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Crossfast Race Cívico Militar | Deporte y convivencia en el cuartel de Santa Cruz

Resistencia total en Hoya Fría

Civiles y militares compiten en una prueba basada en superar 80 obstáculos de diversa dificultad en el acuartelamiento de la capital tinerfeña

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Crossfast Race entre militares y civiles en Tenerife Andrés Gutiérrez

El recinto del Ejército volvió a abrirse a la sociedad para que numerosas personas se pusieran a prueba, tanto física como mentalmente, en un recorrido en el que hubo una gran dureza y mucho barro, pero donde primó el compañerismo y el apoyo a los competidores por parte de los militares repartidos por las diversas partes claves del trazado, en medio de un buen ambiente y un público entusiasta.

Carreras de seis y nueve kilómetros, así como pruebas de resistencia física, destreza, habilidad o decisión conformaron la OCR Crossfast Race Cívico Militar Santa Cruz de Tenerife en su decimotercera edición. El denominador común fue, una vez más, su enorme dureza. Pero para muchos de los participantes ese nivel de exigencia es, precisamente, lo que más les anima a tomar parte una y otra vez para cumplir sus objetivos de superación. Si cada obstáculo requiere de capacidad física, también resulta clave la fuerza mental. De nuevo, las puertas del acuartelamiento de Hoya Fría se abrieron para favorecer el acercamiento entre civiles y militares a través del deporte y la convivencia entre amigos, compañeros o familiares.

Los organizadores establecieron una carrera de seis kilómetros y otra de nueve. Y todos los participantes tuvieron que superar unos 78 obstáculos en total. Todo comenzaba con el calentamiento y la entrega de la placa que se coloca en un tobillo para controlar el tiempo que cada competidor invierte en realizar el trazado. En cada edición varían las pruebas a superar. Ahí radica parte del reto.

Para algunos no hay límites. Una joven discapacitada visual cargada con una mochila es ayudada por una compañera para que sepa esquivar las dificultades del trayecto y la advierte de una piedra para que no tropiece. En diversos de los obstáculos hay que emplear la fuerza de brazos y tren superior. En otros es la decisión para saltar desde elevadas alturas.

Liceth Canizales: «Me gusta representar al Regimiento de Infantería Tenerife 49»

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El cabo mayor Miguel explica que una de las pruebas consiste en subir una cuesta con una petaca de agua de 25 litros. Después, recorren una distancia con un saco de tierra de unos 20 kilos. Están los competidores de élite y los llamados «populares». La diferencia es que los primeros no pueden recibir ningún tipo de ayuda para superar los obstáculos, mientras que los segundos pueden ser «auxiliados» por compañeros. En total hubo 680 corredores.

Y la prueba se podía afrontar como participante individual, por pareja o en los llamados «trinomios», integrados por tres personas, que deben ser de diverso sexo. Además de empujar vehículos militares, los inscritos debieron levantar ruedas de camiones. Pero uno de los tramos en los que hubo más público y que más interés generó fue la pista militar. Para desarrollar la prueba, el Ejército contó con la colaboración del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y de diversas empresas especializadas en este tipo de eventos.

Una de las participantes que completó el recorrido dentro de las primeras tandas fue Míriam Toledo Jerez, que pertenece al Wonder Woman Box Mencey, un gimnasio funcional de Atogo (Granadilla), especializado en entrenar carreras de obstáculos. En su caso corrió los nueve kilómetros en la categoría de popular. A su juicio, las pruebas más duras fueron el arrastre del camión militar y el último combo, que consiste en ir pasando con los brazos de anilla en anilla sin pisar el suelo.

Para los competidores de élite, lo más complicado fue el último combo antes de meta

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Aissa González también sonríe. Es un corredor de élite y ayer acabó cuarto. Es su tercera participación en la Crossfast Race Cívico Militar. El primer año finalizó quinto y el pasado, en tercer puesto. «Cada carrera tiene una esencia distinta», señala. Vive en Buzanada (Arona) y entrena entre cuatro y cinco días a la semana, pues debe alternar los descansos con el trabajo y la familia. En su opinión, la competición de Hoya Fría cada vez se supera más en «dureza y diversión». ¿El obstáculo más difícil? No duda: el último combo de la firma Canary Holds.

