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La 'joya comestible' de un pueblo de Anaga convertida en emblema para sus habitantes

Comienzan a brotar los primeros frutos del cultivo más popular del enclave costero

Su origen guarda relación con la emigración de agricultores a Cuba

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Claudia Morín

Claudia Morín

Santa Cruz de Tenerife

El pueblo de Igueste de San Andrés, escondido entre laderas del Macizo de Anaga y a escasos 15 kilómetros del centro de la capital tinerfeña, guarda uno de los tesoros mejor conservados de la relación histórica de Canarias y Cuba. El mango, junto a otros frutos tropicales, son emblema de una de las zonas de la Isla que aún conserva su tradición agrícola. Soledad Álvarez, más conocida en el lugar como Solita, nació, se crió y ha vivido en Igueste toda una vida. Este martes, en su ochenta cumpleaños, muestra los primeros mangos de esta temporada en su finca, situada en el enclave de El Cascajal, en las medianías. Este cultivo no solo predomina en su huerta, sino en cuantas cuidan la mayoría de habitantes. Por esta época, al verde de la vegetación que caracteriza la típica postal del nordeste de la Isla se suman las tonalidades rojizas y rosadas de la flor del mango. 

Décadas atrás, los primeros emigrantes salieron a Cuba en busca de fortuna. De la otra orilla del Atlántico trajeron frutas tropicales como la papaya, el aguacate y el mamey, aunque el principal tesoro para la población iguestera es el mango. Tal es la pasión por este cultivo que, años atrás, los vecinos crearon como tributo su marca propia: «100% mango, 100% Igueste».

Solita, mientras comprueba cómo brotan los primeros frutos, aún verdes y de tamaño escaso, comenta que antiguamente los mangueros tenían un gran valor porque había muy pocos. Ahora en su caso, al no comercializarlos, reconoce que a veces ella y su marido, Manuel Morín, no dan abasto para recoger toda la cosecha que principalmente tiene lugar desde julio hasta septiembre. Después, hay otro periodo de floración y, si el otoño se presenta cálido, vuelve a haber mangos en octubre y noviembre. 

El clima tropical, factor diferenciador

El clima ha sido un factor diferenciador para la agricultura del lugar, al asemejarse bastante al de zonas tropicales. «Todo lo que traigas aquí se da», argumenta la agricultora. La sequía es el principal problema al que se enfrentan ahora los campesinos de la zona, que miran al cielo ansiosos esperando la lluvia que intensifique el verde de sus valles. Originariamente, el mango más redondo y amarillo era el protagonista en Igueste, pero ahora hay otras variedades que también han ganado popularidad como la venezolana, con forma más ovalada y color naranja.

"El sabor del mango originario de Igueste es inigualable"

Soledad Álvarez

— Agricultora

Solita admite que los gustos han cambiado: «Ahora hay más gente que se decanta por los nuevos porque al tener menos hilachas son mejores para hacer batidos». Sin embargo, la mujer, que tras su jubilación se entrega en cuerpo y alma a la agricultura, se decanta por los naturales de la zona. «Su sabor es inigualable», concluye.

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