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Investigación a gran escala

Expertos en comunicaciones de la Guardia Civil lograron determinar un perímetro entre mar adentro y tierra

La autopsia confirma la muerte por "asfixia mecánica" de la niña Olivia, hija de Tomás Gimeno.

Las conversaciones telefónicas entre Tomás Gimeno y Beatriz Zimmermann, tanto en tierra como en mar, y los mensajes en clave de despedida enviados por el padre de Olivia y Anna permitieron a los técnicos de la Guardia Civil acotar el espacio de la búsqueda. 

Al suceso que desencadenó hace un año Tomás Gimeno se le dio el mismo rango policial que a los que habían protagonizado con anterioridad José Bretón (2011, Córdoba) y José Enrique Ubuín Gey, alías el Chicle (2016, La Coruña). De hecho, integrantes del equipo que rastreó la señal del teléfono móvil de Diana Quer (1998-2016) en Puebla del Caramiñal tuvieron una participación activa en el trenzado de las conversaciones que mantuvieron los padres de Olivia y Anna la tarde-noche del 27 de abril y las primeras horas de la madrugada del 28.

Reconstruir los escenarios

El hecho de que algunas de las comunicaciones que realizó el exmarido de Beatriz se hicieran desde alta mar [llamadas o mensajes] dificultó la localización del punto exacto en el que se encontraba este cuando, por ejemplo, le dijo a la madre de sus hijas que no las volvería a ver con vida. Sin referencias fijas, los efectivos del Grupo de Apoyo Técnico Operativo de la Guardia Civil buscaron un punto de partida desde el que reconstruir los escenarios del doble crimen. En este sentido, lo primero que se hizo fue solicitar una autorización judicial para clonar la tarjeta telefónica de Tomás Gimeno. Por esa razón al ver que su WhatsApp se encontraba en línea [unas 72 horas después de que Beatriz denunciara el secuestro de las menores], muchos de sus contactos creyeron que este estaba vivo. Una parte importante de esta reconstrucción se llevó a cabo desde las oficinas centrales de Madrid y otra siguiendo el hipotético recorrido que pudo completar Tomás Gimeno después de recoger a sus hijas en la casa de Beatriz: los interrogatorios a allegados y la revisión de las cámaras de la Marina de Santa Cruz, en las que se aprecia con nitidez al sospechoso trasladando unas bolsas, sirvieron para trazar un primer guión al que de inmediato se incorporó la casa que habitaba Tomás en Candelaria.

La señal del móvil de Tomás Gimeno fue geolocalizada gracias a las últimas conversaciones

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Mientras se reunían las piezas más tecnológicas del caso, otras unidades del instituto armado –patrullas rurales, Geas, Seprona, Montaña y helicópteros- peinaban la Isla de norte a sur y de este a oeste. Ya se había dictado una orden internacional de captura, pero aún faltaba acotar la cuadrícula marina que semanas después fue el espacio en el que concentró todas sus maniobras el oceanográfico Ángeles Alvariño, que aún no había recibido la orden de incorporarse al operativo de emergencia: la franja marina a investigar se posicionó por debajo de la Base Militar de Hoya Fría (Infantería 49) y en un primer momento se fijó a unas 10 millas de la costa [con posterioridad se rebajó a menos de cinco].

No se encontró ni rastro de sangre ni irregularidades en el terreno anexo a la vivienda.

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Con un perímetro ya delimitado en el mar, se sucedieron las batidas para ver si se localizaba alguna señal que certificara el acierto a la hora de elegir la zona pero no hubo suerte. Incluso, se barajó la posibilidad de alquilar un submarino con base en el sur de Tenerife para realizar inspecciones pero eso no llegó a buen puerto: la enorme profundidad que hay en el frente marítimo de Santa Cruz, con una caída que en algunos puntos llega a los 3.000 metros, convirtió ese deseo en una misión imposible.

El registro de las llamadas en alta mar fue clave para acotar el área de búsqueda.

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La Guardia Civil llevó el peso de las diligencias –también se llegaron a movilizar efectivos del Cuerpo Nacional de Policía, Policía Canaria, Policías Locales, Protección Civil o Salvamento Marítimo– cuando quedaron claros los escenarios de la desaparición: la casa de Tomás de Igueste de Candelaria, el coche con el que trasladó a las niñas, la lancha a la que supuestamente subió los cuerpos sin vidas de las niñas y una franja marina localizada al este de la capital tinerfeña en la que desaparecieron los tres [se usaron lastres de buceo para hundir los cuerpos] y en la que, finalmente, la tripulación del Ángeles Alvariño encontró en 44 días después de comienzo de esta barbarie los restos de la pequeña Olivia.

