Sin perder el norte

La fiesta no se acaba en el norte de Tenerife

Hoy, La Orotava celebra su romería, «la fiesta más bonita que hay en Canarias», según su creador Felipe Casanova Machado

Globo aerostático de las fiestas de San Antonio, en Icod de los Vinos

Globo aerostático de las fiestas de San Antonio, en Icod de los Vinos / El Día

Marta Casanova

Este domingo celebramos en el Norte una fiesta muy especial, la romería de La Orotava en honor a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. Con una semana de retraso por la cita electoral del pasado 9 de junio, aquí no se acaba la fiesta. Magos y magas, perfectamente ataviados, se disponen a acompañar al santo desde la Cruz del Teide a la Ermita del Calvario. Bajar las calles empinadas de la Villa resulta todo un desafío para las setenta y cinco carretas que, tiradas por bueyes, rescatan escenas tradicionales, muchas de ellas casi olvidadas o algo desconocidas para los más jóvenes. Los tocadores más profesionales, acompañados por voces bien afinadas, se confunden con espontáneos que sin complejos se atreven con las coplas más conocidas conformando, año tras años, la banda sonora de la declarada por méritos propios como la fiesta más bonita que hay en Canarias.

Esta consideración fue acuñada por un villero que, quizá, muchos no conocen. Felipe Casanova Machado nació en la Villa de la Orotava en el año 1897. Era jurista y gestor administrativo, pero, sobre todo, compositor y gran músico. Como bien dijo Manuel Hernández González en el pregón de las fiestas de La Orotava de 2017: «Su contribución al folclore insular no ha sido suficientemente reconocida y su obra debe ser rescatada, que no solo inmortalizó, junto a Tomás Calamita Manteca, La Orotava de principios del siglo XX en su zarzuela Cosas del pueblo, sino que dio a luz la canción más universal de su romería, Y si esto no es una isa, cuyos versos exaltan a la Villa y a sus fiestas al decir en sus estrofas: Yo me visto de mago con alegría, y entono mis canciones como plegarias, porque de San Isidro, la romería, la fiesta más bonita que hay en Canarias.

La fiesta no se acaba

La fiesta no se acaba / El Día

Este año, tras el otorgamiento el pasado verano, por parte del Vaticano, del Patronazgo a San Isidro Labrador, la romería se celebra, por primera vez, de forma oficial como fiestas patronales, ya que hasta la fecha eran simplemente fiestas mayores. Pero, al margen de esta celebración –que reunirá a más de 25.000 personas en la Villa–, me gustaría acercarles otra tradición no tan conocida, salvo en el municipio de Icod de los Vinos. La festividad de San Antonio se celebra en este barrio icodense con la elevación del globo aerostático que cada año confecciona Mundo Delgado, siguiendo la técnica aprendida por su padre, Pepe el Capijo, y que ya conocen también sus hijos y nietos. «En las fiestas de los pueblos era tradición que los fogueteros lanzaran globos pequeños, pero fue mi padre el que se atrevió a hacerlos de mayor tamaño hasta alcanzar los cuatro y cinco metros. Hasta hace unos años, también se seguía esta costumbre en otros lugares del Archipiélago como en Santa Brígida (Gran Canaria) o en la isla de La Palma, pero en la actualidad se ha perdido la costumbre y solo se mantiene en este punto del norte de Tenerife», comenta Mundo, quien recuerda también cómo fue este mismo periódico el primero en difundir esta tradición, allá por los años sesenta. «Fue Salvador Pérez, maestro del municipio de La Guancha que escribía sus crónicas en EL DÍA, quien se hizo eco del lanzamiento del globo de Icod».

Pepe el Capijo, zapatero de profesión, elaboraba estos artefactos con papeles de colores o de periódicos viejos, pero su hijo Mundo le ha dado su impronta personal dibujando diferentes escenas en cada uno de los trece gomos que componen cada globo, como si de una gran naranja se tratara. El resultado final de estos trabajos solo se puede ver el día del lanzamiento, a medida que se va inflando por el efecto del calor. Mundo también ha logrado superar las dimensiones de los globos de su padre, que ya alcanzan los siete metros de largo con un diámetro de unos cuatro metros. Nos cuenta cómo se desarrolla este laborioso proceso, que comienza con el diseño de los dibujos en función de los temas de actualidad elegidos para continuar pintando esos trece diseños que luego tendrá que pegar. «Hasta el momento de desplegar el globo no sabemos el resultado final ni si ocurrirá algún contratiempo que rompa el trabajo realizado».

