La "pequeña cala" que dio origen al nombre de una de las zonas más turísticas de Tenerife
El nombre ya estaba asentado apenas dos décadas después de la conquista, por lo que no es una ocurrencia moderna ni un apodo turístico

Prohibido el baño en el muelle de Las Galletas / Andrés Gutiérrez
En este rincón costero de Arona, un nombre de andar por casa cuyo origen es incierto: Las Galletas.
¿Pan duro de a bordo? ¿Provisiones perdidas en un naufragio? Suena tentador armar una leyenda marina, pero la filología es menos romántica.
La Academia Canaria de la Lengua (ACL) admite que no hay documento que zanje el asunto. Aun así, existen indicios firmes para desmontar mitos y apuntar una explicación plausible.
Pocas certezas
La ACL señala como explicación más plausible la procedencia del portugués calheta, que significa “cala” o “ensenada estrecha”. El término encaja con la geografía: una pequeña bahía recortada, resguardada, ideal para desembarcos y faenas pesqueras.
La forma calheta pudo adaptarse en castellano a galleta/galletas, al sustituir la consonante inicial /k/ por /g/ (muy común en estos préstamos cuando hay sonorización) y transformar la /ʎ/ portuguesa en el dígrafo español «ll».
El salto final a “Las Galletas” se completa con el artículo plural propio de la toponimia isleña (“Las Caletillas”, “Los Cristianos”, “Las Chafiras”…).
Aparece ya en el siglo XVI
Los repartimientos (escrituras con que los conquistadores castellanos distribuyeron tierras tras la toma de Tenerife) recogen el topónimo a comienzos del siglo XVI.
Estos repartos, registrados en protocolos, cartas de data y libros de contaduría, son una mina para conocer la toponimia real de la época pues en ellos se describen linderos, barrancos, guaires, cuevas y eras.
En 1516 y 1522 figuran menciones a tierras “a dar a Las Galletas” o al “barranco de Las Galletas”. Esto prueba que el nombre ya estaba asentado apenas dos décadas después de la conquista, por lo que no es una ocurrencia moderna ni un apodo turístico.
Además, el litoral de Arona y San Miguel de Abona está plagado de apodos geográficos que nombran playas, puntas y barrancos según su forma o su uso: Los Abrigos (embarcaderos), La Tejita (posible alusión a tejadillos de lava o a tejas de sal), Las Galletas… En ese sistema de nombres descriptivos, una palabra que signifique “cala pequeña” encaja mejor que un episodio aislado de naufragio.
Lo que cuenta la leyenda
- El barco de las galletas.- La leyenda cuenta que una nave cargada de galletas marineras encalló en la zona y que la playa quedó sembrada de bizcochos. Es una anécdota atractiva, perfecta para un folleto, pero no hay documentos que la respalden. Ni cronistas, ni repartimientos, ni protocolos notariales recogen ese supuesto naufragio “galletoso”.
- La derivación culinaria directa: galleta = bizcocho.- Es cierto que “galleta” existe en castellano desde la Edad Media, y que la galleta de barco (bizcocho duro para travesías) era común en la navegación atlántica. Pero la mera coincidencia léxica no basta para justificar un topónimo, sobre todo cuando hay una alternativa toponímica más coherente (calheta) y documentación temprana que no menciona el alimento.
- La vía francesa: galette = guijarro.- Algunos trabajos divulgativos citan el francés galette (“pan plano”, pero también “piedra plana” en argot regional) como origen. Sin embargo, la presencia francesa en Tenerife en el XVI es mucho menor que la portuguesa y, de nuevo, no hay constancia en textos oficiales. La propia ACL recuerda que la hipótesis carece de apoyo académico.
Todo apunta a Portugal
Aunque Tenerife fue conquistada por la Corona de Castilla, la presencia portuguesa en Canarias fue significativa, lo que provocó que el léxico canario se llenara de lusismos, algo a lo que la toponimia no es ajena.
En Madeira y Azores abundan las Calheta/Calhetas como microtopónimos costeros, por lo que la traslación al español de un lugar con características similares es perfectamente plausible.
Por su parte, el plural con artículo (Las Galletas) sigue el patrón de múltiples topónimos canarios y peninsulares (Las Caldas, Las Ventas, Las Negras…).
Destino turístico
Las Galletas (Arona, sur de Tenerife) conserva alma de pueblo pesquero y funciona como “puerta de mar” para quienes buscan un ambiente local, una playa urbana y salidas náuticas. Su pequeña Playa de Las Galletas mezcla de callaos y arena volcánica oscura, y un frente muy integrado en el núcleo urbano, junto a la lonja y el muelle tradicional.
A un paso de la arena está Marina del Sur–Las Galletas, puerto deportivo y pesquero que en la actualidad articula buena parte de la oferta turística.
Cuenta con 176 amarres (hasta 20 m de eslora), servicios de varadero y empresas que organizan excursiones en barco, avistamiento y actividades como motos de agua o charter, además de ser base de buceo hacia puntos célebres como Montaña Amarilla, Palm-Mar Cave o el pecio El Condesito.
Todo ello en el entorno protegido del Malpaís de La Rasca y muy cerca del vecino enclave turístico de Costa del Silencio y Ten-Bel, en otros tiempos uno de los lugares más demandados de Tenerife para veranear.
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