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La catástrofe de Los Rodeos | 45 aniversario
Francisco Sicilia Coordinador de vuelos cuando ocurrió la tragedia de Los Rodeos

Francisco Sicilia: «Llegué el primero al lugar del choque; estuve casi diez minutos allí solo»

MARÍA PISACA

Francisco Sicilia tiene actualmente 76 años. Nació en Ceuta y vivió una infancia típica de hijo de militar, con cambios de domicilio al compás de los destinos de su padre: residió seis años en la hoy ciudad autónoma, se trasladó después con su familia a Alicante, estuvo allí otros dos años y, a continuación, recaló en Tenerife, donde ha desarrollado el resto de su vida. Ha sido conocido sobre todo por su vinculación al mundo del balonmano y al Club Tres de Mayo, del que fue jugador y presidente en los años de gloria del equipo.


Se da la circunstancia de que en los cajones de la memoria de este hombre del deporte, entre partidos memorables y otras gestas para la historia, ocupa un lugar destacado el desastre aéreo de Los Rodeos. Por entonces tenía 31 años y trabajaba como coordinador de vuelos. Lo vivió todo en primera persona. Tal es así que interactuó con el piloto del Boeing 747 de la compañía Pan American (Pan Am) antes de que se produjese el accidente; trasladó a cuatro pasajeros hasta el otro aparato, también un jumbo de la KLM; fue el primero en llegar al lugar del siniestro, y colaboró en el posterior operativo de emergencia.

«Llegué el primero al lugar del choque; estuve casi diez minutos allí solo» ZOILO LOBO

¿Cuál era su función en el aeropuerto en aquella época?

Era coordinador de vuelos. Cuando llegaba un avión, automáticamente quedaba a tu disposición. Bajaba el personal y te encargabas de que la limpieza fuese rápida, se montaba el cáterin, les decías a los mecánicos el combustible y le comunicabas al comandante la cantidad de pasajeros, el equipaje... Le llevabas lo que se llama una hoja de carga y centrado, en la que el piloto ve todos los datos. Entonces, la firmaba, él se quedaba con una copia y tú con otra, con lo que él daba la conformidad de todo lo que había pasado. Había dos o tres coordinadores que estábamos en pista y en el hangar había otro, el coordinador final, que te iba diciendo: «Viene tal avión», «Vete a este», «Vete al otro»...

¿Cómo recuerda aquella jornada fatídica antes de que se produjera el accidente?

Era un día precioso, un día de sol tremendo. Lo que sí que es verdad es que se acumularon muchos aviones porque se cerró el aeropuerto de Gran Canaria por un aviso de bomba. Antes de las cinco de la tarde, cuando despachamos los aviones, era un día soleado y a las cinco y diez había una neblina que no te veías la mano, como suele pasar en el aeropuerto de Los Rodeos, aunque ahora ocurra mucho menos.

A usted le encargaron la coordinación de uno de los aviones siniestrados, ¿no?

A mí me tocó coordinar el vuelo de la Pan American. Y a otro compañero, Roberto Álvarez de la Rosa, el de la KLM.

Él detectó que faltaban cuatro personas...

El comandante de la KLM se quería marchar rápido. Roberto le dijo: «Comandante, que faltan cuatro pasajeros...». Y él: «No; yo me marcho, yo me marcho». Estaban el padre, la madre y los dos críos comprando en un estanco. Los recogimos y los llevamos corriendo. «Comandante, ya están». No ibas a dejar a cuatro personas en tierra y no sabías que iba a pasar nada. Lo hicimos porque nos preocupaba que no pudieran viajar, y ellos nos dieron las gracias y todo.

¿Y qué pasó después?

Cuando despachabas un avión, firmabas la hoja y te marchabas. Y entré en el hangar. Había un partido de fútbol ese día. Entonces, el coordinador final dijo que había que acercarse porque había un pequeño fuego. Salí con el coche, que no veía nada, nada, nada... Tan poco se veía que me iba guiando por la raya amarilla que había a través de la pista. Al llegar a allí fue cuando vi aquello.

Están los que dicen que prácticamente no hubo ruido y quienes mantienen que se oyó un gran estruendo. ¿Usted qué percibió?

Hay gente que, como en todo esto, tiene sus historias. Al siguiente día o a los dos días apareció uno en una revista diciendo: «¡Yo vi la explosión!». Pero allí no se veía un pimiento. Sí es verdad que se escuchó y temblaron los cristales, y se oyó un estruendo como ¡plufff! Pero eso pasaba muchas veces cuando un avión despegaba y la turbina o cualquier cosa hacía ruido. Lo que no fue es algo que se viese por los aires por la neblina.

Fue hacia la zona pensando que era un pequeño fuego y, sin embargo, se encontró con otra cosa...

A veces, cuando se ponía la escalera en los aviones, subían con un gato un poco la rueda y, si dejabas el gato debajo olvidado, la rueda, de estar rozando con la plataforma, se pegaba fuego. Pensamos que era eso. Cuando yo llegué y vi aquello era una cosa increíble. En el avión de la Pan American, que no había escaleras ni nada, la gente saltaba.