La fiesta no se acaba

La fiesta no se acaba / El Día

El día del lanzamiento se toman las medidas de seguridad oportunas teniendo en cuenta que en la actualidad no se utilizan las técnicas que se empleaban antes, por el riesgo que conlleva emplear material inflamable. Antiguamente, los fogueteros usaban pelotas de algodón impregnadas en alcohol de quemar o petróleo y, así, la distancia que alcanzaba era mucho mayor. Hoy en día se eleva sin mecha, únicamente con aire caliente que es más ligero y al acumularse en esa estructura tiende a subir con mayor facilidad, alcanzando uno o dos kilómetros. «De esta manera es muy fácil rescatarlo, aunque su destino final no es otro que el de convertirse en cenizas de las hogueras de San Juan como arte efímero que es», recuerda Mundo.

En esta ocasión, el globo de las fiestas de San Antonio está dedicado a los alumnos del Colegio de Infantil y Primaria (CEIP) Campino, que llevan en sus uniformes el logo del globo de Icod. El pasado año, Mundo eligió otros temas tan curiosos como el homenaje a Proteo, el perro rescatista que logró salvar la vida de varias personas en el terremoto de Turquía. Pero este jubilado de Telefónica que ha recibido como herencia familiar la gran responsabilidad de mantener viva una tradición casi perdida no solo realiza este trabajo artesanal para las fiestas de San Antonio. Hace unos meses ya lanzó otro globo, con motivo del Día Internacional del Teatro, en homenaje al escritor icodense Hermenegildo Socas Cruz, mientras que otro de los encargos realizados fue el tributo a los compañeros fallecidos del grupo musical Los Chincanayros.

Según destaca Pedro Socorro, cronista oficial de Santa Brígida, la suelta o elevación de globos aerostáticos era una costumbre muy arraigada en las fiestas populares de los pueblos canarios desde mediados del siglo XIX. Y aparecen progresivamente reflejados en la prensa de la época, traídos en ocasiones desde Barcelona, pero también elaborados de manera artesanal. Aun cuando no es posible saber con exactitud cuándo y cómo se inició esta tradición, sabemos que el domingo 23 de agosto de 1896 se elevó en la plaza de León y Castillo, de Arucas, un globo de tela de color negro en forma de pera con unas dimensiones de 22 metros de alto y 48 de circunferencia, tripulado por Jaime Campany, según relatara en un manuscrito sobre la historia de la ciudad el que fuera sacerdote y cronista Pedro Marcelino Quintana Miranda.

Si nos remontamos a la invención de este artefacto, corresponde a los hermanos Montgolfier, que vivían en Francia donde tenían una fábrica de papel. Allí observaban cómo ascendía el humo de la hoguera y les surgió la idea. Joseph y Jacques descubrieron que el aire caliente es más liviano y, por tanto, si lo encierras elevará una estructura lo suficientemente ligera como ocurrió con el primer vuelo del globo construido de una especie de papel, con un diseño algo rocambolesco en comparación con los globos aerostáticos actuales. Los hermanos Montgolfier lo situaban justo encima de una pequeña estructura de fuego que, al llenarlo de aire caliente, lo hacía ascender verticalmente.

La fiesta no se acaba

La fiesta no se acaba / El Día

Pero lo que resulta aún más curioso es que tenemos que volver al norte de Tenerife para descubrir que fueron dos celebres ciudadanos nacidos aquí los pioneros en España en el lanzamiento de globos aerostáticos. El 28 de noviembre de 1783 Agustín de Bethencourt y Molina, padre de la ingeniería moderna, nacido en el Puerto de la Cruz y fundador de la Escuela de Ingenieros Caminos Canales y Puertos, fue artífice de la primera ascensión no tripulada, mientras que el sacerdote de Los Realejos, José Viera y Clavijo, llevó a cabo días más tarde la suelta de otro globo, concretamente desde los jardines del Marqués de Santa Cruz. El primero se dedicó a las máquinas de vapor y los globos aerostáticos, pero también a la ingeniería estructural y el planeamiento urbanístico. En el caso de Viera y Clavijo, máximo exponente de la ilustración canaria, uno de sus grandes desafíos era la elevación de un globo aerostático. Había conocido en París las virtudes de la aeronáutica, y sus estudios sobre los gases le permitieron, el 15 de diciembre de 1783, cumplir con ese objetivo.

No se si Pepe en su día siguió la técnica del ingeniero portuense o del ilustrado realejero, lo que sí sé es que los globos de los Capijos siguen alzando el vuelo buscando cada año un nuevo horizonte. Y para quienes se preguntan por el origen del mote, les contaré que viene por parte de la abuela de Mundo, Juana la Capita, llamada así por su oficio de costurera y gran destreza para confeccionar unas capas que también usaban sus hermanos, dos hombres altos y delgados que llamaban la atención por ser bastante pijos. De ahí Los Capijos. Y yo que pensaba que pijo era un término muy actual...

Sobre estas líneas, Felipe Casanova Machado, autor de la canción más universal de su romería, Y si esto no es una isa; a la izquierda, ejemplos de globos aerostáticos de las fiestas de San Antonio, en Icod de los Vinos.