 Investigación a gran escala

Investigación a gran escala Jorge Dávila

Casa

Igueste de Candelaria

Primer escenario

Media docena de registros

  • El primer registro de la casa que tenía alquilada Tomás Gimeno en Igueste de Candelaria se produjo a media mañana del 3 de mayo. Este punto aparece marcado en el mapa de comunicaciones trazado por los componentes del Grupo de Apoyo Técnico Operativo de la Guardia Civil. Se buscaron huellas, rastros de sangre y movimientos de tierra recientes. Antes de recuperar el cadáver de Olivia se volvió al menos otras seis veces a este inmueble, en varias ocasiones con un perro especializado en el rastreo de cadáveres que llegó desde territorio peninsular: se tomó esta decisión para tener un escenario neutro -los agentes caninos que hay en las Islas están condicionados por unos olores que pueden despistarlos y pasar por alto una pista- en el que se elaboró un exhaustivo inventario de pertenencias y medicamentos. En los terrenos anexos a la vivienda principal se hicieron catas para analizar la textura de diferentes tipos de suelo. Esta propiedad estuvo bajo una estrecha vigilancia durante semanas. Hay constancia de que Beatriz Zimmerman fue a buscar a sus hijas a esta finca la tarde-noche en la que se produjo la desaparición de estas, pero no las encontró y llamó por teléfono a su exmarido. Este escenario no estaba limpio [apareció basura acumulada] y ese hecho sirvió para descartar la hipótesis de que se eliminaran pruebas tras cometer el doble crimen.
 Investigación a gran escala

Investigación a gran escala Jorge Dávila

Coche 

Puerto de Santa Cruz

Segundo escenario

El traslado de los cadáveres

  • El Audi A3 de color blanco que conducía Tomás Gimeno el día que se desbordó esta tragedia apareció aparcado en un perímetro controlado por un circuito cerrado de televigilancia. De hecho, el principal sospechoso de la muerte de las menores fue grabado sobre las 21:50 horas cuando transportaba unas bolsas entre el turismo y una lancha. Mucho antes, el padre de Olivia y Anna las había recogido en el domicilio de Beatriz y se dirigió a la residencia de los abuelos paternos. Este encuentro no se alargó más allá de las 19:30 horas. En los siguientes 90 minutos hay lagunas que no permiten cerrar con exactitud el instante en el que se produjo el fatal desenlace. El vehículo fue localizado horas después de que la madre de las niñas presentara, a las ocho de la mañana del 28 de abril, una denuncia por escrito ante la Guardia Civil por un presunto secuestro parental. Los agentes ya movilizados rompen una ventanilla trasera para tratar de acceder al interior y comprobar si el maletero está vacío. No hay rastro de ellas. Los expertos recogen muestras biológicas en un automóvil que fue sometido a inspecciones [algunas de ellas con perros entrenados] más rigurosas en las que siempre acababa surgiendo un marcador asociado a Olivia y Anna, aunque eso no fue una prueba definitoria porque estas utilizaban el mismo con frecuencia.
Investigación a gran escala

Investigación a gran escala Jorge Dávila

Embarcación

Puerto de Santa Cruz

Tercer escenario

Se salta el toque de queda

  • La embarcación familiar de Tomás Gimeno proporcionó pruebas definitivas sobre el papel que jugó esta en la desaparición de Olivia y Anna. Los equipos de la policía judicial de la Guardia Civil encontraron elementos determinantes a la hora de posicionar este escenario como clave en el esclarecimiento de los hechos. Las imágenes en las que se aprecia al padre de las niñas saliendo de la Marina de Tenerife atestiguan que este presumiblemente se deshizo de sus cuerpos entre las 22:15 y 23:00 horas, que lo hizo en la zona este del puerto capitalino [a unas dos o tres millas de la costa] y que regresó a tierra solo: ese fue el instante en el que recibió una advertencia por parte del Servicio Marítimo del Instituto Armado por haberse saltado el toque de queda que hace un año aún estaba en vigor. Gimeno es reconocido en una estación de servicios próxima al punto de atraque cuando acude a comprar un cargador de móvil y tabaco, también por el vigilante al que pide permiso para poder cargar su teléfono. Con la batería repuesta vuelve a salir mar adentro e intercambia varias llamadas y mensajes con un tono de despedida. Una de esas conversaciones, según consta en las diligencias judiciales, le pone en contacto con Beatriz Zimmerman ya en las primeras horas de la madrugada del 28 de abril. El contenido y el tono de la misma es inequívoco: «No volverás a ver a las niñas», avisa.

