para formar e informar entre actividades culturales organizadas a pie de calle.

Proteger y comercializar

Las conclusiones fueron, por un lado, analizar las formas de proteger el encaje como símbolo de identidad y patrimonio cultural. Por otra parte, estudiar fórmulas para mejorar su comercialización y afianzarla como actividad que genere desarrollo económico, aprovechando el valor añadido para la alta costura.

La historia

El encaje, presente en distintas culturas como adorno religioso, elemento de vestimenta tradicional y recurso en la moda contemporánea, es reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en Croacia o Francia. En Canarias, técnicas como el calado y la roseta se mantienen como expresiones representativas de la identidad insular y ejemplo del saber artesanal transmitido de generación en generación como oficio productivo y de proyección. La roseta, ejemplo de tradición artesana y una forma de vida, ya es Bien de Interés Cultural, pero el proceso para darle el reconocimiento que se merece, en este caso a nivel mundial, sigue adelante. Un BIC canario pero con un ADN marcadamente tinerfeño.

Antonio Rodríguez `mima`sus labores

Antonio Rodríguez `mima`sus labores / Andrés Gutiérrez

Rosetero por los cuatro costados

En el mundo de la artesanía de la roseta destaca la progresiva incorporación masculina a un oficio muy feminizado aunque, señala Efraín Medina, «los hombres se escondían para hacer el trabajo y figuraban sus mujeres». Asegura con orgullo: «Hoy, en el oficio hay roseteros». Un ejemplo es el realejero de Palo Blanco Antonio Rodríguez, rosetero por los cuatro costados.

Desde niño

Criado entre mujeres, madre, abuelas y tías, con las agujas y el pique como entretenimiento. Califica la declaración de BIC como «una buena noticia y un espaldarazo a los artesanos». Explica los de los cuatro costados: «De mi madre heredé el calado y de mi abuela paterna, de Arona, la roseta». Aprendió de niño unas técnicas que nunca pensó que fueran hoy su forma de vida. Antonio se considera un privilegiado después de haber pasado por distintos oficios porque considera «un artesano no vive de su trabajo».

Profesional

En su caso es al contrario porque desde 2016 es un prestigioso profesional gracias a lo que sale de sus manos, De hecho, ahora da clases «por toda la Isla, del Norte al Sur» y ya tiene entre 230 y 250 alumnos para mantener y difundir su oficio. Lo resume:«Yo siempre digo que yo quiero que me recuerden por lo que veo y no por lo que me llevo».

Expansión

A esta labor docente en Tenerife se unen los talleres que imparte en la península. En este momento organiza uno para diciembre nada menos que en la meca del sector textil a nivel nacional: el Museo del Traje de Madrid. Con artesanos como Antonio Rodríguez, calador y rosetero por los cuatro costados, las joyas que nacen de las manos tienen futuro en la Isla y en el mundo.

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