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Los Realejos | El cultivo de las papas antiguas en Icod el Alto

Los guardianes de las primeras papas de Europa

Seis hombres y una mujer componen en la actualidad la Asociación de la Papa Bonita

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Reportaje sobre los productores de papa bonita en Icod el Alto María Pisaca

Las papas se cultivan en la zona andina de Perú y Bolivia desde hace miles de años, pero los europeos las descubrieron entre los siglos XVI y XVII, después de que Cristóbal Colón abriera la ruta hacia el Nuevo Mundo. Estos tubérculos entraron a Europa a través de las Islas Canarias, donde encontraron unas condiciones propicias para su cultivo. Aunque hay referencias de envíos puntuales en 1567 o 1574, el historiador José de Viera y Clavijo, en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, publicado en 1799, fija el origen de su cultivo organizado en Icod el Alto, una zona de medianías del municipio tinerfeño de Los Realejos: «Las primeras papas las trajo del Perú Juan Bautista de Castro por el año 1622. Este señor las hizo sembrar en sus tierras de Icod el Alto desde donde tan felizmente se han difundido por todas las Canarias». Y el tiempo también ha dado la razón a Viera y Clavijo, pues es precisamente Icod el Alto la zona de España donde se conservan con más arraigo las variedades de papas antiguas. Y el hogar de los guardianes de aquellas primeras papas de Europa, que se cuidan a los pies del Teide desde hace ya 400 años.

Eovaldo Hernández escribe en el libro Las Papas Antiguas de Canarias que «aunque la presencia de la papa en Canarias a partir de 1560 parece confirmada, su cultivo se hizo, probablemente, de forma esporádica, sin mucha difusión; como en Europa, donde comenzó siendo una curiosidad de jardín; por lo que parece lógico pensar que fuera la introducción de 1622, citada por Viera, hecha en un suelo y en un clima óptimos, la que tuvo un efecto impactante y contribuyó a difundir el cultivo en las islas. El lugar de introducción de la papa, Icod el Alto, sigue siendo una de las zonas donde el cultivo goza de más arraigo, con presencia de variedades primitivas desaparecidas en otros lugares». De la misma manera piensa el experto Domingo Ríos, autor de Las papas antiguas de Tenerife, que en esa obra destaca que Icod el Alto cuenta además «con un agrosistema que recuerda a los existentes en zonas donde se cultivan papas en Los Andes»

400 años de la primera siembra. El historiador José de Viera y Clavijo escribió que Juan Bautista de Castro sembró en 1622 en Icod el Alto, en el municipio tinerfeño de Los Realejos, las primeras papas traídas de Perú.

Francisco González, Ignacio García, Antonio Hernández, Elías Pérez, Manuel Luis, Anatolio Luis y Judith Delgado aún cultivan esas tierras que fueron de Juan Bautista de Castro. Esta mujer y estos seis hombres componen en la actualidad la Asociación de la Papa Bonita, un colectivo creado en 2010 para salvaguardar un legado de gran valor agrario y gastronómico que goza incluso de reconocimiento y protección en Europa. El Diario Oficial de la Unión Europea del 4 de febrero de 2012 publicó la solicitud de la Denominación de Origen Protegida (DOP) de las Papas Antiguas de Canarias, que se centra en «los tubérculos de papas procedentes de las variedades conocidas en Canarias como antiguas, locales, tradicionales, de color o de la tierra. Cultivadas en Canarias, procedentes de semilla obtenida en la zona de producción y pertenecientes a las especies Solanum tuberosum de la subespecie andígena; Solanum tuberosum de la subespecie tuberosum, y al triploide Solanum chaucha». Ese reconocimiento de la UE se concretó en octubre de 2012.

Los guardianes de las primeras papas de Europa

El 33% de la superficie agrícola

La experiencia de las huertas de Icod el Alto hace ya 400 años permitió el arraigo del cultivo de la papa en Canarias, España y el resto de Europa. Y la importancia de este cultivo en el municipio que fue su cuna se demuestra con un dato: la papa ocupa el 33% de toda la superficie cultivada en Los Realejos, y gana por abrumadora mayoría en las tierras de medianías.

La Asociación de la Papa Bonita, que este año prepara junto al Ayuntamiento realejero los actos del 400 aniversario de la implantación de este cultivo, defiende la importancia de la tradición familiar en el mantenimiento de las variedades más antiguas. Judith Delgado resalta la importancia de los colectivos, pero pone el foco en el trabajo de cientos de familias icodalteras que las mantienen, de generación en generación, en sus pequeñas huertas. Sin esa implicación colectiva, de poco serviría el esfuerzo de su asociación y de otras entidades como el Centro de la Conservación de la Biodiversidad Agrícola de Tenerife, el área de Agricultura del Cabildo de Tenerife o la Asociación de Papas Antiguas de Canarias.