Fechas claves del suceso / 2021

27 de abril 

  • Tomás Gimeno no entrega a sus hijas a Beatriz Zimmermann tras pasar la tarde con ellas. La madre acude a la vivienda de Candelaria y no encuentra a nadie, tampoco consigue hablar por teléfono con su exmarido: en la última conversación este le traslada que está cenando con Olivia y Anna. El padre es grabado por las cámaras de la Marina de Tenerife trasladando unos bultos entre las 21:30 y las 21:50 horas, desde un coche a una lancha. Abandona el muelle deportivo en la embarcación con las bolsas en su interior. Beatriz llama por primera vez a la Guardia Civil para explicar lo que está ocurriendo. En Canarias aún está en vigor el toque de queda y el padre es interceptado por una patrullera de cuando trata de volver a tierra -ya sin los bolsos en el barco- y es informado de que no puede navegar.   

28 de abril 

  • Beatriz ya es consciente de que algo extraño está ocurriendo, pero no ve llegar la tragedia hasta que Tomás Gimeno habla con ella ya de madrugada. En esa conversación le manifiesta que no volverá a ver a sus hijas, ni a él tampoco. Agentes de la Guardia Civil median entre las amenazas, pero la situación no mejora. La tensión entre las partes va en aumento hasta que finalmente el padre de las niñas decide acabar la conversación. Se activa un gran dispositivo de búsqueda. La lancha es localizada a las 17:40 horas a la deriva frente al Puertito de Güímar. No hay nadie en su interior. Efectivos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil son activados para realizar una primera búsqueda. La embarcación se traslada a la Marina de Tenerife. Especialistas de la policía judicial del Instituto Armado comienzan a tomar huellas en dos escenarios claves para la investigación: el coche y la lancha que el presunto secuestrador y asesino de las niñas usó para trasladarlas la tarde-noche del 27 de abril. Ya se han solicitado refuerzos policiales a la Península.

1 de mayo 

  • Un equipo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil llega a Tenerife desde Madrid. Son expertos en comunicaciones y pertenecen al Grupo de Apoyo Técnico Operativo (GATO). En sus primeras horas en la Isla consiguen la autorización judicial para clonar la tarjeta del teléfono móvil de Tomás Gimeno, ya con una orden de búsqueda y captura internacional en vigor. Las antenas de telefonía vuelven a captar la señal del celular del sospechoso: se investigan todas sus llamadas y WhatsApp. 

30 de mayo 

  • Diez días después de que María Gámez, directora general de la Guardia Civil, anuncie la incorporación al dispositivo de emergencia de un equipo del Instituto Español de Oceanografía (IEO) comienza a trabajar en la zona marcada por los investigadores el buque oceanográfico Ángeles Alvariño. Está equipado con un sonar de barrido lateral y un robot que le permite tomar imágenes y recoger pruebas a una profundidad de hasta 2.000 metros. Esta es una referencia imprescindible en el caso. 

7 de junio 

  • Se intensifican las operaciones a bordo del Ángeles Alvariño. Sobre todo, a raíz de la localización de unos objetos extraños a unas tres millas de la costa tinerfeña y a mil metros de profundidad. Los técnicos dirigen el Liropus 2000 para realizar una captura de los elementos que han llamado la atención de los científicos. Lo que parecía un imposible se hace realidad. El oceanográfico gallego recupera una funda nórdica que está anudada a una botella de buceo: el entorno de Tomás Gimeno reconoce el material. 

10 de junio 

  • La tripulación del Ángeles Alvariño se mantiene en las mismas coordenadas que facilitaron el primer gran hallazgo (botella de buceo y nórdico). Se localizan y recuperan dos bolsas lastradas con plomo. Una está vacía. En la otra hay un cadáver de una menor que no es reconocido al cien por cien en la primera exploración. Los restos son enviados al Instituto de Medicina Legal de Santa Cruz de Tenerife, donde se verifica que el cadáver se corresponde con la identidad de Olivia, la hermana mayor de Anna. 


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