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Casi 300 muertos, centenares de animales perdidos y la Patrona arrastrada por el agua: así fue el peor aluvión caído en Tenerife

Hace dos siglos, la Isla sufrió las trágicas consecuencias de la tormenta de San Florencia y dejó devastadas varias localidades

Las ruinas de la primera Basílica, por la que entró el agua, y la capilla de la Virgen, donde  se veneraba la Virgen de Candelaria, que se fue al mar tras romperse la pared del fondo.

Las ruinas de la primera Basílica, por la que entró el agua, y la capilla de la Virgen, donde se veneraba la Virgen de Candelaria, que se fue al mar tras romperse la pared del fondo. / El Día

M. Plasencia

M. Plasencia

Santa Cruz de Tenerife

Inundaciones de Santa Cruz de Tenerife en el temporal del 31-M y tormenta tropical Delta. Son, probablemente, los dos fenómenos meteorológicos más presentes entre la población de la Isla. Ambas en el presente siglo, sorprendieron a la población por su carácter extremo y por las consecuencias: vidas humanas perdidas y millones en daños materiales entre ambos.

Hay datos meteorológicos de ambos fenómenos adversos, que corroboran que se trató de dos fenómenos llamativos en esta disciplina. Pero no, ninguno de los dos es por asomo la peor catástrofe climática sufrida por Tenerife.

Esa etiqueta es para la conocida como tormenta de San Florencio, ocurrida hace casi dos siglos, y que se saldó con media isla arrasada y, al menos, 300 muertos. Fue entre el 7 y el 8 de noviembre de 1826, y aunque las lluvias se registraron en todo el Archipiélago, Tenerife se convirtió en la isla más perjudicada de lo que, aún hoy, es el peor aluvión de su historia.

Estudios

Al respecto se han realizado numerosas investigaciones, en las que se escudriñan relatos y documentación de la época para intentar reflejar tanto la situación meteorológica que llevó a semejante desgracia como sus efectos reales en la Isla.

Entre ellas destacan los estudios de dos expertos de la Universidad de La Laguna (ULL), José Bethencourt-González y Pedro Dorta Antequera, que llegaron a publicar un exhaustivo artículo en la prestigiosa revista científica sueca Geografiska annaler Series A- Phisical Geography de la Universidad de Upsala.

El estudio repasa con detalle los estragos que causó aquella tormenta —sus pérdidas humanas, los daños materiales, la desolación que dejó tras de sí— y corrige, con rigor documental, la disparidad de cifras que durante años acompañó a este suceso. Los investigadores confirman además que aquel fenómeno puede considerarse un auténtico ciclón tropical, el nivel más alto dentro de las perturbaciones de origen tropical.

En aquella época, los temporales se bautizaban con el nombre del santo del día, por lo que este episodio podría recordarse como el huracán o tormenta de San Florencio. Según diferentes documentos de ese año, aunque las cifras oficiales hablan de 300 fallecidos, se podrían contar por más de mil, después de que por ejemplo Puerto de la Cruz enterrara varios cadáveres hallados en el mar días después de las lluvias.

En concreto, según el canónigo don Francisco Martínez de Fuentes en su Vida Literaria, en este aluvión perecieron en Tenerife 261 personas, 1.080 cabezas de ganado mayor y menor; 344 casas; 16 puentes; 8 acueductos; 10 molinos; 3 castillos; 3 templos; y 3 buques de alto bordo . Las pérdidas totales se podrían calcular en más de siete millones de pesetas de aquella época.

Documento custodiado en el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, en el que se da cuenta de algunos de los daños ocasionados por la tormenta

Documento custodiado en el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, en el que se da cuenta de algunos de los daños ocasionados por la tormenta / ULL

Peor que el Delta

Las conclusiones del trabajo estremecen: las rachas de viento debieron superar incluso las registradas durante la tormenta Delta de 2005. Las lluvias, por su parte, alcanzaron intensidades descomunales, con acumulaciones que en algunos puntos pudieron sobrepasar los 500 milímetros en pocas horas y que, en amplias zonas, superaron con creces los 100 milímetros en un solo día.

