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Crisis en el campo tinerfeño | La sequía y las plagas mermas la cosecha de papas en el Norte

Crisis en el campo tinerfeño: «En otros países ser agricultor es ser una persona rica, aquí es como un castigo»

Anatolio Luis cultiva 13 variedades de papas bonitas en Icod el Alto y reconoce que este año tan malo también tendrá consecuencias en cosechas posteriores

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Crisis en el campo tinerfeño. Carsten W. Lauritsen

La Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias alertó a finales de junio de que la sequía, las lluvias a destiempo, el calor y las plagas habían provocado la pérdida del 60% de la cosecha de papas y más del 80% de la de cereales, un porcentaje que en La Laguna se eleva hasta el 90%. Los precios se han disparado y este colectivo también reclama ayudas compensatorias para los más de 300 agricultores directamente afectados, como Anatolio Luis, de Icod el Alto (Los Realejos), quien señala que «en otros países ser agricultor es ser una persona rica, aquí es como un castigo. Todo son problemas».

Anatolio tiene 58 años y desde niño ha estado siempre en contacto con el cultivo de papas y otros productos del campo «como el trigo, el millo, los chochos o la cebada». Su familia es de la zona de El Lance y siempre los vio «plantar y vender papas», con especial predilección por las variedades más antiguas, las que precisamente iniciaron este cultivo en Europa en las tierras de Icod el Alto hace más de 400 años.

Todo cambió en 1999 con la llegada de la polilla guatemalteca o Tecia solanivora, una plaga introducida, también conocida como «el bicho», que es capaz de acabar con más del 50% de las cosechas. Las medidas tomadas hasta ahora, como las trampas de feromonas para capturar a los machos, resultan insuficientes, así que los agricultores tienen que seguir mirando al cielo y al suelo para tratar de salvar sus cosechas. Desde hace años se habla de la alternativa de tratar las papas bichadas en contenedores cerrados con dióxido de carbono o con la mezcla de gases Nitrozone (nitrógeno, ozono y oxígeno). Eso permitiría erradicar el bicho y reutilizar las papas dañadas al menos como semillas, pero esa solución no termina de concretarse. «Yo ya no me creo nada», confiesa Anatolio Luis.

«En otros países ser agricultor es ser una persona rica, aquí es como un castigo»

La salida de la rotación

Una de las maneras tradicionales de luchar contra esta y otras plagas es la rotación de cultivos. «Nosotros plantamos papas una vez pero luego toca un año de trigo y otro de chochos, o de otra leguminosa, antes de volver a las papas. Esta huerta que cosechamos ahora no volverá a plantarse de papas hasta dentro de tres años», detalla. A su juicio, «la rotación funciona, pero si todos no rotan, pues no. Algunos se dedican al cultivo intensivo de la papa blanca, que nosotros llamamos de casta, y siembran papas sobre papas, y eso ayuda a que haya más bicho». También se quejan de la falta de control de las papas bichadas y de su sistema de almacenamiento, en contenedores abiertos en la calle, lo que podía ayudar a expandir la plaga. Ahora le han puesto malla protectora, pero este agricultor realejero advierte de que «muchas veces la roban y quedan expuestas».

«En otros países ser agricultor es ser una persona rica, aquí es como un castigo» Raúl Sánchez

Otro de factores negativos que acechan al cultivo de la papa en la isla es «el cambio en las políticas de importación, porque antes se esperaba a que se acabara la papa de aquí antes de empezar a traer papa de fuera. Había una especie de moratoria. Ahora no podemos exportar nuestras papas, por el bicho, y las de fuera entran antes. Encima se cultiva cada vez menos». Sin embargo, resta relevancia a la exportación: «¿Cuántos millones de turistas vienen cada año? Sólo con eso ya le daríamos salida a toda la producción».

La competencia de las papas de casta ha mermado también la producción de papas bonitas. «A la gente la convencieron de que su cultivo era más fácil y como sólo están en la tierra tres meses, y las bonitas necesitan seis, muchos se están dedicando a eso», lamenta. «Ya se siembra más de casta que de bonita, en Icod el Alto se mantiene, pero en Benijos, en La Orotava, prácticamente las han eliminado». Un factor que no se tiene tan en cuenta es que la papa de casta dura «unos dos meses almacenada, pero la mayoría de las bonitas aguantan hasta seis meses».

«En otros países ser agricultor es ser una persona rica, aquí es como un castigo»

Anatolio Luis aún planta 13 de las 29 variedades de papas antiguas de Canarias: «Las dos azucenas, las tres pelucas, cuatro bonitas, dos meloneras, la terrenta y la colorada de baga». Sus semillas provienen de las que hace 400 años llegaron a Los Realejos desde sudamérica: «Nosotros conservamos las semillas y tradicionalmente se han hecho intercambios, de la zona alta a la zona baja, y por eso se ha aguantado durante tanto tiempo. Ahora se supone que la semilla sólo la puede vender Cultesa, que dicen que está saneada. Todo cambia, aunque es verdad que igual la gente le pone más atención porque no es lo mismo comprar semilla a 5 euros que a 35».

Acostumbrado a trabajar todo el año para sacar adelante sus papas, Anatolio lamenta que mucha gente piense que las papas bonitas son muy caras. «Nosotros el kilo lo vendíamos sobre 4 euros. Caras son las papas de paquete, que pagas 2 euros por 200 gramos y nadie se queja».

Lluvias a destiempo

Este año ha sido tan malo para las papas «porque las lluvias no han venido a tiempo». «Ha llovido, pero antes de que sembráramos, y eso retrasó la siembra y cuando las papas estaban tiernitas llegó el calor en los meses de marzo y abril. Eso las atrasó y a muchas las quemó. Las últimas lluvias llegaron demasiado tarde y no creo que beneficien a muchos. Y esto es por el cambio climático, aunque muchos todavía lo quieran negar. En mis huertas nunca ha habido lagartos y ahora hay unos tizones que ríete. Pronto vendrán las cucarachas, que tampoco hay ahora», detalla.

Estos años de cosechas tan malas y mermadas suponen una amenaza para la semilla de las papas antiguas: «Nuestros mayores, en el pasado, han tenido que sembrar hasta las cáscaras. La papa tiene la ventaja de que puede salir de las semillas del fruto, que se llama baga y parece un tomatito; de la propia papa entera o cortada, e incluso de los grelos o de la cáscara». Los resultados de la actual también afectarán a las próximas cosechas: «La gente va a sembrar menos porque este palo coincide con el aumento de los costes de todo».

Anatolio está convencido de que la papa tiene futuro, «pero el sistema no acompaña, todo está más caro, todo son normas y muchos sembrarán papas sólo para su consumo». Las papas bonitas alcanzarán precios récord este año y se acabarán antes que nunca. Difícilmente llegarán a Navidad.

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