Francisco González y Anatolio Luis, vinculados al cultivo de estas papas desde niños, explican que esta entidad cuenta ahora con ayudas técnicas como dos cámaras de frío y maquinaria para lavar, seleccionar y calibrar las papas. En 2020 recogieron unos 25.000 kilos de 13 variedades de papas antiguas y en 2021, por los efectos colaterales de la pandemia, redujeron su producción a unos 15.000 kilos. Alrededor del 70% de las papas que recogen terminan en hoteles y restaurantes, por lo que estas variedades históricas también sienten la dependencia canaria del turismo. Entre todos cultivan en torno a 1,5 hectáreas, aunque ese dato varía cada año. Se trata de una producción de secano que tratan de llevar «de la forma más ecológica posible».

Con la llegada del temido bicho de la papa, la Tecia solanivora o polilla guatemalteca, capaz de arrasar con más del 50% de las cosechas, estos agricultores icodalteros comenzaron a buscar fórmulas para organizarse y resolver uno de sus mayores problemas: la comercialización. Ahora la producción «está colocada de antemano» y eso permite a los integrantes de la Asociación de la Papa Bonita trabajar con algo más de tranquilidad, «aunque en el campo nunca se sabe», advierten.

Los guardianes de las primeras papas de Europa

Este colectivo trabaja con el objetivo ideal de plantar las 29 variedades de papas antiguas de Canarias. De momento, trabajan con 13 y van haciendo pequeñas incorporaciones. Para Anatolio y Francisco, es un error que algunos agricultores estén apostando por otras variedades «de casta» de crecimiento más rápido, «ya que desde Canarias no podemos competir en cantidad con otras zonas de Europa, con mucho más terreno y mecanización, y sólo nos queda la calidad», advierte Anatolio.

Como tradición, y ahora también como herramienta para luchar contra la polilla guatemalteca, estos agricultores llevan a rajatabla el sistema de rotación de cultivos. Las huertas no se siembran año tras año con papas. La tierra necesita un descanso. Las huertas que en 2022 den papas bonitas se plantarán en 2023 con trigo, que se venderá para hacer gofio; en 2024 estarán cultivadas con chochos o avena, y hasta 2025 no volverán a ver brotar las papas.

Sin solución a la vista para la erradicación de la Tecia solanivora, la Asociación de la Papa Bonita considera clave ahondar en las investigaciones que mediante el uso de gases en contenedores estancos acaban con esta plaga en todos sus estadíos. Para el futuro del cultivo, sería clave que las papas bichadas pudieran reutilizarse al menos como semilla, una vez liberadas de la plaga.

El ciclo anual

El ciclo de cultivo de las papas bonitas comienza habitualmente con la siembra en el primer mes del año, en enero. Sin embargo, la tierra debe prepararse y ararse antes de plantar, ahora casi siempre con ayudas mecánicas, antes con animales y arados. Las papas bonitas más grandes se parten a la mitad y eso permite sacar dos plantas. Tras preparar la tierra, surcar y sembrar, aportar el abono, en forma de estiércol y guano, es una parte fundamental del éxito de la futura cosecha.

En febrero toca arrendar. Con ayuda del arado y de las azadas, los agricultores arriendan las papas. Una labor que consiste, fundamentalmente, en quitar las malas hierbas y rehacer los surcos para que las plantas crezcan más sanas y fuertes. Tras un mes de marzo en el que las huertas descansan, en abril llega el momento de «sulfatar y sachar». Las máquinas sulfatadoras ayudan a proteger las hojas de las nuevas papas de «enfermedades y plagas». Al sachar, se vuelven a eliminar malas hierbas y se lleva «más tierra al tallo».

El mes de mayo es de hacer «llegar tierra». Un mes después de sachar, los agricultores tienen que aportar más tierra a los tallos para que las últimas papas no se pongan verdes por la luz solar y para que la planta desarrolle también los tubérculos más cercanos a la superficie. Esta acción permite oxigenar la tierra. En los meses de junio y julio llega el momento más esperado, el de segar y recoger. Unos seis meses después de la siembra de papas bonitas toca recolectar. Lo primero es cortar las plantas para que «la papa se cure más» y, sobre todo, para limpiar las huertas y facilitar la recolección. Las papas antiguas necesitan estar seis meses en la tierra, pero existen otras variedades que se pueden cosechar en apenas tres meses. Y eso también supone una amenaza para su futuro.

