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Larga vida a la mayor flor de Canarias: los tajinastes muestran su colorido en el Teide

El botánico tinerfeño Wolfredo Wildpret, cuyo bisabuelo puso nombre a este especie endémica de la Isla, celebra la expansión de la flor de las mil flores en los últimos años después de que estuviera en peligro de extinción antes de la declaración de Parque Nacional

Tajinastes en Las Cañadas del Teide

Andrés Gutiérrez

Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

La flor de las mil flores tiene el futuro "garantizado". El tajinaste rojo del Teide, uno de los endemismos estrella de la flora tinerfeña y la flor más grande de Canarias, ha dejado atrás la época en la que estuvo a punto de desaparecer y vuelve a exhibir esta primavera la suficiente vitalidad como para asegurar que ha superado con éxito su proceso de conservación.

Lo asegura Wolfredo Wildpret, uno de los botánicos más prestigiosos de Canarias y que está tan vinculado a esta especie que incluso tiene una relación familiar con el tajinaste: su nombre científico es Echium wildpretii, en honor al científico suizo Hermann Wildpret , bisabuelo de Wolfredo.

"Por muchos años"

El científico, cercano a cumplir los 92 años, asegura que los tajinastes han alcanzado "un grado de desarrollo suficiente" para avalar que los visitantes del Parque Nacional seguirán disfrutando de su belleza "por muchos años".

«Se nota la recuperación de los últimos años en general en todas las flores del Parque Nacional pero especialmente en el tajinaste, que es el que más llama la atención por su porte y su color rojo brillante», detalla Wolfredo Wildpret en conversación con EL DÍA.

Aunque el número de ejemplares no ha sido muy numeroso esta primavera, como ha ocurrido en los últimos cinco años debido a la escasez de precipitaciones -Tenerife se mantiene en emergencia hídrica por la sequía pese a las precipitaciones de la primavera-, sí ha alcanzado una capacidad de reproducción lo suficiente importante como para afirmar que hay tajinastes para rato.

Preservación

Pero lo más importante para Wolfredo Wildpret es que la «buena salud» que presentan los tajinastes del Teide son una señal inequívoca de que «se va por el buen camino» para su preservación.

Un tajinaste con el Teide al fondo este sábado en el Parque Nacional del Teide.

Un tajinaste con el Teide al fondo este sábado en el Parque Nacional del Teide. / Andrés Gutiérrez

«Están en expansión y la especie se ha afianzado. El tajinaste está viviendo una recuperación que hay que cuidar mucho porque cualquier factor hostil puede amenazarlo por su fragilidad. Pero en este momento nos podemos sentir muy satisfechos de la evolución que ha experimentado en las últimas décadas».

Los peores tiempos

Los tiempos duros que tuvieron que afrontar los Echium wildpretii  no fueron hace mucho. A partir de la década de 1930, las crisis provocadas por la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial en Canarias obligaron a los tinerfeños a hacer un uso extensivo e intensivo, sin control, de los recursos naturales, como los presentes en el Teide. 

«No había dinero ni suficiente combustible. Se quemaba todo y el pastoreo se extendía por los espacios de mayor valor biológico. Incluso se quemaban los tajinastes, que también sufrían por la acción de los rebaños que pastaban en la cima de la Isla», relata Wildpret.

El primer paso para la salvación del tajinaste y otras especies de la flora exclusiva del Parque Nacional –como las retamas, las hierbas pajoneras o las margaritas del Teide– llegó el 22 de enero de 1954.

La salvación

En esa fecha, la estampa primaveral del Teide no se parece en nada a la actual: la actividad humana había arrasado con todo y apenas había color ante la caída catastrófica de los ejemplares florales. El Teide era un erial.

Pero ese día, hace ahora 71 años, el Boletín Oficial del Estado publicó la orden por la que el Teide era declarado Parque Nacional. Se iniciaba un camino hacia la conservación a través de las limitaciones de la actividad humana y programas de investigación y potenciación de las especies.

El tajinaste es solo una de las 58 especies endémicas del Parque Nacional del Teide. Su gran porte –puede superar los dos metros– y esa roseta llena de pequeñas flores con forma de lanza la convierten, no obstante, de una de las más especiales del espacio protegido.

La violeta del Teide

Wolfredo Wildpret incorpora en esta lista a la violeta del Teide. «El tajinaste llama la atención por su gran cuerpo y su estructura singular, una flor formada por miles de flores, pero la violeta del Teide también es muy especial, aunque sea mucho más chiquita. Crece a 3.700 metros, donde las condiciones son extremas», remarca el botánico tinerfeño.

La riqueza de los ejemplares de Echium wildpretii no solo radica en su fisonomía y singularidad genética. Cada uno oculta un mundo lleno de vida. Un tajinaste puede acoger una decena de especies de insectos.

«Dentro de cada roseta hay mucha actividad, más de la que nadie imaginaría, especialmente la de las abejas. Y eso es muy importante para el equilibrio natural del Parque», cuenta Wildpret. Es una relación recíproca. Todos ganan. Los tajinastes aportan el néctar y el refugio, y los insectos diseminan el polen y expanden la especie. Esta relación natural produce una de las mieles más exquisitas de Tenerife.

Hibridación

Algunos de los tajinastes que vemos hoy en el Teide son el resultado de la hibridación entre el tajinaste rojo y el tajinaste azul. Se puede encontrar en las Cañadas del Teide, La Fortaleza, Valle de Ucanca y las cercanías del Parador Nacional. Es la especie más representativa de las Cañadas, territorio que constituye una de las zonas florísticas de mayor interés dentro de toda la región macaronésica.

Pero sigue siendo frágil a pesar del buen momento que atraviesa. Por eso Wildpret pide la máxima prudencia y respeto a las normas del Teide a las personas que acuden esta primavera a disfrutar de este espectáculo de la naturaleza.

«Estoy preocupado por el daño que está causando el exceso de visitantes y la sensación de falta de control. Son cuatro millones al año y algunos hacen fogatas, se saltan los caminos, acampan... No termino de entender que se tarde tanto en cobrar por acceder, como se hace en tantos otros parques nacional, y en reforzar los medios de vigilancia», concluye Wolfredo Wildpret.

Un día de intenso calor

Este sábado el calor que hizo en toda la Isla -las máximas rozaron los 30 grados- también se sintió en la cima de Tenerife, donde algunos visitantes habían subido expresamente para ver tajinastes, una afición que se repite cada primavera.

Esta vez se concentraron en los valles que rodean las Cañadas, fuera de los caminos reglamentarios. Cerca de la carretera no hay muchos este año pero sí con portes impresionantes, un atractivo único de este mundo volcánico lleno de singularidades llamado Teide.

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