«No conviene hablar de política»: preocupación entre los isleños en Venezuela por la crisis provocada por el chavismo
Unos 100.000 canarios viven en el país sudamericano que espera un resultado tras las elecciones del pasado 28 de julio
Se mantiene la inquietud tras la aprobación de un acuerdo para romper relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con España en el Parlamento de Venezuela

Una de las manifestantes en la movilización del pasado 17 de agosto en la capital tinerfeña. / María Pisaca
«No conviene hablar de política». Es la principal declaración que hacen los canarios o descendientes de isleños que viven en Venezuela con los que ha podido hablar este periódico. «La situación es delicada», aseguran algunos con el miedo de dar más detalles ante un ambiente en el que «no es prudente» hablar de política. En el pensamiento diario de estos isleños y de los venezolanos en general reina la preocupación e incertidumbre sobre el futuro del país y si la crisis diplomática del chavismo con España puede provocar problemas a los emigrantes, tras las pasadas elecciones del 28 de julio. «Cautela», es la siguiente premisa que repiten los canarios que se encuentran allí. Se suma, además, la intranquilidad tras la respuesta del Parlamento venezolano a la acogida y el reconocimiento del opositor Edmundo González Urrutia en España –el pasado 8 de septiembre– con la evaluación de una posible ruptura de las relaciones diplomáticas y comerciales.
Nancy, de padres tinerfeños y que vive en Caracas, corrobora el ambiente de inquietud y recuerda la reacción de la ciudad tras las elecciones. Los balcones y ventanas se llenaron de gritos que reclamaban una injusticia en los resultados. «Lo podía escuchar desde mi casa. Decían expresiones como, ¡Maduro, desgraciado!». Meses antes de las votaciones la gente andaba ilusionada. En los supermercados se hablaba con más libertad. «Hacíamos bromas y hablábamos del tema, pero ahora no. Ahora la gente tiene miedo». Tras los resultados electorales las calles ya no hablan de política. Nancy explica la represión policial en la que te pueden pedir tu teléfono: «lo revisan y si te ven alguna conversación referente al tema o que tú estás siguiendo a alguien de la oposición, te quieren detener».
La vida tras las elecciones
La vida tras las elecciones sigue su normalidad. La gente está «atenta y tranquila», describe Nancy. Salen a trabajar y a hacer su día a día, «como si no pasara nada, porque si no, ¿de qué comen?». Aun así, destaca que pese a las distracciones como el adelanto de la Navidad por la que Caracas brilla con decorado navideño desde el pasado 1 de octubre, «la gente está pendiente de lo que va a pasar».
En Canarias, el viceconsejero de Acción Exterior del Gobierno de Canarias, José Luis Perestelo, asiste con preocupación a la situación que vive Venezuela tras la última jornada electoral: «Aún no se han publicado las actas por el Consejo Nacional Electoral, por lo que seguimos pendientes de un resultado». En la novena isla –u octava, como es más conocida, con permiso de La Graciosa– residen más de 55.000 canarios. Aunque Perestelo calcula que podrían ser cerca de 100.000, ya que no todos han realizado algún trámite en el consulado de Caracas para formar parte de este conteo.

Manifestación del pasado 17 de agosto en Santa Cruz de Tenerife. / María Pisaca
La población canaria en el país sudamericano tiene puesta la mirada a la negativa gubernamental de mostrar los resultados electorales, lo que a su vez aumenta la idea internacional de que la Mesa de Unidad Democrática es quien realmente ganó las elecciones. La oposición sí los ha mostrado y asegura haber ganado con más de un 60% y el Centro Carter –la organización a la que se encargó la verificación del proceso electoral– ha confirmado que con las actas a las que ha tenido acceso se puede asegurar que el partido de Edmundo González ganó al de Nicolás Maduro.
La comunidad internacional sigue metiendo presión al régimen de Maduro y el secretario general de la ONU, António Guterres, ya ha expresado su preocupación al actual presidente de Venezuela por la violencia poselectoral y las acusaciones de violar los derechos humanos.
2.000 detenidos
Desde el pasado 28 de julio se han producido hasta 2.000 detenciones por motivos políticos, malos tratos que podrían llegar a constituir tortura, ausencia de garantías judiciales, muertes por uso indebido de la fuerza –hasta 20 registradas por Amnistía Internacional–, y hay al menos 120 menores de edad detenidos. Unos hechos que se ven reflejados en muchas de las declaraciones de personas canarias que residen en Venezuela a este periódico que, o bien no han querido participar o no han visto oportuno hacer referencia a la causa política por miedo a represarias y siempre bajo un «no es oportuno hablar».
Al mismo tiempo, el secretario general de la ONU demandó una mayor transparencia en los resultados de las votaciones, una petición que el gobierno aún no ha cumplido. Por ahora, la situación está estancada y parece que permanecerá así, al menos, hasta que se constitucionalicen los resultados electorales el 10 de enero.
Migración a Venezuela
«Es muy difícil encontrar a un venezolano que no tenga sangre canaria por alguna de sus líneas», reconoce el catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna (ULL), Manuel Hernández. Figuras, incluso, como la de Simón Bolívar conservaban en su ADN restos del Archipiélago: su madre era de origen canario y tenía sangre guanche. «También tenía ascendencia de los guanartemes de Gran Canaria», añade el catedrático. Lo cierto es que el país venezolano fue el destino por excelencia para todos aquellos isleños que no veían posible un futuro próspero en las Islas. La mayor oleada de migración a Venezuela se produjo entre los años 40 y 70 del siglo pasado en el que algo más de 100.000 personas emigraron desde Canarias.
Una de ellas fue la herreña Dolores Quintero, de 77 años, que lleva desde el 85 en Venezuela. Comenzó una finca de plátanos en Frontera, El Hierro, junto a su marido. Pero los fuertes vientos que persistieron durante cinco años tumbaban al piso el trabajo de días en cuestión de pocos minutos. Por este motivo decidieron ir a Venezuela en donde «a pesar de la escasez de recursos desde hace años, nunca nos ha faltado trabajo», afirma.

