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El retorno de las isas y folías en La Orotava

Más de 25.000 personas dan finalizadas las fiestas patronales con la romería en honor a San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza

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Romería de La Orotava Andrés Gutiérrez

Es poco más de la 13:30 y la calle San Francisco está abarrotada. Vecinos, amigos de otros municipios e incluso turistas se colocan, como pueden, en los alrededores de la histórica Casa Balcones para contemplar, por primera vez en tres años, un espectáculo canario único de carretas, música tradicional y espíritu comunitario. 

La popular copla se refiere a la Romería de La Orotava como «la fiesta más bonita que hay en Canarias», y el encuentro celebrado ayer volvió a revalidar ese título. No es de extrañar, pues cada año, con un trabajo de meses a sus espaldas, la Sociedad Cultural Liceo de Taoro y los villeros se encargan de conseguir que así sea. Pese a que han pasado tres años desde la última vez que las calle villeras pudieron disfrutar del color, la música y la alegría de esta tradicional Romería, las familias de todo el municipio volvieron ayer a las calles como si no hubiera pasado ni un día de la última vez. Porque esta fiesta, para los villeros de «toda la vida», como Manolo Martín, «siempre es un momento especial». De hecho, para el vecino de La Orotava «siempre es un placer volver», porque cada año se lleva un recuerdo «especial». 

Un total de 66 carretas –una de ellas la de la Romera Mayor– han participado en esta edición

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El tiempo acompañó. Desde primera hora de la mañana, el norte de Tenerife se cubrió de un espeso manto de nubes (la habitual panza de burro) debido a la dirección en la que soplan los vientos alisios estos días. Fue el alcalde de La Orotava, Francisco Linares, quien destacó ese buen «clima» por permitirles realizar el evento sin problemas; al tiempo que remarcó las «ganas de alegría, pasárselo bien y de reincorporarse a la vida» de los vecinos del municipios. Los más pequeños vivieron el reencuentro con la música, los bailes y la alegría con una sonrisa que les atraviesa el rostro durante toda la tarde. Desde su carrito, Pablo Rodríguez, de tres años, ve pasar los colosales animales que, con una fuerza sobrehumana, tiran de esas inmensas carretas repletas de otros niños algo mayores que él. Es la primera vez que contempla algo parecido y no puede evitar quedarse, a la par, ojiplático y boquiabierto por lo feliz que parece toda la gente que pasa a su lado charlando, cantando, tocando instrumentos o repartiendo comida. 

La romería de La Orotava revalida su título como la ‘fiesta más bonita de Canarias’

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Los menores son una pieza clave de la alegría de esta esperada vuelta a las calles villeras. La mayoría acuden a la fiesta acompañados de sus abuelos o sus padres y otros tienen la suerte de subirse a una de las 66 carretas que recorren La Orotava, desde Cruz del Teide hasta la Plaza de la Paz, en El Calvario. Es el momento idóneo para que empiecen a embriagarse del espíritu romero. Y es que la irrupción del coronavirus ha provocado que muchos ignoren incluso en qué consiste esta tradición orotavense. Es el caso de Andrea Ramírez, una pequeña de 10 años que, desde lo alto de una carreta, asegura que esta es su «primera vez».  

La romería de La Orotava es también un día de para los mayores, quienes se reúnen de nuevo con sus familias y amigos para aprovechar el domingo de una manera diferente. Muchos han estado ensayando durante meses para el momento. Se reúnen en grupos folcróricos y parrandas que calle abajo cantan acompañados de todo tipo de instrumentos –incluso lapas– un extenso repertorio de folías y realizan muestras en la calle de bailes tradicionales con una coordinación envidiable. Otros como Toñi García, vuelven a sacar sus carretas del desván para lucirlas al resto de villeros y poder pasar un día diferente con sus familias y amigos. «Nuestra carreta tiene más de 25 años y cada romería la reformamos para que pueda seguir dando guerra», resalta. 

La romeria de La Orotava, configurada como en la actualidad, comienza en el año 1936

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La romería de La Orotava está marcada por un intenso sentido de comunidad. El festejo no solo se convierte en un día de encuentros, sino de ayuda al prójimo para conseguir que el goce y disfrute se extienda a todos los que deciden participar en el encuentro. Este altruismo festivo se encuentra en gestos tan sencillos como el reparto de comida. Durante todo el recorrido, las cientos de personas que se encuentran en las carretas reparten huevos duros, gofio amasado, bolsitas de palomitas y chochos, papas bonitas, queso y carne asada a todo aquel que vean con algo de hambre. «Aquí lo que queremos es que todos lo pasen bien», destaca Manolo Martín, que explica que, en las carretas, «el 90% de la comida que se compra es para repartir al resto de la gente». Entre bailes, color y música, La Orotava se despide hasta el años que viene de sus fiestas patronales .

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