29 variedades reconocidas.La Denominación de Origen Protegida de las Papas Antiguas de Canarias protege un total de 29 variedades de papas genéticamente singulares cultivadas desde el siglo XVI en las islas.

De agosto a diciembre

Los mejores meses para consumir este tesoro culinario son los que van entre agosto y diciembre, aunque todo depende de las variedades (ver despiece con información de las trece variedades con más arraigo en Icod el Alto, extraída del libro Las papas antiguas de Tenerife, de Domingo Ríos). Algunas, como la colorada de baga, duran hasta siete meses almacenadas, por lo que aún es posible consumirlas en buen estado incluso en enero o febrero. La bonita blanca y negra es mejor consumirla en un plazo máximo de unos 4 meses, con los meses de octubre y noviembre como límite más o menos habitual. La azucena blanca y negra pueden llegar en buen estado hasta diciembre. La popular papa negra yema de huevo, con una carne de color amarillo intenso, se cultiva menos porque tiene un periodo de brote muy corto, de entre 15 y 45 días. Hay que venderlas y consumirlas rápido.

Las mejores papas no se consumen, se seleccionan para usarlas como la semilla de futuras cosechas. «Al final lo que hacemos son clones», detalla Anatolio. Ese compromiso colectivo por conservar lo mejor del legado que vino de América ha hecho posible, generación tras generación, desde hace ya cuatro siglos, que las primeras papas de Europa sigan llegando a los platos.

La gran amenaza: la polilla guatemalteca

La gran amenaza para el cultivo de la papa es, desde el año 1999, una plaga introducida: la polilla guatemalteca o Tecia solanivora, un poderoso enemigo al que los agricultores tinerfeños se refieren simplemente como el bicho. Un insecto es capaz de acabar con más del 50% de las cosechas. Las medidas tomadas hasta ahora, como las trampas de feromonas para capturar a los machos, resultan insuficientes, así que los agricultores de Icod el Alto proponen acciones extraordinarias como empezar a tratar las papas bichadas en contenedores cerrados con dióxido de carbono o con la mezcla de gases Nitrozone (nitrógeno, ozono y oxígeno). Eso permitiría erradicar el bicho y reutilizar las papas dañadas como semillas.

  • LAS TRECE VARIEDADES CON MÁS ARRAIGO

    Azucena blanca

    Tienen forma redonda, de color marrón claro con manchas de color morado rojizo. Carne de color crema. Aguantan más de 4 meses almacenada.

    Azucena negra

    De forma redonda, piel áspera de color morado-rojizo, salpicada de marrón claro. Carne de color crema. Aguanta más de 4 meses sin brotar.

    Peluca blanca

    De color rosado y con manchas naranjas y marrones. Carne color crema. De forma oblonga y aplanada. Se grela a los 90 días.

    Peluca negra

    Características similares a la peluca blanca, pero con piel morada rojiza muy oscura y toque anaranjado. Las pelucas son las recomendadas para diabéticos.

    Peluca roja o rosada

    Características intermedias entre la peluca blanca y negra.

    Bonita negra

    De color morado rojizo muy oscuro, que al mojarse se vuelve brillante. Sin colores secundarios. Carne amarillo claro. Redonda o alargada. Dura hasta 4 meses almacenada.

    Bonita blanca

    Color marrón claro con pocas manchas moradas o rojizas claras. Textura de piel intermedia. Carne amarillo claro. Aguanta sin brotar hasta 4 meses.

    Bonita colorada

    Piel de color morado-rojizo claro, salpicada de anaranjado y marrón. Carne de color crema pálido. Redondas, aunque algunas son irregulares. Se confunde con la colorada de baga.

    Bonita ojo de perdiz

    De piel marrón claro con manchas moradas rojizas en los ojos. Su carne es amarillo claro. También se conoce como llagada.

    Colorada de baga

    De color morado-rojizo pálido, con manchas de color marrón y tacto suave. Redonda, con ligeras protuberancias. Carne color crema. Dura hasta 7 meses.

    Borralla o melonera

    Son oblongas y aplanadas, con carne amarilla, y piel marrón claro salpicada de rosado. Alto contenido en materia seca.

    Borralla roja

    Con las características de la borralla, pero con más presencia de tonos rosados.

    Terrenta

    Piel de color morado algo rojizo y carne de color amarillo claro.

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