Manifestante en la movilización celebrada el pasado 17 de agosto en la capital tinerfeña. / María Pisaca
Otro caso es el de María Fátima Fernández. Su madre era herreña y ella nació en Caracas, aunque si se le pregunta por su cultura e identidad subraya: «es imposible quedarme con una». En cuanto a la situación en Venezuela, al igual que señala la mayoría de la comunidad vinculada con Canarias en el país sudamericano, y la población en general, el mensaje que transmite es reservado y dice vivir «un día a la vez».
En el contexto actual, el viceconsejero de Acción Exterior, José Luis Perestelo, mantiene el contacto con los canarios que residen en Venezuela. Su impresión es que hay inquietud. «Asisten con mucha preocupación a lo que pasa aquí en España, a esa amenaza con romper relaciones diplomáticas y comerciales con el país», y añade: «las cosas no están como para generar más inquietud y más preocupaciones».
Sobre la posibilidad de que el Parlamento venezolano opte por romper relaciones diplomáticas y comerciales con España, Perestelo decide centrarse en el presente. Los supuestos y el «qué pasaría sí» no entran en los objetivos del viceconsejero que prefiere enfocar los esfuerzos en cumplir con el Estatuto de Autonomía y «garantizar los derechos de los canarios allá donde estén». Además, confía en el diálogo. «Sigo queriendo lo mejor para Venezuela y pienso que se va a producir ese entendimiento».
Ayudas desde Canarias
Canarias asignó cuatro millones de euros para la asistencia a los canarios residentes en Venezuela. La ayuda se presta gracias al trabajo en conjunto entre el Gobierno y el comité de ayuda a Venezuela. Este último órgano se constituyó por Ayuntamientos, Cabildos, grupos políticos, particulares y empresas para canalizar ayudas cuando se produjo la tragedia de Vargas –las inundaciones ocurridas en las costas caribeñas de Venezuela en las que las cifras, sin carácter oficial, hablan de 30.000 fallecidos–. Hoy, se destinan 1,3 millones de euros para prestación sanitaria, con un total de 1.260 beneficiarios; 1,8 millones de euros para tarjetas de alimentos, con 5.806 personas beneficiarias; y 857.000 euros para tarjetas de medicamentos para 3.548 beneficiarios. Lo que suma un total de 10.614 personas que reciben ayudas por parte del Gobierno de Canarias en el programa España en Salud. Uno de los requisitos para recibir esta prestación es ser de origen canario aunque también existen asociaciones a las que tienen acceso hasta la tercera generación con ascendencia isleña.

Manifestación en Santa Cruz de Tenerife del pasado 17 de agosto. / María Pisaca
Así, la actividad de Canarias en Venezuela se extiende también con los cerca de cincuenta centros de actividades culturales –que años atrás llegaron a ser hasta 87–, con nombres típicos de las Islas, como Asociación Garajonay o Garoé, pese a su ubicación al otro lado del charco. «Su objetivo es la conservación de las tradiciones, los encuentros culturales, el folclore…», explica Perestelo. Aunque desde hace mucho tiempo tienen como prioridad las necesidades sociales y sanitarias de la gente.
Venezuela lleva «más de 20 años en una situación difícil», expresa la presidenta de una de las asociaciones. Los más perjudicados son los niños y los ancianos que «se han quedado solos» en un contexto de precariedad en el sistema educativo y sanitario. La pensión para mayores en la actualidad es de 3,55 dólares mensuales teniendo en cuenta que se fija tomando como referencia el salario mínimo, que se mantiene inamovible –desde marzo de 2022– en 130 bolívares al mes.
«Eso no da ni para un harina pan», asegura la presidenta ante una prestación tan «insuficiente» al mismo tiempo que se pregunta cómo se puede sustentar una persona con eso. Tras las elecciones tanto ella como Nancy, esperaban un cambio que no se ha producido. El discurso de Nancy se repite entre muchos de los entrevistados y asegura: «yo tengo mucha fe de que va a pasar algo, habrá muchos muertos, ojalá que no, pero tengo la esperanza de que saldremos de esta».
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