¿Y el avión de la KLM?

Fíjate cómo fue la cosa que yo estaba viendo el avión de la Pan American pero no el de la KLM. Y cuando hubo un momento, a los cinco minutos o cosa así, que vino algo de brisa y se dispersó un poco la neblina, fue cuando vi ardiendo al de la KLM, y se lo comuniqué al coordinador final. No se lo creía. Primero le dije lo del Pan Am y después le comenté: «El KLM es una bola de fuego». El Pan American era otra cosa, con la gente empezando a saltar. De hecho, el comandante se desapareció y volvió horas más tarde. El hombre se había ido como para La Esperanza desorientado y, cuando vio las balizas, volvió hacia el aeropuerto a las diez o las once de la noche.

¿Y dónde estuvo durante todas esas horas? ¿Aturdido por los alrededores?

Claro. Hubo también gente que saltaba y corría para un lado, para otro...

¿Y usted qué hizo a partir de aquel momento?

Yo se lo comuniqué al coordinador final, él automáticamente avisó al cuerpo de bomberos y se movilizó todo el que se tenía que movilizar. Incluso abrieron las puertas y entraron taxis hasta la pista para poder socorrer a los heridos.

¿A partir de ahí continuó trabajando durante las horas siguientes?

Estuve hasta las once de la noche más o menos. Después me marché y volví al siguiente día por la mañana. Vinieron de Madrid un montón de periodistas y querían que fuera a una habitación a explicarles lo que vi. Llamé al jefe de Escala a ver si podía hablar con ellos y después les estuve contando.

¿Cuál fue su labor desde el choque hasta las 23:00 horas?

Dirigir a los bomberos, ayudar, decir a un taxi que entrara más allá o más acá, y orientar a la gente que saltaba y guiarla sobre dónde tenía que ir.

¿Hubo algo que le impresionara más de lo que vio durante aquella tarde?

Una cosa que nunca me explicaré es que, cuando yo llegué al avión de la Pan American, estaba el segundo de a bordo, el mecánico y un representante que viajaba con ellos de pie en el suelo, pese a la altura que tiene el avión, mirando hacia arriba. Y les pregunté: «¿Ustedes qué hacen aquí?». Y ellos no sabían cómo estaban allí. Date cuenta que el avión de la KLM, con el tren de aterrizaje, le hizo un boquete al de la Pan American, y por ese hueco es por donde saltaba la gente. Yo llegué a lo mejor a los cinco o seis minutos desde que había sucedido eso, quizá en menos, en lo que tardé en desplazarme desde el hangar. Y ellos estaban de pie mirando hacia el avión. Seguramente saltaron pero ni se acordaban ni sabían por el shock que tenían.

¿Entonces usted fue el primero en llegar? ¿Hasta ese momento solo estaban los aviones chocados en la pista en medio de la niebla?

Sí. Estuve casi diez minutos allí solo, hasta que llegaron los bomberos. Después también se sumó otro compañero ya fallecido, Óscar Rodríguez, que colaboró muchísimo con los heridos y con todo. Él, en esa época, estaba terminando ATS.

¿Después de aquello ha tenido pesadillas?

No. Yo aquel día estaba dándome cuenta de lo que había pasado, pero estaba en lo que estaba y con la tensión del momento. Y después, ya a las once de la noche, me rompí. Yo creo que eso te ayuda. No he soñado nunca con aquello. No recuerdo ni la cara de aquel matrimonio y los niños que llevamos hasta el avión. Y Roberto me dice lo mismo.

¿En aquel entonces cuántos años llevaba trabajando en el aeropuerto?

Yo tenía en aquella época 31 años. Me había ido a Inglaterra con 19, vine, hice la mili y me puse a trabajar. Eso sucedió en 1977 y yo había entrado en Iberia en 1969.

¿Pero usted trabajaba en la compañía Iberia?

¡Claro! Los únicos que coordinábamos todos los vuelos éramos los de la compañía de bandera; allí no había más coordinadores que los de Iberia. Los otros eran representantes. Siempre había un representante de una compañía inglesa, francesa, la que fuese..., y te decía: «Oye, mira, yo me encargo del avión». En esos casos se ocupaban ellos, pero tú les dabas los datos.

Con lo que usted vio, su experiencia allí, lo que ha escuchado y lo que ha podido leer, ¿qué ocurrió aquel día?

Hubo una imprudencia del comandante de la KLM por la sencilla razón de que inició una carrera de despegue a ciegas, porque había una neblina tremenda. Si la niebla no hubiera estado, hubiese visto que había un avión en la intersección y no habría salido. Inició la carrera y acabó despegando cuando se encontró al avión de la Pan American, intentó subir y con el tren de aterrizaje chocó con el otro jumbo, que estaba en tierra. Estaba en el aire, cayó y explotó. Eso fue lo que sucedió en términos generales.

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