Cinco competidores, cuatro varones y una chica, pertenecen al Club Deportivo Vilaflor, en el que sus casi cuarenta integrantes practican entrenamiento funcional, carreras de montaña, senderismo o paintball, entre otras actividades. Y hay personas de diversas edades.

Otro de los participantes, David Izquierdo, define la «Cívico-Militar» como «bastante completa, muchos obstáculos, bastante logrados, y mucho barro». En su caso, la esperaba «más suave». Afirma que el concepto de la competición en un recinto del Ejército «me gusta; nunca había estado aquí, los militares apoyan mucho y existe muy buen ambiente».

Familias, amigos y compañeros de entrenamiento viven la jornada como una auténtica fiesta

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Giuliana Cavano, una joven de 30 años, superó el último combo a la primera con una fuerza y agilidad sorprendentes. Para ella, la competición fue «dura, pero muy divertida, con mucho barro y mucho compañerismo». Realizó el trayecto de nueve kilómetros en la categoría individual. Entrena cinco días a la semana y cada jornada dedica una hora y media a prepararse. Estima que invirtió una hora y cuarenta minutos en todo el trayecto. Considera que la organización «estuvo increíble y los militares ayudaron mucho».

Diversos participantes coinciden en que el único elemento negativo de la Crossfast Race Cívico Militar estuvo en los «dos puentes». El motivo fue que para pasar ese obstáculo tenían que hacer colas que se prolongaron casi 30 minutos. Decenas de corredores esperaron para acceder al «puente tibetano». Y una dificultad adicional estaba en el barro acumulado por los primeros que pasaron por cada prueba, sobre todo al subir muros.

Otra joven que llega cansada pero muy satisfecha del trabajo realizado es Liceth Canizales, una colombiana que reside en Tenerife. «Me ha encantado y es mi segunda prueba de obstáculos», dice. Asegura que «lo que más me gusta es representar al Regimiento de Infantería Tenerife 49». Canizales se incorporó al Ejército este año y su puesto de trabajo está en Hoya Fría. «Entreno aquí, hago entrenamiento funcional, carreras y la pista de aplicación», indica. Corrió la carrera de seis kilómetros en la categoría de individual popular.

Cinco personas entran en la meta abrazadas y gritando de alegría. Son los componentes del OCR Los Guanches, una familia integrada por hombres y mujeres de entre 51 y 28 años. Uno de sus integrantes, Gerardo Pérez Perdigón, explica que «somos un equipo que entrenamos y vamos juntos durante la prueba». Cada uno corre en el ámbito individual, pero a la hora de superar los obstáculos se ayudan y así todo resulta más llevadero. En su caso realizaron la carrera de seis kilómetros. Empiezan y terminan juntos cada carrera. Acaban de pasar la meta, les ponen la medalla, se quitan la placa del cronometraje y se dejan hacer fotos. Respecto al desarrollo de la Crossfast Race, comentan que «es perfecta, con mucho barro, pero para repetirlo». Como otros muchos competidores, valoran el apoyo recibido de los militares desplegados en cada obstáculo como «excelente». Y es que, además de motivar, los soldados también orientaban a cada competidor para que intentaran pasar la prueba lo mejor posible. Y si se les ponía cuesta arriba, también les ayudaban de manera física, si formaban parte de la categoría popular. Varios no llegaron a la meta. Otros «se bloquearon» en la última prueba. También hubo algún que otro caso de lesión por mala caída en obstáculos en los que había que escalar varios metros de altura. Para quienes pasaron la meta, quedaba la recompensa de una bebida refrescante, algo de comida y una ducha para poder quitarse el barro acumulado en el trayecto. Pero casi todos lucieron con orgullo la medalla de haber finalizado.

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