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Se rompió el amor en Bocacangrejo: un suelo gris reemplaza los corazones más virales de Canarias

Su autor borra por completo los corazones que decoraban el paseo tras un acto vandálico en el que se tacharon con grafitis

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Irene Mederos

Irene Mederos

El Rosario

Se rompió el amor de tanto usarlo en Bocacangrejo. El pueblo costero, en el municipio de El Rosario, llevaba cerca de tres años con un museo de arte al aire libre, su obra maestra: los cientos de corazones de colores que decoraban su paseo junto al mar. Tras un acto vandálico, hace cinco días, en el que tacharon con grafiti las pintadas, el lugar pone fin a esta etapa y, en su lugar, amanece con un suelo gris claro y unas paredes blancas. No queda rastro de un romance anterior, salvo en la casa de Rafael Marichal que aún conserva un decorado singular y colorido. 

El vecino de 73 años –al que todos conocen como Rafa– se encierra en su casa y en el lugar solo se escucha el tambor que hace sonar entre lágrimas y el romper de las olas contra las rocas. Es el autor de los famosos corazones que dieron el sello personal a un lugar que se convirtió en parada obligatoria para muchos. «Aquí ha venido gente de todo el mundo», señala Luis el Majorero, como llaman a uno de los vecinos más veteranos del pueblo.

Rafa no quiere hablar con los vecinos ni con la prensa. Todo el amor que había puesto en pintar el pueblo se esfumó en dos noches de trabajo en las que el mismo creador puso fin a su obra. Pintó el suelo de un gris claro y las paredes de blanco, nada de color. Había recibido varias denuncias por pintar un espacio público, aunque vecinos y visitantes como Marina Díaz lamentaban haber perdido la oportunidad de verlos. «Qué pena, me imagino que serían muy bonitos», explica Díaz, que venía desde Adeje a por su paseo entre corazones.

Luis el Majorero, vecino del pueblo desde hace 40 años.

Luis el Majorero, vecino del pueblo desde hace 40 años. / Arturo Jiménez

Luis el Majorero lleva 40 años en el pueblo. Cuando se le acercan nuevos visitantes directamente exclama, «¿Los corazones?, sí, bajando por estas escaleras». De manera automática sabe indicar a las miles de personas que han pasado por ahí dónde pueden sacarse la foto perfecta. En su casa guarda además un mapa. En él se ve un punto negro – que indica dónde se encuentra–, luego la iglesia y unas flechas más abajo –como si fuera el mapa del tesoro– los corazones. Está acostumbrado a que la gente visite Bocacangrejo y los recibe con alegría pero critica el problema del aparcamiento. «Durante el fin de semana se llena de coches que vienen y van en el mismo sentido y es un desastre», asegura.

La casa del autor de los corazones, aún con su decoración.

La casa del autor de los corazones, aún con su decoración. / Arturo Jiménez

La alta masificación que sufrió un pueblo tranquilo a orillas de la autopista sur sorprendió a sus vecinos. El lugar se convirtió, en cuestión de meses, en el photocall de El Rosario y se viralizó por las redes sociales. Instagram y Tik Tok se convirtieron en los espacios perfectos para publicitar las pintadas. Así, la viralización del contenido relacionado con los corazones se tradujo en millones de visualizaciones a vídeos que recomendaban su visita y que se atrevían a cambiar el nombre de Bocacangrejo y rebautizarlo como «el pueblo de los corazones». Una situación que también generó controversia entre los vecinos de toda la vida que no veían con buenos ojos el cambio de nombre.

En consecuencia, las visitas aumentaron y la estrecha carretera que recorre la costa de Bocacangrejo se llenó de coches. «También vienen muchos vehículos, sobre todo, de alquiler», asegura Luis. El vecino denuncia los episodios en los que se forman colas para entrar y salir dado que la carretera tiene un solo carril y es de doble sentido. Además, la falta de aparcamiento obliga a hacer verdaderos malabares para buscar aparcamiento. En su caso no tiene problema, «intento no sacar el coche de viernes a domingo, que es cuando se llena de gente y es imposible aparcar».

Pulseras gratis y photocall

Además del rincón transformado en photocall la gente también iba a Bocacangrejo por las pulseras que regala Rafa. «No cobra ni un euro», asegura Lala, vecina del pueblo desde hace 36 años. Así, el veterano comenzó a poner el pueblo en Boca de muchos locales y extranjeros por las pulseras que elaboraba y regalaba con el único incentivo de llevar alegría al pueblo. «Algunos le dan algo de dinero, para toda la cuerda que tiene que comprar para elaborarlas», subraya Lala. Más adelante llegaron los corazones.

Había quien estaba a favor de las pintadas de colores y quienes las rechazaban por la presencia insostenible de visitantes. Aunque lo cierto es que vecinas como Lala expresan la tristeza de ver a Rafa tan afectado. Se le pone la piel de gallina al recordar la escena que protagonizó el artista de los corazones cuando vio el destrozo que habían hecho con grafitis negros y rojos. Vecinos de la zona aseguran haber visto a dos encapuchados cometer el acto vandálico, aunque se desconoce su autoría.

Resto de corazones borrados en el paseo.

Resto de corazones borrados en el paseo. / Arturo Jiménez

«Rafa es muy buena persona», asegura la vecina. Así, cuando no le quedó más remedio que repintar las paredes y el suelo sus expresiones no eran más que de pena. «Lo repintó él solo, no necesitó ayuda de nadie», afirma Lala. Fueron dos noches de trabajo en las que Rafa dejó atrás toda una dedicación por traer el amor al pueblo, pues lo cierto es que logró que muchos guardaran un trozo de Bocacangrejo en sus corazones. El sonido del tambor del artista se detuvo un momento ante los jóvenes que aún llamaban a su puerta en busca de explicaciones por el aspecto apagado que conserva, en la actualidad, el paseo. Entre ellos había una chica que no pudo evitar derramar lágrimas junto con Rafa. Los dos se animaban mutuamente, pero era evidente que echaban de menos la alegría de los estampados multicolor y aceptaban que los corazones más virales de Canarias habían dejado de latir.

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