Las consecuencias fueron devastadoras. Solo en Tenerife se destruyeron más de 600 viviendas particulares, y los daños en los montes, la agricultura y la ganadería resultaron incalculables. En algunas zonas se llegó a perder hasta un 30% del suelo fértil, y miles de cabezas de ganado desaparecieron arrastradas por la furia de los barrancos.

Pero lo más trágico fue la pérdida de vidas humanas. Las crónicas de la época hablan de “infinidad de muertos”, de “cadáveres flotando” en los cauces desbordados, imágenes que resumen el horror de aquellos días. Según el recuento elaborado por los investigadores, solo en Tenerife pudieron fallecer al menos 298 personas, una cifra que podría aumentar a medida que avancen los estudios y se incorporen datos del resto de las islas.

El aluvión de 1826 causó en Candelaria graves pérdidas materiales, humanas y religiosas.

El aluvión de 1826 causó en Candelaria graves pérdidas materiales, humanas y religiosas. / El Día

En el sur

El cronista de la comarca de Güímar, Octavio Rodríguez, ha elaborado varios artículos centrados en este aluvión, que tuvo especial incidencia en el municipio de Candelaria.

Candelaria

El pueblo más afectado fue Candelaria, donde el aluvión destruyó parte del Convento dominico, la Capilla de la Virgen y el Castillo de San Pedro, llevándose consigo la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria, venerada desde los tiempos de los guanches. Ocho personas fallecieron en el castillo, incluyendo al cabo Pablo Benítez y su familia.

Curiosamente, restos del castillo destruido y cañones aparecieron siglos después, algunos siendo reutilizados para la construcción de la Basílica actual, lo que mantiene viva la memoria histórica de aquella noche trágica, según refleja Octavio Rodríguez en sus crónicas.

El caudal de agua  discurrió por el barranco de Añavingo en Arafo,

El caudal de agua discurrió por el barranco de Añavingo en Arafo, / El Día

Güímar

El número de víctimas mortales en Güímar ascendió a siete personas, principalmente en las Dehesas de Agache y el barrio de La Hoya. También se contabilizaron 103 animales muertos, incluyendo bueyes, yeguas, mulos, burros, cabras, ovejas y gallinas.

Se dañaron decenas de casas y se perdieron higuerales, otros árboles frutales y viñedos. El valor económico de las pérdidas alcanzó los 196.476,33 pesos. Además, las obras de canalización en el Barranco de Badajoz resultaron gravemente afectadas, lo que obligó a la comunidad a organizar contribuciones y trabajo para su reconstrucción.

Arafo

Los daños fueron menores en comparación con Güímar. Se perdió ganado y algunos cultivos, y se registró una víctima mortal: Agustín Pérez Bencomo, arrastrado por el barranco de Añavingo.

Fasnia

Hubo un fallecido, José Fresneda, quien murió ahogado en un naufragio provocado por el temporal. La iglesia parroquial sufrió daños graves, incluyendo paredes desplomadas y deterioro del pavimento, lo que retrasó la vida parroquial hasta su reconstrucción en 1828.

Güímar en 1828, dos años después del aluvión que afectó gravemente a este municipio.

Güímar en 1828, dos años después del aluvión que afectó gravemente a este municipio. / Dibujo de Williams en las Misceláneas de Sabin Berthelot

En el norte

Según informes oficiales de la época, el municipio de La Orotava sufrió la aparición de al menos doce nuevos barrancos que arrasaron cultivos, arrastraron casas y modificaron la orografía del valle. El Puerto de la Cruz registró más de 40 víctimas mortales, con cuerpos arrastrados hasta la playa y viviendas destruidas. En Los Realejos, nueve casas y un puente de mampostería quedaron completamente sepultados por las aguas, y al menos 14 personas perdieron la vida en la zona.

Los informes destacan que los barrancos de la sierra y los valles cercanos crecieron de forma extraordinaria, arrastrando piedras, árboles y tierras cultivadas. La economía local quedó gravemente afectada: viñedos, huertas y ganado fueron destruidos, mientras que las pérdidas materiales se estiman en cientos de casas y miles de animales.

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